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“El fútbol te enseña a ser un buen líder, sin agendas propias”

“El fútbol te enseña a ser un buen líder, sin agendas propias”
Redacción ContentLab
Lunes 05 de agosto del 2019

Como gerente general adjunto de Client Solutions, Gonzalo Camargo es responsable de la estrategia digital del BBVA en Perú, así como de la gestión comercial de los productos, tanto para personas naturales como jurídicas. Aunque uno no lo crea al conversar con él, Gonzalo es un veterano de la Copa Perú. Su equipo, el Atlético Universitario, en su natal Arequipa, escaló posiciones hasta quedarse a un paso de la liga profesional. Si bien le hubiera gustado hacer carrera en este deporte, hoy reconoce que no era tan habilidoso. Lo suyo, destaca, era marcar con garra.

¿Qué cosas aprendió en ese periodo que aún lo acompañan hoy? A decir de este importante ejecutivo de uno de los bancos más importantes del país, el principal valor que rescata es el trabajo colaborativo y en equipo, donde importan más los colaboradores que los gerentes, pues son ellos quienes meten los goles en el día a día. Por esa razón, si bien le costó en un inicio desprenderse de su oficina de 40 metros cuadrados, en un piso en el que había que sacar cita para hablar con él, destaca ahora la transformación cultural de su organización.

¿Es verdad que fue un jugador de fútbol a nivel profesional?
Llegué a jugar en Copa Perú.

Bueno, la Copa Perú es importante, ¿no?
Soy arequipeño y allá, aparte de jugar en el colegio, jugábamos en un equipo que se llama o se llamaba Atlético Universidad. Nosotros comenzamos en 4ta división, un equipo de 15 o 16 años. Y llegamos a primera división de la Copa Perú, que era la categoría que está por debajo de la liga profesional. Cuando pasó eso vine a Lima, de hecho, ya estaba haciendo la pre temporada para poder jugar ese año en la Copa Perú. Pero cuando empezó el campeonato coincidió con mi postulación a la Universidad Católica y ya dejé el fútbol de lado a nivel competitivo. Me dediqué más a estudiar y, de vez en cuando, juego "pichanguitas".

¿Qué posición era en el equipo de fútbol?
Yo jugaba bien, era marcador, el Nº 6, volante central. No era muy habilidoso, la verdad, pero marcaba como nadie. Era, como dicen ahora, un perro en la marca; marcaba y marcaba y tenía mucha garra, corría mucho. Me hubiera gustado ser futbolista, pero creo que no hubiera llegado muy lejos. Era un volante de contención que, probablemente, hubiera llegado a un equipo profesional.

Cuando el BBVA decidió apoyar el trabajo de la Federación Peruana de Fútbol, en el momento en el que Perú era el penúltimo de la tabla, y ninguna marca quería asociarse a lo que entonces representaban los futbolistas, ¿pesó su corazón de pelotero para apoyar esa cruzada?
Era una jugada arriesgada. El jugador de fútbol peruano estaba asociado a cosas negativas. Trabajamos la idea con Carlos Reyes, que en ese momento era Gerente de Imagen, y lo que veíamos nosotros eran dos cosas: a pesar de que los resultados eran muy malos, la gente se congregaba cuando se trataba de la selección. Segundo, veíamos con muy buenos ojos los cambios en la Federación. Además, mi hijo juega fútbol, tiene 9 años y juega muy bien. Y yo veía en los padres que iban al campeonato a ver a sus hijos la pasión. No iba el papá y la mamá, iban tíos, abuelas y primos. Nos interesó la idea de rescatar esos valores.

¿Cómo es como espectador cuando ve un partido de la selección?
He cambiado mucho como espectador (risas). Yo he sido de la generación frustrada, desde el 86 hasta el 2014. Yo gritaba, renegaba. Una vez, incluso, quemé una camiseta de la selección. Yo me ilusionaba cada vez que jugaba la selección, iba con ilusión, y cuando veía que nos ganaban aquí en Lima equipos que no eran mejores que nosotros, porque los jugadores habían salido la noche anterior, me decía “ellos no merecen mi afición, mi cariño ni mi hinchaje”. Pero ahora me he moderado, porque mi hijo juega fútbol y a veces las cosas no salen como él quiere, y debo estar ahí para animarlo y tranquilizarlo.

¿Qué rescata de este deporte de cara a los negocios?
Mucho. En el trabajo tienes un objetivo, un equipo y tienes competidores, que a veces son formidables. Yo jugaba de defensa, eso significaba que tenía que confiar en el volante, en el delantero. Y, cuando uno pierde la marca, tiene que estar atento para recuperarla. Eso se logra con trabajo en equipo. El fútbol nos enseña a ser buenos líderes, trabajar en función del colectivo, sin agendas propias sino con generosidad.

Hablando de trabajar en equipo, la tendencia en el espacio de trabajo es ahora tener oficinas colaborativas, donde uno se sienta si hay un sitio libre. ¿Cómo fue la transición?
Yo tenía una oficina de casi 40 m² con una sala de reuniones propia, secretaria en la puerta. Todos los gerentes adjuntos estábamos en un piso donde había una persona de seguridad que cuidaba el acceso del piso, que estaba restringido incluso para los propios colaboradores. Si alguien quería hablar con nosotros tenía que sacar previa cita. Pero eso ha cambiado. Es como en el fútbol. El profesor Gareca puede diseñar la mejor estrategia, pero en la cancha el que decide es el jugador, si la va a parar con la pierna, el pecho o la cabeza. Hoy, así como en este deporte, tenemos que estar más del lado del que mete los goles, que es el colaborador. Trabajar en función del equipo y no del gerente nos hace ser más ágiles. Porque en el modelo jerárquico debes esperar a que el gerente decida. Pero, mientras ocurre, te meten goles. Esa burocracia ya no existe.

¿Le costó adaptarse?
Fue un cambio cultural bien grande. Hubo gente que tenía gente a su cargo y de pronto se quedó sin gente. Pensaban que los queríamos aburrir para botarlos. Pero no era así. Hoy estoy en busca de lo rol como líder en este nuevo contexto. Ahora, el modelo más ágil para tener organizaciones innovadoras es en el que los equipos toman las decisiones, no los gerentes.

¿Cómo será el futuro del empleo?
No creo que sea catastrófico como algunos creen. Se están creando nuevos puestos de trabajo. Hay especialidades nuevas que se están generando a partir del uso de la tecnología. En el caso de la banca, la penetración de la bancarización es lenta.Y, los que están bancarizados, no usan las tecnologías digitales. Los bancos paran llenos. Creo que el futuro será de aquel banco capaz de transformar a sus ejecutivos en asesores, y que el cliente sienta que lo está atendiendo un socio de sus finanzas.

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