Roma (Reuters).- El plan de reforma laboral del primer ministro de Italia, Mario Monti, una parte crucial de sus esfuerzos por terminar con el estancamiento económico, obtuvo el jueves la aprobación del Senado luego de haber sido diluido como resultado de fuertes críticas de sindicatos y partidos políticos.

La reforma es considerada como una prueba para la capacidad de Monti, que dirige un Gobierno tecnócrata no electo, para dar nuevo ímpetu a la economía que menos ha crecido en la Unión Europea en la última década.

Portugal aprobó una reforma similar en enero y España lo hizo en febrero, como parte de una ola de nuevas leyes en las naciones del sur de la zona euro que intentan hacer a sus economías más competitivas a fin de que puedan expandirse en tiempos de crisis.

El Senado aprobó por 231 votos a favor y 33 en contra el paquete de Monti, que ahora pasará a la Cámara de Diputados donde debe recibir luz verde sin cambios para convertirse en ley.

La reforma busca facilitar el despido de los trabajadores cuando empeoran las condiciones para las empresas y presionar a los empleadores a ofrecer más puestos permanentes en lugar de los contratos inseguros y temporales que tienen buena parte de los italianos.

Las nuevas reglas han sido severamente criticadas por sindicatos y provocaron desacuerdos dentro de la coalición de izquierda que apoya a Monti en el Parlamento.

Los sindicatos y el Partido Democrático lograron modificaciones que dan a las cortes autoridad para ordenar a las compañías que restituyan a los empleados bajo algunas circunstancias, mientras que el partido Pueblo de la Libertad y grupos de presión a favor de empresarios suavizaron algunos de los límites establecidos para contratos a tiempo parcial.

Críticos argumentan que el rígido sistema laboral de cambiará poco con la reforma, pero con elecciones nacionales pendientes para el año próximo los políticos están cada vez menos dispuestos a apoyar leyes potencialmente impopulares.

Monti, que llegó al poder para evitar un cese de pagos en el país, aprobó una serie de alzas de impuestos y recortes de gastos para reducir la carga fiscal de Italia, y lanzó una vital reforma al sistema de pensiones que fue largamente elogiada por economistas.

Pero su popularidad ha caído dramáticamente mientras las medidas de austeridad, que incluyen 24,000 millones de euros ennuevos impuestos sólo este año, comienzan a pesar en presupuestos de los italianos.