ARTE Y DISEñO

Abel Bentín: artista plástico lleva el arte sobre la mesa

Abel Bentín: artista plástico lleva el arte sobre la mesa
Redacción ContentLab
Lunes 27 de mayo del 2019

Con el trabajo de Abel Bentín, comer y beber se han convertido en una obra de arte. Bentín no es cocinero -aunque sí barman- y no está transformando la cocina peruana desde los sabores, fuegos y sartenes, sino desde su puesta en escena, desde su presentación.

Sucede que espacios como el restaurante Astrid & Gastón y el bar Carnaval, ambos entre los más exclusivos del mundo, presentan sus platos y cocteles en las creaciones artísticas de Bentín.

La obra de Bentín es amplia y diversa, y esta arista dedicada al arte utilitario le está dando fama y prestigio, al punto que varios restaurantes y bares de otros lugares del mundo han decidido incorporar sus creaciones a su menaje. Pero antes de llegar a sus sirenas, cobras y peces donde se sirven sabrosos platos y creativos cocteles, Abel desarrolló una carrera artística donde el graffiti, el pop, el surrealismo y el expresionismo están presentes.

UNO Y MIL ESTILOS
Perteneciente a una familia donde la madre era diseñadora, uno de sus hermanos músico y otro amante del dibujo, podríamos imaginar que la opción por el arte estaba cantada para Abel. Aunque le encantaba dibujar, por consejo familiar, que le pedía “pensar en algo más formal”, decidió analizar su vocación “aunque no había duda de que me iba a dedicar al arte”, nos dice mientras recuerda la incertidumbre de aquellos días.

Abel estudió Pintura en la Pontifica Universidad Católica del Perú, pero lo que lo emocionaba era la ilustración, el diseño de personajes. Poco a poco sus intereses fueron cambiando hasta llegar a lo que él llama “surrealismo pop”, una mirada lúdica a su entorno, pero teniendo siempre presente al arte clásico.

A sus 35 años, Abel posee un espíritu inquieto y prolífico. Si bien estudió pintura, pronto vio posibilidades en la escultura, en la cerámica, en el diseño, en el uso de materiales diversos. “Desarrollo varios proyectos en paralelo. Prefiero la espontaneidad a un objeto muy elaborado. Por eso, al inicio trabajé con resina y fibra de vidrio, ideales para producir en serie. Pero eso ha ido mutando al punto que hoy solo trabajo piezas únicas”.

Su paleta de colores se ha ido simplificando: el negro se ha impuesto, por ejemplo, en sus “caras felices gigantes”, piezas escultóricas con notorios guiños al grafiti, a la ilustración y al arte pop. “Me gusta la ambigüedad del color negro, las sensaciones ‘bold’ que transmite. Mi ideal es llegar a la simpleza, y para ello debo despojarme del color. Del surrealismo pop he mutado a un pop expresionista”, nos dice tratando de explicar su estilo, un estilo que tiene un trazo visible, una estética ya reconocible.

“Me preocupo mucho por la estética. En el arte contemporáneo, esta pasa a un segundo plano, quizás no sea lo más importante, pero admito que rige mi trabajo”, nos dice mientras recuerda que en su casa estuvo rodeado de mucho arte precolombino, colonial y clásico; de pinturas de la escuela cuzqueña, de objetos art noveau y piezas art decó. “Toda esta mezcla está en mí. Los limeños somos eso, una mezcla súper rara de mil culturas. Por eso, soy contradictorio. Tengo un conflicto de identidad, que en mi trabajo se convierte en diversidad, en complejidad, en creatividad. No me paraliza, al contrario, me motiva”.

Bentín no quiere ser encasillado. “Mi trabajo no solo es de taller, hago lo que me provoca, no quiero privarme de nada. La primera vez que me llamaron de Astrid & Gastón para diseñarles sus platos me sentí increíble. Esa experiencia me ha abierto las puertas de otros espacios fuera del país”.

Multifacético y creativo, cuando le preguntamos qué faceta desarrolla en esas piezas nos dice: “Es un trabajo divertido. Son una relectura, quizás banalizada, deformada, del arte clásico con el que crecí”.

Liberado de contratos con galerías locales, hoy trabaja de manera independiente, pero con algunas representaciones en el extranjero. “Básicamente vendo fuera. He optado por la autogestión. Las redes sociales han logrado que el público interactúe directamente con el artista”. Un artista como Bentín, cuyo trabajo, aunque elaborado y complejo, resulta cercano y posible, sofisticado y elegante, como un plato de Astrid & Gastón o un coctel de Carnaval.

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