ARTE Y DISEñO

Hotel B: un espacio boutique de arte y lujo en Barranco

Hotel B: un espacio boutique de arte y lujo en Barranco
Redacción ContentLab
Lunes 17 de junio del 2019

Lima había perdido sus encantos. La crisis económica, la violencia y el caos se habían apoderado de ella. Aquella Ciudad Jardín de la que hablaban nuestros padres y abuelos ya no existía ante nuestros ojos.

Sin embargo, con la llegada del nuevo siglo, el retorno de la democracia, la estabilidad económica y, por qué no decirlo, también por el boom gastronómico, Lima recuperó sus bríos y hoy es una ciudad que bien vale la pena conocer, caminar, admirar.

Tenemos museos bien montados, galerías con punche, una actividad teatral pujante, librerías boutique, restaurantes ranqueados entre los mejores del mundo y una oferta hotelera cada vez más grande. Entre toda esta oferta destaca, con inmensa luz propia, el Hotel B.

UNA JOYA EN BARRANCO
En el cruce de Saénz Peña y San Martín, en el ingreso a Barranco, se ubica una hermosa casona construida en 1914, en plena Belle Epoque, por el arquitecto francés Claude Sahut, también responsable de remodelar algunos ambientes de Palacio de Gobierno, las principales avenidas de Lima, parques, teatros y otros edificios públicos.

La mansión fue encargada por la familia García Bedoya, quien la ocupó hasta los años 50. Luego, pasó a manos de la familia Báscones, que la usó como residencia hasta el año 2010. Protegido por el Ministerio de Cultura, el afrancesado edificio entró en remodelación en 2011 con el fin de instalar allí un hotel boutique. El Hotel B fue inaugurado en 2013 manteniendo la arquitectura y espíritu se la creación original de Sahut… pero con varios atractivos más.

En su concepción trabajaron personalidades talentosas como el arquitecto David Mutal, los diseñadores Jordi Puig y Sandra Masías, el restaurantero Óscar Velarde, la galerista Lucía de la Puente y varios coleccionistas y artistas.

Originalmente, el hotel solo contaba con 20 habitaciones. Se le han agregado tres más y se trabaja en una ampliación que lo llevaría a tener 30 suites. Sus capitales son peruanos y tiene una alianza con la marca Relais & Châteaux, que acoge a los hoteles más lujosos del mundo.

La fachada es un sí misma una obra de arte, pero al ingresar al edificio de inmediato llaman la atención sus altísimos techos, su sutil iluminación y las muchas piezas de arte -alrededor de 300- que cuelgan en sus paredes y ocupan lobbys, pasadizos, terrazas, restaurante, comedores, bar, habitaciones y hasta los baños.

Las obras pertenecen, en su mayoría, a artistas peruanos modernos y contemporáneos, y nos dan una idea del arte local de nuestros días, pues allí aparecen figuras emblemáticas como José Tola, Fernando de Szyszlo, Carlos Runcie Tanaka, Fernando Bryce, Julia Navarrete, Julia Codesido, Aldo Chaparro, Miguel Aguirre, Jorge Cabieses, Alfredo Márquez, Mariella Agois, Christian Bendayán, Alice Wagner, Haroldo Higa, Nani Cárdenas, Billy Hare, Moiko Yaker, Joaquín Liébana, José Carlos Martinat, Emilio Rodríguez Larraín, Edi Hirose, Abel Bentín, Coco Bedoya, Elliot Túpac, Cherman, y muchos más. También hay obra de artistas latinoamericanos como José Bedia (Cuba), Lucia Koch (Brasil), Pedro Tyler (Uruguay), Víctor Rodríguez (México), entre otros.

Muchas de las obras están a la venta y algunas formaron parte de la colección de la Galería Lucía de la Puente, que ocupaba el edificio contiguo. Es más, el hotel está creciendo hacia la antigua galería: allí ya se ha instalado un espacio para eventos y se construirán nuevas habitaciones. Al recorrer esos espacios nos entra mucha nostalgia pues donde hoy se sirven copas y bocaditos, antes se colgaban piezas de Llona y Tola, Sandra Gamarra y Alice Wagner. Son nuevos tiempos, no solo para la hostelería, también para el arte.

Al lado del lobby hay una biblioteca y sala de lectura, donde hay una selección cuidada de libros de arte peruano y universal, algunos textos literarios, mapas antiguos y más.

Su terraza es espléndida en verano, pues desde allí es posible ver el mar y disfrutar de una tarde soleada refrescados por la brisa marina y alguna bebida.

El restaurante del B tiene como asesor a ese inmenso sibarita llamado Óscar Velarde, propietario de La Gloria, quien sostiene su propuesta en el talento del chef Franco Hurtado. Allí, básicamente se sirve cocina peruana, pues es lo que exigen no solo los huéspedes extranjeros sino los visitantes locales, que son muchos pues el B está abierto a todos.

De la mano de nuestra cocina y su despensa, se sirven causas deconstruidas de trucha con rocoto, arroces melosos con lechuga de mar y charelas, tiernos cochinillos con pera y quesos andinos y más. Son míticos sus desayunos de los fines de semana, y en la barra destaca hoy Axel Romero, quien estuvo antes en Astrid & Gastón, cuya propuesta va por utilizar todos los destilados y frutas y botánicos -costeños, marinos, andinos y amazónicos- que nuestro país posee.

Como vemos, en el Hotel B hay concepto y lujo, creatividad y coherencia. Atrévase a conocerlo y disfrutarlo. Es uno de los mejores rostros de la Lima de nuestros días.

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