ARTE Y DISEñO

Dédalo, una tienda que hace del arte una experiencia cotidiana

Dédalo, una tienda que hace del arte una experiencia cotidiana
Redacción ContentLab
Lunes 09 de septiembre del 2019

La de Dédalo es una historia de éxito. Del éxito del empeño, la sensibilidad y el buen gusto; de la perseverancia, de la lucha cotidiana y los objetivos claros. Es también el éxito de una vocación, de un profundo amor por la cultura y por el Perú.

María Elena Fernández y Eduardo Lores abrieron Dédalo hace 27 años. Acababan de regresar de Florencia donde vivieron, tuvieron hijos, se formaron y, sobre todo, se ilustraron.

Ella estudió Literatura, Historia del Arte, Bibliotecología, y él es filósofo. Es decir, su amor por las humanidades, la cultura y las bellas artes está en su espíritu, y en los grados académicos alcanzados. Pero, más allá de eso, lo importante para su futuro fue su pasión y su espíritu emprendedor.

Comenzaron en una pequeña casa miraflorina, donde decidieron darle espacio a algunos de sus amigos joyeros y artistas, quienes hacían unas joyas distintas, alejadas de lo masivo, piezas únicas que expresaban la creatividad de sus autores.

La joyería fue un éxito. “El lugar les quedó chico”, nos dice Olga Revilla, actual gerenta de Dédalo y mano derecha de María Elena. Después se mudaron a otro local, esta vez ya en Barranco, en la calle Pérez Roca, donde la oferta se amplió: ya no solo vendían joyas sino mucho arte utilitario, piezas de cerámica, tejidos, madera, “alentando la creación de piezas innovadoras, únicas y un acabado impecable”, prosigue Revilla.

A veces, los artistas ven con cierto reparo la creación de piezas utilitarias: un plato, un marco, un tejido, un juguete. Dédalo, con su propuesta sólida, logró vencer la resistencia de algunos. Por ejemplo, Carlos Runcie Tanaka, uno de nuestros artistas más dotados, elabora piezas irrepetibles de cerámica -platos, tazas, bandejas y más- que se venden desde siempre en Dédalo, y que pueden usarse a diario. El arte de la cotidianidad.

LA CASA DE TODOS
De Pérez Roca pasaron a su actual local ubicado en Sáenz Peña, la hermosa calle barranquina llena de antiguas casas afrancesadas de principios del siglo XX, que nos lleva a su no menos bello malecón.

En Dédalo, más que una tienda, una galería de arte, hay secciones dedicadas a las joyas, a la cerámica, a los textiles, a los juguetes, a los libros, al arte peruano contemporáneo gracias a su sala de exposiciones temporales y, cómo no, a la vida sana gracias a su cafetería especializada en platillos saludables, muchos veganos.

Su joyería, como siempre, impresiona. Allí es posible encontrar piezas de Bili Sánchez, poeta, joyero y actor, quien a través de su proyecto Peca elabora joyas que rememoran las viejas rejas de las casonas limeñas.

El arqueólogo Walter Alva, descubridor del Señor de Sipán, sorprende con sus piezas que le rinden tributo a la cultura Moche, que muchas veces son réplicas, en plata, de las encontradas en la tumba del gobernante mochica.

También hay creaciones de Nanni Córdova, Nélida Cachi, Katalina Arango, Claudia Lira, Flavia Meléndez, Regina Flores, Virginia Ugarte, en objetos como aretes, pulseras, gargantillas, collares y muchos más. En casi todas las colecciones prima el toque ético y, como material, la plata.

En la sección de cerámica, además de Runcie Tanaka, también impresiona el buen gusto de las creaciones de Grimanesa Neuhaus y algunas piezas de Fito Espinoza.

Muy importante es también su sección de moda, con creaciones de Meche Correa, diseñadora que le da una mirada contemporánea a nuestra colorida multiculturalidad.

También hay piezas de la diseñadora Chiara Macchiavello a través de su marca Escudo, quien trabaja los bordados y la alpaca con mucho color, elegancia y atrevimiento.

UN LUGAR DIVERTIDO
Dédalo es un espacio lúdico, no solo por su espíritu sino porque allí es posible encontrar varios de los juguetes más bonitos de la ciudad. Juguetes que alegrarán la vida de un niño, pero también la de los adultos en animalescas creaciones como las de Flavio Fernandini. También hay carritos de madera, muñecas de trapo, rompecabezas, triciclos y más.

En su sección de libros es posible encontrar, además de textos de arte, cine y turismo, una nutrida selección de publicaciones gastronómicas, literatura peruana y bellísimos ejemplares de libros infantiles.

En arte, entre otros hay obra en papel de Fito Espinoza, Sheila Alvarado y el historietista e ilustrador Andrés Edery, que nos alegra la vida, aviva el ingenio y alienta nuestro espíritu crítico con sus caricaturas.

Revilla nos dice que también promueven el trabajo de comunidades indígenas, andinas y selváticas. Primero las capacitan, ya sea a través de ONG’s o instituciones estatales, y luego ofrecen sus productos en la galería, logrando así no solo la valoración artística de su trabajo, sino un precio justo que va directamente hacia sus creadores.

Por la tarde no es una mala idea sentarse en una de las mesas de su amplio patio, llevar un libro, pedir un café y disfrutar de la brisa marina y, quizás, de la música de alguna banda que toque en vivo; o ser testigo de la presentación de un libro, de un conversatorio, de la inauguración de una exposición.

Dédalo se ha convertido en un espacio que nos demuestra que, a través del arte y la cultura, la vida es siempre mejor.

Contenido patrocinado por: Lexus Logo