Un inmenso ballet de obreros, grúas y camiones trabaja a ritmo frenético en el noreste de Brasil, donde explota las entrañas de la tierra para extraer, moler, derretir y prensar en láminas el vanadio, un metal que torna el acero mucho más resistente.

Unas 500 personas trabajan en la única mina de vanadio de América Latina, Maracás Menchen, situada a 400 km al oeste de Salvador de Bahia (noreste de Brasil) y propiedad en un 90% de la compañía canadiense Largo Resources.

Sus dueños aseguran que estos yacimientos cuentan con el vanadio más puro del mundo, extraído a un costo más competitivo que el del mayor productor mundial, China, y que Rusia y Sudáfrica.

Poco conocido en relación al mineral de hierro, producto de exportación estrella de Brasil, el vanadio es utilizado sobre todo como aditivo para fortalecer el acero y reducir su peso.

Pero este metal ceniciento y brillante también es utilizado en la fabricación de acero inoxidable para material quirúrgico, en la industria aeroespacial, componentes de reactores nucleares e imanes superconductores.

En mayo, la mina produjo un récord de 780 toneladas que serán destinadas a construir edificios más resistentes a terremotos, o automóviles más seguros.

La mina tiene una capacidad de 9.700 toneladas, reservas probadas de 18,4 millones de toneladas y vende actualmente un 100% de su producción a la multinacional de commodities anglo-suiza Glencore.