Hay, con respecto a la economía mundial, tres grandes discursos rivales sobre el crecimiento, y cada uno tiene consecuencias muy diferentes para los mercados, las políticas y la política. Pese a parecer argumentos que a corto plazo se excluyen mutuamente, podrían terminar siendo congruentes con el tiempo. Por otra parte, combinar los tres podría brindar una hoja de ruta para lo que probablemente se avecine.

Según el primer discurso, un número creciente de economistas que venían resistiéndose a datos cada vez más convincentes ha ido aceptando la idea de un período todavía más prolongado de crecimiento bajo, o de lo que ha dado en llamarse "nueva normalidad", "nueva mediocridad" o "estancamiento secular". Impulsado por economías avanzadas que no logran sistemáticamente alcanzar velocidad de escape, el crecimiento mundial se mantiene bajo, lo cual también ejerce una presión descendente sobre el potencial futuro. Mientras tanto, los bancos centrales activos, utilizando un menú cada vez mayor de políticas no convencionales, continúan reprimiendo con éxito la volatilidad financiera. El resultado es un equilibrio de bajo nivel que es estable y persistente, pero decepcionante.

La segunda visión tiene que ver con interrogantes acerca de la continuidad de la eficacia de los bancos centrales. Señalando que una excesiva dependencia prolongada de la política monetaria no convencional ya tomó prestado del futuro un nivel considerable de retornos financieros y de la producción, este discurso plantea dudas respecto de la sostenibilidad a largo plazo del crecimiento bajo pero estable. Conforme a esta situación, el crecimiento se vuelve cada vez menos estable y la volatilidad financiera más pronunciada.

El resultado final ya sea un crecimiento alto sostenido o un crecimiento bajo con recesiones periódicas depende de que los bancos centrales sean o no capaces de trasladar el peso de apuntalar la economía a un conjunto más integral de respuestas políticas de parte de las ramas legislativa y ejecutiva del gobierno.

La tercera visión deriva de grandes preocupaciones por el crecimiento, como las de enero y febrero pasado, y habrá momentos de relativa calma y hasta complacencia, como en abril. Estas fluctuaciones, que traerán aparejados rebasamientos en los mercados financieros, serán impulsadas principalmente por el sentimiento cambiante en cuanto a la capacidad de China de llevar su economía a un aterrizaje suave, y la evidencia de que Estados Unidos continúa su proceso de reparación.

Sin una respuesta oportuna y más holística de la política, es probable que estas fluctuaciones se tornen más frecuentes y más pronunciadas, aumentando la inestabilidad financiera y los bucles de retroalimentación adversos y, con ello, los riesgos de accidentes de mercado y errores de política.

A simple vista, estos discursos parecen ser contradictorios, sobre todo el primero y el segundo. No tienen por qué serlo, empero, si se desarrollan de una manera más secuencial que simultánea.

A más corto plazo, el equilibrio del crecimiento bajo probablemente se mantenga, y los bancos centrales sigan teniendo todavía cierta capacidad para reprimir la volatilidad financiera. Pero como detallé en mi reciente libro "The Only Game in Town: Central Banks, Instability and Avoiding the Next Collapse", este estado de cosas sufre cada vez más presiones; y esto se verá amplificado en el futuro.

Los problemas más visibles a corto plazo tienen que ver con las consecuencias políticas y de gobernanza del bajo crecimiento, como el avance de los partidos contrarios al sistema a ambos lados del Atlántico y cada vez más en las economías emergentes, así como también las consecuencias involuntarias adversas y los daños colaterales de las tasas de interés negativas.

Menos visible, pero al menos igualmente instrumental en la erosión de la estabilidad económica y financiera, es el impacto más profundo de un prolongado crecimiento bajo y no inclusivo. Realidades como el alarmante desempleo juvenil en muchas partes de Europa y los grandes aumentos generalizados de la triple desigualdad (ingreso, riqueza y oportunidades) están acentuando una pérdida de confianza ya notable en el régimen establecido, tanto público como privado. Sumado esto a la transformación y la migración del riesgo financiero, incluida la confianza excesiva de los inversores en la profundidad de la liquidez del mercado, estas condiciones están haciendo que el sistema global sea menos estable y las políticas económicas no convencionales menos eficaces. Si agregamos la inadecuada coordinación mundial de las políticas, existen serias dudas de que el equilibrio del crecimiento, bajo pero estable, se pueda mantener muchos años más.

En lugar de enmarcar estas hipótesis como discursos rivales, sería más apropiado y perspicaz combinar las tres en una hoja de ruta para el futuro de la economía y los mercados mundiales.

Excluyendo un error grande de política y/o un gran accidente de mercado, el futuro inmediato promete más de lo mismo: un crecimiento mundial bajo y relativamente estable con los bancos centrales empeñados en tratar de reprimir la volatilidad financiera. Pero dado que los mercados son cada vez más sensibles al grado de las tensiones y las contradicciones subyacentes, es probable que la inestabilidad financiera se acentúe, lo cual podría complicar la situación incluso en las economías mejor manejadas. En esas condiciones, el crecimiento bajo pero estable y la calma financiera resultarían más difíciles de mantener, y la confianza del mercado fluctuaría en una banda cada vez más ancha, con oscilaciones más frecuentes y más violentas.

En dicho entorno, las políticas de represión de la volatilidad de los bancos centrales se verían cada vez más presionadas, y algunas podrían ver que su participación se vuelve ineficaz y quizás hasta contraproducente. Todo lo cual llevaría la economía mundial a una bifurcación dentro de los 3 próximos años: el camino actual del crecimiento bajo y estable, combinado con la volatilidad financiera reprimida acabaría dejando una opción de dos caminos divergentes por delante. Qué camino se siga más crecimiento inclusivo y estabilidad financiera o recesión e inestabilidad financiera dependerá de que los políticos permitan una buena transición de la excesiva dependencia de los bancos centrales a una postura más integral de la política económica.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Autor: Mohamed El-Erian