Oxford: "La élite de Perú debe pagar más impuestos o acabaremos con un Trump peruano"

Gestión conversó con Diego Sánchez-Ancochea, director del Latin American Centre de la prestigiosa Universidad de Oxford, quien nos comentó sobre cómo el Perú debería buscar otros motores de producción y los riesgos de tener altos niveles de informalidad.

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Con una economía con 70% de informalidad, la industria extractiva como motor principal y poderes políticos polarizados, el barco llamado Perú pareciera próximo a naufragar. Sin embargo, con obstáculos, aunque con ímpetu, los peruanos salen adelante día a día.

Ante tal escenario, Gestión conversó con Diego Sánchez-Ancochea, director del Latin American Centre de la Universidad de Oxford quien visitó Perú para unas conferencias.

El doctor en Economía por el New School for Social Research de Nueva York comentó sobre los problemas de depender de la minería, de tener sólo un 30% de economía formal y una limitada visión política tanto del ejecutivo como de nuestros padres de la patria.

Hay un incremento del subempleo pero no del más capacitado, ¿qué razones hay detrás de esto?
No solo es de Perú sino también en otros países de América Latina. En Perú es más grave y tiene que ver con una economía que está muy determinada por la minería que es un sector que crea poco empleo y arrastra a otros sectores, como servicios y otros, con pocas oportunidades de empleo. Otro motivo es que es una economía tradicionalmente muy formal y donde el sector público ha hecho relativamente poco para conseguir formalizar de forma efectiva y eficiente a esa mano de obra.

Se dice que por cada empleo directo en minería se generan varios más de forma indirecta, ¿por qué cree lo contrario?
Sin duda son países que tienen que considerar a la minería como una de las patas importantes pero tiene que pasar a la diversificación productiva. Hay varios motivos. El primero lo hemos experimentado los dos últimos años: la minería y materias primas viven de los booms y luego vienen las caídas. Es extraordinariamente importante que existan otros sectores que puedan compensar estos momentos. Lo segundo es que es importante diversificar el empleo, oportunidades de productividad. También complejizar el debate sobre materias primas.

¿Qué propone?
Es importante añadir valor a las actividades mineras. Usted decía que por cada empleo se generan varios pero no siempre son empleos de calidad. Por ejemplo, las empresas que proveen maquinaria suelen ser todas extranjeras. Hay muy poca capacidad peruana. Un segundo tema es identificar a través de una mejor interrelación entre el sector público y el privado, qué otros sectores de la economía podrían ser importantes, tanto en manufactura como en servicios con alto contenido de conocimiento.

¿Qué políticas públicas se podrían adaptar a nuestra realidad?
Es un proceso de largo plazo, que no depende de un solo gobierno, pero tiene que haber un cambio profundo en la forma en que Perú piensa su desarrollo de largo plazo. Eso parte de la idea de que ningún país ha sido capaz de transformarse y de tener una economía dinámica sólo con el sector minero y privado. Esto es cómo consigues que el sector público cree incentivos y cree mayor colaboración pero también imponer más condiciones al sector privado. Los países de éxito han sido aquellos donde el sector público ha colaborado pero también ha impuesto condiciones al sector privado para modificar la estructura económica.

¿Es el Perú bastante laxo con el sector privado?
Sin duda. En Perú se ha extendido esta idea tan profunda de que el mercado es el único actor que puede lograr el desarrollo. Ya casi no quedan países que estén convencidos de que eso es la única realidad. Aquí hay muchos actores que siguen defendiendo eso y a los que les preguntaría que nos den las pruebas de que eso crea desarrollo y sistemáticos aumentos de la productividad en el largo plazo.

¿Qué rasgos de otros modelos externos se deberían adaptar aquí?
Creo que más que pensar en modelos hay que pensar en enseñanzas. Necesitamos ir fortaleciendo la capacidad institucional del Estado, que sea uno cada vez más profesional, con políticas continuadas y que fomenten la transformación estructural con la colaboración del sector privado.

Cuando se habla de fortalecer el sector público, viene la idea de burocratización, ¿cómo lidiar con eso?
Burocratización y profesionalización no son la misma cosa. Aquellos países que han fortalecido el sector público lo han hecho a través de tres elementos importantes: Primero es despolitizar el proceso de contratación, segundo, hacerlo en base a exámenes, a mayor profesionalidad, pero para eso tiene que haber un cambio en cómo los políticos ven al Estado y la forma en que están tecnificando los debates de forma excesiva. El reto de crear una esto es uno de largo plazo y se debería debatir de forma más sostenida en el Perú.

