GASTRONOMíA

Arte y diseño peruano sobre una mesa bien servida

Arte y diseño peruano sobre una mesa bien servida
Redacción ContentLab
Lunes 08 de julio del 2019

El arte está en nuestras mesas. Las nuevas tendencias y las exigencias de los propios comensales están llevando a empresarios gastronómicos y cocineros peruanos a presentar sus creaciones en vajillas que no solo sean funcionales, sino artísticas.

Y nuestros artistas han encontrado en el llamado arte utilitario un nuevo espacio para expresar su creatividad. Muchos son los nombres que ya trabajan en estos terrenos. Aquí te presentamos a algunos de los más renombrados. Tome asiento, sírvase y disfrute. 

MARCELO WONG Y SU NUEVA PASIÓN, EL DISEÑO
“Hoy me siento más diseñador que escultor”, nos dice Marcelo Wong, el reconocido escultor peruano famoso por sus gorditos angelicales que no solo están en muchas casas peruanas sino también en espacios públicos.

Marcelo es una persona multifacética, bastante activa y carismática, que no solo se dedica a proyectos artísticos sino incluso a espacios gastronómicos (es socio de Vao y Maketto, dos lugares con espíritu asiático) y hasta inmobiliarios.

Como diseñador, Wong es autor de los samurais de Hanzo, de las esculturas de Edo y de los llamativos e inmensos dragones rojos que decoran los salones de los chifas Madam Tusan, de la cadena Acurio Restaurantes.

Marcelo nos cuenta que los dueños del restaurante querían unos gatos como elemento decorativo, y él les propuso el dragón. Dio en el clavo, hoy uno no imagina un local de Madam Tusan sin un dragón.

Los varios locales que el chifa tiene en Santiago de Chile y Lima llevan los dragones de Marcelo, pero todos son distintos. “Si bien son piezas por encargo, tengo libertad creativa. Desde que me inicié en el arte siempre me preocupé por los aspectos logísticos de mis piezas: dónde iban a ser colocadas, qué tan maniobrables podían y debían ser, qué tan frágil o pesada debía ser su estructura, qué tan pequeñas o grandes debían ser, etcétera. Entonces, ahora que me dedico al diseño, todos estos elementos que hay que tener en cuenta con las piezas utilitarias me son fáciles de procesar. Y no siento que trabajar por encargo afecte mi creatividad”, asegura Wong.

A sus famosos gorditos y corazones y conejitos, les ha dado una vuelta de tuerca y hoy son percheros, jarrones, posalapiceros, posacuchillos, boles, fuentes de mesa y cocina, salseras, maceteros, floreros, vasos para coctelería (Carnaval Bar sirve cocteles en algunas piezas de Marcelo) y más. Sus posibilidades son infinitas.

Además, con su esposa, quien diseña joyas, está trabajando una línea a cuatro manos. “Nos falta tiempo, pues tenemos dos hijos pequeños, pero nos divertimos mucho creando juntos”, nos dice mientras su cabeza sigue marchando a mil porque “quizás no sea mala idea volver a diseñar vajilla, trabajar con cerámica, diseñar algunos muebles, afianzar mi búsqueda en el desarrollo industrial de mis creaciones...”. 

SANDRA BENAVIDES, ARTE CON RESPONSABILIDAD SOCIAL
Sandra Benavides estudió Diseño y Administración en Nueva York, y después de estar más de 10 años fuera de nuestro país decidió regresar y crear una propuesta original.

De inmediato se puso a trabajar en Sofistía, un emprendimiento de diseño de piezas de arte utilitario, que ella siente como un programa social, pues no solo le ha dado otra mirada a un material ancestral como la piedra de Huamanga, también conocida como alabastro andino, sino porque ha logrado que expertos artesanos ayacuchanos que habían dejado su oficio por falta de trabajo -y se habían convertido en vigilantes, choferes, vendedores ambulantes y más- regresen a su actividad artística, el trabajo con la piedra, donde son unos verdaderos maestros.

Sandra tenía algunas piezas en la cabeza, pero sus paradigmas y su forma de trabajar fueron adecuándose a su material. “Me di cuenta de que debía conocer y respetar a la piedra de Huamanga. Que esta es diversa, que no podía imponerme a ella, y que allí radicaba su valor. Hay varias calidades, y yo decidí trabajar con la mejor. Con mis colaboradores identificamos varias canteras, seleccionamos tres, y de sus más de 20 tonalidades de color, decidimos trabajar con alrededor de seis”, nos dice, mientras su emoción crece pues describe a la materia prima con la que expresa su creatividad.

