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Porsche protegerá a sus empleados de correos electrónicos 'fuera de hora'

La compañía automovilística se une a otras organizaciones que implantan estrategias de protección de sus trabajadores para que los mensajes relacionados con el trabajo no arruinen la utopía de la desconexión laboral.

Porsche

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Porsche ha decidido que sus empleados no tienen por qué recibir correos electrónicos fuera del horario laboral de lunes a viernes y tampoco los fines de semana. Por eso, borrará los email, o mejor dicho, los devolverá a sus remitentes de forma automática cuando éstos lleguen a horas intempestivas para sus trabajadores.

La medida, que según fuentes de la compañía citadas por Financial Times pretende proteger a sus empleados de correos relacionados con el trabajo en su tiempo libre, ha sido calificada de "puro populismo" por parte de la federación de ingenieros alemana (Gesamtmetall).

Todo esto no es nuevo en Alemania: en su día, el sindicato IGMetall de Volkswagen impulsó una regulación para favorecer que, durante unas horas al día, los trabajadores dejaran de recibir correos electrónicos o llamadas telefónicas relacionados con el trabajo.

Y también el comité de empresa de BMW ha peleado por reconocer el derecho de los trabajadores a permanecer inaccesibles, por correo electrónico o teléfono móvil, fuera de su horario laboral, o a compensar esa disponibilidad permanente con tiempo libre adicional.

Desconexión
El debate acerca de la posibilidad de terminar la jornada a las seis de la tarde para favorecer la conciliación, y también el de la desconexión laboral se ha planteado en España durante este año.

Inevitablemente, para tratar esta cuestión debemos ir hasta Francia, donde recientemente entró en vigor lo que se conoce como derecho a la desconexión, que aunque no implica la obligación de apagar el móvil profesional al finalizar la jornada laboral, ni el cierre del servidor para envío de correos electrónicos profesionales a partir de una determinada hora.

Esto ha abierto la puerta a una regulación consensuada, y en función de las necesidades productivas fijar las "modalidades del pleno ejercicio del derecho del asalariado a la desconexión", así como "la puesta en marcha por la empresa de dispositivos de regulación de la utilización de herramientas digitales". Y si no se alcanza un compromiso, será el empresario el que redacte una "carta" normativa.

En todo caso, la disponibilidad tecnológica hace cada vez más difícil la desconexión del trabajo fuera del horario laboral. Un estudio de la Asociación Americana de Psicología (APA) destacaba recientemente que, aunque esta posibilidad tecnológica puede afectar negativamente al bienestar y al rendimiento laboral, las mismas tecnologías de la información y la comunicación también permiten ser más productivos y proporcionan una mayor flexibilidad.

La investigación de la APA sostiene que en mercados como el estadounidense más de la mitad de los trabajadores consultan los mensajes laborales una vez al día durante el fin de semana, antes o después del trabajo durante la semana e incluso cuando están enfermos en casa. Más del 40% admite hacerlo estando de vacaciones.

Revisar las normas
Es poco probable que sea necesario que los trabajadores estén conectados y puedan responder en todo momento. Hay que revisar las normas y expectativas de la organización, porque puede estar fomentando una mentalidad siempre on.

Es necesario analizar si se considera mejor a un profesional por responder a un correo del jefe en cuestión de minutos, incluso por la tarde o los fines de semana; si los directivos esperan que los trabajadores estén a sus órdenes nada más llamarles; o qué comportamientos son deseables cuando se trata de disponibilidad y capacidad de respuesta y cuáles no. Y qué acciones se recompensan.

La disponibilidad las 24 horas que exigen cada vez más organizaciones, favorecida por las posibilidades que brinda la tecnología, abre asimismo otro debate: el de los métodos de control que pueden establecer las organizaciones para controlar el tiempo y la productividad de sus empleados. Esto implica unos límites éticos, jurídicos y laborales.

Hay que recordar el caso de Three Square Market, una compañía de Wisconsin, cuyos empleados aceptaron la implantación de un microchip dentro de las instalaciones de la empresa para los controles de entrada y salida, para conectar los ordenadores e identificarse y también para adquirir productos en las máquinas de vending.

Además, en la compañía tecnológica sueca Epicenter algunos empleados accedieron a implantarse un microchip en sus manos que facilitaría abrir y cerrar puertas y también el uso eficiente de determinados dispositivos. Esto sirve asimismo para controlar y cuantificar el número y duración de las pausas para ir al lavabo, o identificar y localizar las compras que se realizan en la cafetería.

Diario Expansión

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