A veces algunos sectores se muestran reacios a pasar por el proceso de “profesionalización”, ¿cómo combatir eso?
Dos temas. El primero es que hablaba de las clases medias y altas de la actividad estatal, donde creo que esa profesionalización es importantísima. En el caso de los profesores (la huelga), y sin ser especialista, es un conflicto similar al que han vivido otros países. Claramente hay tres elementos fundamentales: ¿creemos que los maestros están bien pagados para la labor que hacen?; segundo, hay que estar dispuestos a decirles a ellos ‘si subimos el sueldo tiene que haber el proceso de evaluación’; y tercero, ¿cómo se crean mecanismos para que los propios profesores participen en el diseño de la evaluación?. En Perú ha fallado esa comunicación. El proceso se ha politizado pero en el peor término de la palabra en lugar de buscar los puntos comunes.

Vivimos en un estado moderno pero con poderes muy polarizados, ¿qué nos espera en los cuatro años restantes?
Es complicado porque, déjeme dar un paso atrás: Hay dos clases de polarización. Una positiva, donde el sistema político tiene un debate serio sobre las ideas de cuál debe ser el proyecto del país. Eso no nos debería asustar. Un escenario donde hay grupos que creen más importante tener políticas más redistributivas y otros grupos que menos. Eso es saludable. Luego, hay una polarización artificial creada por grupos de interés para tener y mantener el poder. Me da la impresión que, tristemente, el Perú es del segundo modelo. Hay que pedir mayor responsabilidad a los partidos políticos, también pedirle al ejecutivo que no sea tan tecnocrático sino que sepa que hay que negociar y entender las restricciones políticas y conversar. Aunque sé que es un poco naive, lo más importante es mayor responsabilidad y mayor entendimiento de los retos políticos.

¿Cómo salir de la bola de nieve que se genera tras ataques continuos entre ambos bandos?
Creo que es importante dar pasitos pequeños para la transformación. Por ejemplo, no sería imposible tratar de seguir mejorando los servicios sociales fundamentales: pensiones, salud y educación. No es que una mañana te levantas y aseguras esas cosas pero sí se empieza a hacer una reforma y se le vende al ciudadano con el compromiso que será para la clase media tanto como para los pobres. Es difícil lograr el consenso político pero ahí está el reto. La desigualdad afecta a todos, no es de izquierdas y derechas. Si no se le reduce es difícil reducir el conflicto social y mantener la postura global e internacionalista de este gobierno y la élite peruana. Como no consideremos que la desigualdad es un reto de todos me da la impresión que el país seguirá estancado y con conflictos sociales durante mucho tiempo.

Se han implementado medidas tributarias pero no han funcionado del todo, ¿cómo generar mayor recaudación considerando el nivel actual de informalidad?
Creo que es buen momento para repensar todo lo que no se hizo durante el boom de las materias primas en términos de reforma tributaria. En el futuro van a haber otros booms y debemos aprender de eso. Ese fue el momento para hacer una reforma tributaria. El segundo elemento es que, recaudar impuestos no solo es al sector informal sino también hacerlo a la élite económica. Es importante pensar en impuestos a la propiedad, impuesto patrimonial, que en América Latina se ha hecho muy poquito. Hay que aprender que la élite económica paga bastante pocos impuestos y debe hacerlo en otros tipos.
En tercer lugar, es pensar hasta qué punto ha habido políticas serias para reducir la informalidad. No solo como forma de mejorar el empleo de la población sino como forma de recaudar fondos. Esto para mantener la agenda de formalización por motivos fiscales.

Un discurso repetitivo es que si se aumentan los impuestos se desincentiva la inversión privada, ¿no estamos entre la espada y la pared?
Le contesto con un ejemplo internacional y con una sugerencia nacional. La internacional es que, la paradoja de que algunos países que tienen una mayor recaudación fiscal en el mundo son países que han crecido a tasas muy positivas. Piensa en Europa. Los países que ahí tienen mayor recaudación fiscal son los del norte y son los que más crecen. Esa relación que se repite una y otra vez como una verdad adquirida, de que a mayor impuesto menor inversión y crecimiento no está comprobada. La segunda es poner sobre la mesa el impuesto sobre el patrimonio y la propiedad: son impuestos que no van a desincentivar la inversión porque dependen de gravar la propiedad y la élite sigue queriendo tener propiedades en el país y, por tanto, es importante tenerlo en agenda.

¿Se debe presionar más a los ricos?
Sí, porque acuérdese que en Estados Unidos, hay mucho del 99% contra el 1%, bueno, a pesar de eso, en el Perú el 1% tiene todavía más del PBI, de la torta total, que lo que tienen en Estados Unidos. Esto no es un problema de sonar radical sino de volver a vincularlo a la desigualdad. Como la élite no entienda que tiene que pagar un poquito más de impuestos para que haya mejor redistribución, menor desigualdad y, con eso, su propia inversión y propio proyecto país van a salir ganando, estamos perdidos. Si no acabaremos con Trump pero en versión peruana.

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