ARTE Y DISEñO

[FOTOS] Nani Cárdenas: artista plástica cuyas piezas son tejidas

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Redacción ContentLab
Lunes 03 de junio del 2019

“Nadie es totalmente auténtico, nadie es verdaderamente libre, pero mi trabajo se sustenta en estos dos principios”, nos dice Nani Cárdenas. Estamos en su taller miraflorino y en este caos armonioso destacan la afilada elegancia de la artista, algunas de sus esculturas tejidas y materiales salpicados aquí y allá con los que construirá sus nuevas piezas.

Queremos hacer un viaje al pasado, que nos guie hacia esos años iniciáticos donde se formó como artista. “Siempre tuve la pulsión del arte, pero a los 16 años debía decidir qué hacer. Mi padre me sugirió que fuese arquitecta porque, como era buena en matemáticas, construía objetos con las manos y dibujaba bien, qué mejor carrera que la Arquitectura. Yo, en cambio, creía que debía ser psicóloga pues me encantaba leer y conocer a las personas. Mi mejor amiga, sin embargo, me veía como artista pues admiraba el talento que yo tenía al dibujar. Me llevó al Taller de Cristina Gálvez. Al ver a los modelos posando, sentí que debía pertenecer a ese mundo. Toda duda vocacional desapareció. Ingresé a Arte, a la Católica”.

REBELDE, ARTISTA
La Facultad de Arte de la PUCP era dirigida por Adolfo Winternitz y Anna Maccagno, verdaderos maestros de muchos artistas, quienes pronto admiraron el posibilidades de Nani. “La vocación y el talento son relativos, pero sentir que estás hecho para algo es lo máximo. Al inicio, todo me fue fácil. Era dócil, absorbía todo como una esponja, todo me fascinaba, era pura adrenalina”.

Sin embargo, pronto aparecieron los cuestionamientos, no tanto a su vocación como sí al sistema. “Me parecía absurdo dedicar todo mi día al arte y no tener tiempo para leer, para hacer danza. Me sentía en un retiro religioso. Me puse muy rebelde; mis maestros sentían que me estaba desperdiciando, pero persistí en mi rebeldía”.

Esta actitud cuestionadora la ayudó a avanzar como creadora, a descubrir nuevas posibilidades artísticas, nuevos materiales. “Estudié Escultura, pero me interesa la plástica en general, el dibujo, el diseño. Si las posibilidades son tantas, por qué optar por la piedra, la madera y el metal; por qué no ser colores, por qué no ser sutileza”.

“Empecé a trabajar con cera de abeja, con resina, con alambres, con el color; amplié mi vocabulario artístico, mis técnicas y recursos. Mi dibujo se convirtió en tejido, el tejido se hizo escultura, y la escultura tejida se transformó en dibujo. Sí, cuestioné la escultura, pero, sobre todo, empecé a dudar. Esas dudas me acompañan hasta hoy”. Así explica Cárdenas el proceso que dio origen a sus famosas esculturas tejidas, piezas que le han dado un estilo reconocible, un alfabeto legible y prestigio.

Acostumbrados estamos a no buscar la belleza en el arte contemporáneo, a prescindir de la estética y priorizar las ideas. Su trabajo, sin dejar de retar a nuestra inteligencia, tiene una impresionante carga estética, construida con un lenguaje propio, casi como huellas dactilares, como un sello de identidad. “Yo necesito ser libre para crear, no me gusta encasillarme. Si digo que mi obra es abstracta o figurativa o política, las posibilidades creativas se agotan. Al final, ¿en qué te convertiste? En una invención, en alguien atrapado por las etiquetas”.

Sus preocupaciones literarias se mantienen intactas, al punto que el año pasado se inspiró, junto con Elisenda Estrems, en el trabajo del inmenso poeta Jorge Eduardo Eielson para montar “Mitad ceniza, mitad latido”, exposición que en los próximos meses se exhibirá en Italia. “No me siento única, pero si auténtica. Ser auténtico significa saber mirarse a sí mismo y crear en libertad”, agrega mientras nos habla de sus intenciones de liberarse de su individualidad artística: “Si quieres hacer algo grande no vale la pena dárselas de héroe e intentar hacer algo solo, no hay que tener miedo de dialogar con otro artista”.

COLECTIVO ANDAMIO
Hoy, junto con Micaela Aljovín, ha creado el colectivo “Andamio”, cuyas primeras piezas se acaban de exhibir en la galería Yvonne Sanguinetti. Con Aljovín intervienen fotografías, hacen objetos escultóricos, cuestionan los soportes tradicionales. “Veo al contacto con los materiales como algo musical. Mis manos son la prolongación de mis ideas. No me siento como una artista haciendo una escultura, sino como un músico tocando un instrumento. No solo es ejecución, es composición, creación”, sentencia, aguda, mientras dibuja unas líneas con sus manos, esas manos que transforman también el vacío en arte.

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