“No trabajo con un molde. Por eso, todas mis piezas son únicas. Así, además, lo impone el material, pues el alabastro tiene vetas siempre diferentes. El que no haya dos piezas iguales es otro de sus valores agregados. La piedra de Huamanga es trabajada por muchos, pero nuestro plus, además del diseño, está en el fino acabado que le damos, en el muy cuidado lijado de todas nuestras piezas”, prosigue mientras aclara, eso sí, que no le gusta la perfección. “Lo único es imperfecto. Por eso, cuando decidí trabajar con cerámica dejé de lado a posibles proveedores, y me sumergí por mi cuenta en ese mundo, y hacer mis propias piezas, siempre distintas, siempre imperfectas”.

Hoy sus tablas de queso, tazas, salseras, boles, ensaladeras, azucareros y más se venden en diez tiendas locales y se lucen en espacios como Maido, el restaurante peruano que está dentro de los diez mejores del mundo. “Fue un verdadero halago que hayan elegido mis creaciones. No me pidieron desarrollar algo nuevo para ellos. Simplemente vieron mis piezas, les gustó y las compraron. Además, yo aprendí algo Misha y su equipo, el darles una doble funcionalidad, y por allí irá mi próxima colección”, nos dice Sandra mientras nos cuenta que ya está pensando en la exportación de su trabajo, que elabora dos colecciones al año, una en noviembre, para la campaña navideña, y otra en mayo, para el Día de la Madre, y enfatiza que su trabajo no solo es artístico sino social y cultural, pues interactúan dos culturas, la andina y la occidental.

UNA CENTRAL DE ESTÉTICA Y GASTRONOMÍA
Rafael Freyre no solo es arquitecto. Su creatividad traspasa ese espacio y se sumerge en terrenos contiguos, por ejemplo, el diseño. Cuando le proponen un proyecto busca que este sea integral, que no solo se centre en el edificio sino en su diseño interior, en todos sus elementos para que su concepto arquitectónico guarde coherencia, estética y funcionalidad. Eso hizo en Central, Kjolle, MAYO, MIL y un espacio gastronómico en Dubai, los proyectos que ha trabajado junto con Virgilio Martínez y Pía León.

Conoció a Martínez hace algunos años cuando le diseñó una vajilla con piedras del Rímac. La conexión fue inmediata. Para el nuevo Central, en Barranco, se planteó varios retos. El lugar debería representar la diversidad del Perú y, a la vez, ser único. Por eso, como materiales eligió la tierra de la costa, la piedra de la sierra y la madera y los vegetales de la Amazonía.

“Los espacios los conceptualizo desde los materiales. Primero es el material, luego el diseño, pero siempre respetando la idea, la estética y la funcionalidad. Para Central trajimos el adobe y la arcilla de Chilca; las piedras de Chosica, Junín y Ayacucho; la madera y las fibras vegetales de la Amazonía. La relación con el origen del material es fundamental”, nos explica Freyre sobre su cuidado trabajo.

“El trabajo que hace Virgilio en la gastronomía y su relación con los ingredientes o insumos lo trasladamos a la arquitectura y nuestro vínculo con materiales como la piedra y la madera. La filosofía es la misma. Por eso hay coherencia en el proyecto. Central es más mineral; Kjolle, más vegetal”, prosigue Freyre mientras nos explica que eso se ve también en la fachada del restaurante, que está recubierta de barro costeño, o los paneles móviles y pivotantes del edificio principal que son metálicos en su interior (es decir, andinos por el origen de los minerales que lo integran), pero, por uno de sus lados, están cubiertos de barro y, por el otro, de madera y fibras amazónicas. Otra vez, una metáfora del Perú y su diversidad.

Este estilo arquitectónico también se reconoce en MIL, el restaurante cusqueño de Martínez, ubicado a pocos metros de Moray, el laboratorio agrícola Inca. Construidos los edificios, había que diseñar los muebles y la vajilla… y allí el talento de Freyre encontró otro vehículo de expresión.

Todas estas creatividades juntas, la de un arquitecto y dos cocineros, su delicado gusto y fina estética se aprecia en mesas, sillas, muebles, baños, manijas, puertas, platos, vasos y demás piezas que constituyen parte esencial del paisaje “Central”. No sea escéptico, comer puede ser una verdadera obra de arte.

FOTOS: Marcelo Wong / Sandra Benavides / Eduardo Hirose

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