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La reconstrucción y los 'baches' que aún debe superar tras un año del Niño Costero

Omar Narrea de la UP y Jorge Abad de la UTEC explican los mecanismos y prioridades que deben seguir las autoridades para cumplir los plazos de la reconstrucción.

Río Huaura

Río Huaura

Obras de contención en el río Huaura. (Foto: RCC)

Andina

Ha pasado un año desde que la naturaleza desató su furia contra algunas de las regiones del Perú, principalmente del norte, a través del fenómeno del Niño Costero y la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (RCC) sigue adelante su labor para apoyar a los damnificados de los desastres naturales.

La RCC fue creada en el marco de la Ley N° 30556, publicada el 25 de abril del 2017, como una entidad adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) de carácter excepcional y temporal. Tiene un plazo de tres años para ejecutar el Plan de Reconstrucción con Cambios, aunque podría ser prorrogado por un año más.

Según Omar Narrea, profesor de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico, las obras de reconstrucción tomarán entre dos y tres años si mantienen el ritmo actual, por lo que “poner una meta de terminar en el 2020 es más realista”.

“Para 2020 sí es posible que se entreguen muchas obras ya ejecutadas. La razón de que no se ejecuten algunas es el siguiente: el presupuesto que están ejecutando las regiones para el programa de reconstrucción es, muchas veces, mayor que su presupuesto en un periodo normal. Es como pedirle a alguien que ejecute el doble de tareas, además de las que ya estaba haciendo, es una misma oficina y un mismo equipo que va a redoblar esfuerzos”, señaló.

En ese sentido, consideró que el reto es que los equipos tengan procesos más simplificados o tener equipos técnicos que puedan ejecutar y monitorear bien estos proyectos.

“Como muestras de experiencias exitosas, se debe observar cuáles son los riesgos del territorio y generar un nuevo ordenamiento territorial si es necesario para minimizar los riesgos. Esto se llama Reconstrucción con Cambios, cambiar las razones que estaban generando riesgos. Esto va muy ligado al concepto de medios de vida. Se trata de mejorar las condiciones de vulnerabilidad, pero que también se generen oportunidades económicas”, dijo a Gestion.pe.

Por su parte, Jorge Abad, director de la Carrera de Ingeniería Civil de la Universidad de Ingeniería y Tecnología ( UTEC), detalló que los planes desarrollados por la RCC para la primera etapa de reconstrucción ascendían a un estimado de S/ 29,000 millones, pero “el componente científico era mínimo y por decir inexistente”.

“Al final el jefe de RCC (que era Pablo de la Flor) renunció por presiones de los gobiernos regionales del norte del país. Aquí nos hemos dado cuenta que no se hicieron realmente planes de contingencia en bien de la reconstrucción, no se realizaron investigaciones para entender los procesos naturales de avenidas y consecuente transporte de sedimentos (producción sedimentaria de huaicos), los cuales podrían producir naturalmente inundaciones y desbordes de los ríos”, anotó.

Por ende, mencionó que las obras que se podrían haber evidenciado en dos años, quizás no se puedan ni siquiera evidenciar en los próximos años, por una simple razón.

“El plan desarrollado no contempla el entendimiento de los procesos naturales, solo considera acciones temporales de descolmatación de cauces, construcción de defensas ribereñas, reconstrucción de carreteras que se encuentran en los cauces originales de los ríos, entre otros. Realmente las obras que se vienen realizando parecen ser actividades muy temporales que no incluyen un diseño integral del manejo de la cuenca”, advirtió a Gestion.pe.

Asimismo, mencionó que muchas veces, cada municipio ligado a un tramo del río, diseña sus estructuras de acuerdo a sus necesidades locales y no de acuerdo a una mirada de cuenca.

El especialista recordó que en el Perú se tiene evidencia de inundaciones desde mucho antes que 1925, y cada vez que eventos extremos y los fenómenos de El Niño se han presentado, han destruido infraestructuras similares (puentes, carreteras, viviendas, etc).

“Los pasos previos para reconstruir deberían ser la prevención, es decir realizar investigaciones relacionadas al fenómeno de El Niño, desde el monitoreo de las precipitaciones, la escorrentía, las erosiones formativas de huaicos en las quebradas, la cuantificación de la producción sedimentaria de la cuenca, así como la predicción de estos procesos para su futuro uso en programas de manejo a nivel de cuenca. Es necesario diseñar y construir la infraestructura considerando los procesos naturales y el comportamiento de la naturaleza en el tiempo”, acotó.

Teniendo en cuenta que en el Perú gran parte de la infraestructura privada ha sido autoconstruida, Abad manifestó que lo ideal es que esta infraestructura dañada se debería implementar bajo un plan de manejo de cuencas, y el desarrollo de la infraestructura.

“Esto quiere decir que, si bien la infraestructura privada es bienvenida, debería de haber en cada cuenca, planes liderados por el gobierno (municipal, regional, y estatal) para no ir construyendo sin una visión integral”, precisó.

Por ello consideró importante sacar provecho al mecanismo de Obras por Impuestos, ya que permite ejecutar de manera rápida y eficiente los proyectos de infraestructura.

“Esta rapidez podría ser beneficiosa si contamos con un plan de cómo la infraestructura serviría para prevenir grandes impactos durante los fenómenos naturales. Es indispensable el planeamiento a 20, 30 y 50 años, considerando los fenómenos naturales y otros procesos como cambio climático. Actualmente, existe el Cenepred (Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres), que potencialmente debería liderar este plan de la prevención, conjuntamente con la RCC.

Finalmente, recomendó a las autoridades tener como una prioridad el entendimiento del por qué la infraestructura pasada y actual colapsa ante los fenómenos naturales.

“Este simple concepto, quizás para muchos, un concepto académico, no ha sido abordado a profundidad. Quizás la medida más populista es enviar maquinarias al cauce y mostrar que se realizan trabajos de prevención, pero, ¿realmente nos estamos preparando para la próxima temporada de lluvias? Lamentablemente la respuesta es no. Prevención no debería entenderse como una actividad netamente temporal, sino como una inversión en entender, en primer lugar, si el fenómeno natural es dañino y tan malo como nos presentan”, agregó.

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