¿Hay alguna lección para los participantes en el mercado, especialmente ante la noticia de que el Departamento del Tesoro de EE.UU. está midiendo el apetito por bonos a 50 o 100 años? (Foto: Bloomberg)
¿Hay alguna lección para los participantes en el mercado, especialmente ante la noticia de que el Departamento del Tesoro de EE.UU. está midiendo el apetito por bonos a 50 o 100 años? (Foto: Bloomberg)

Dos bonos a cien años para países que empiezan por A; por lo demás, no hay nada en común entre la deuda con vencimiento a un siglo emitida por Austria y Argentina, como se ha hecho evidente en las últimas semanas.

No hay mejor ejemplo de la desesperada búsqueda de rendimientos entre las emisiones globales de alta calidad que el bono centenario de Austria. La deuda fue emitida justo por debajo de la “paridad” (el valor nominal de 100 usado cuando se emite los bonos por primera vez) en el 2017, pero en los dos años posteriores su valor ha subido más del doble a 210. Eso equivale a un retorno anualizado de 50%. Su precio ha subido casi 30% apenas desde junio, cuando Austria reabrió el bono a nuevos compradores.

Argentina también emitió un bono ultralargo en el 2017, pero las cosas no han salido tan bien. Su valor se hundió un tercio la semana pasada, a un mínimo de 45, después de que el presidente favorable a los mercados y reformista, Mauricio Macri, perdiera unas elecciones primarias, antes de recuperarse ligeramente a 50. Lo único bueno que se puede decir de este bono es que al menos fue emitido en dólares y no en pesos argentinos, que han caído 20% contra la moneda estadounidense desde el revés de Macri.

Entonces, ¿hay alguna lección para los participantes en el mercado, especialmente ante la noticia de que el Departamento del Tesoro de EE.UU. está midiendo el apetito por bonos a 50 o 100 años?

La retrospectiva inmediata nos dice que la búsqueda por la calidad austriaca ha dado mejores resultados que el coqueteo con el riesgo argentino, pero hay factores mitigantes en juego. Quienes se lanzaron sobre el bono austriaco centenario este año pagaron por el placer, con un minúsculo rendimiento sobre la oferta para una deuda con una madurez tan larga. A algunos inversionistas les gusta la deuda con vencimiento ultralargo y cupones bajos porque sus precios suben drásticamente cuando sus rendimientos caen, un fenómeno que ya he explicado. Pero ni siquiera ellos habrían podido adivinar que los rendimientos europeos caerían tanto ante las preocupaciones de recesión, con lo que el precio de los bonos subiría mucho más.

Aun así, este tipo de deuda acarrea riesgos muy altos. Después de todo, solo se redimirá al 100% de su valor nominal (o de paridad), así que los inversionistas que los compraron a precios mucho más altos perderían si los rendimientos regresaran a niveles que vimos incluso a principios de este año y el precio del bono cayera. Además, aunque los intereses pueden no ser la prioridad para muchos inversionistas en vencimientos ultralargos, la nota austriaca solo tiene un rendimiento de 60 puntos básicos actualmente. No alcanza para mucho.

Asimismo, es posible entender a quienes apostaron por Argentina en el 2017. Sí, puede parecer tonto creer que el país podrá pagar este bono o seguir pagando el cupón, dado su historial de incumplimientos. No obstante, un rendimiento de 7.9 en el 2017 era lo suficientemente atractivo para los US$ 2,750 millones vendidos. La teoría de los inversionistas es que mientras los cupones se mantuvieran por una década, se recuperaría la inversión inicial y cualquier pago adicional sería dinero gratis por tanto tiempo como continuaran.

Infortunadamente, Macri no ha cumplido sus promesas económicas y el público argentino ha demostrado resistirse mucho más a sus encantos que los mercados. Ningún inversionista le apostaba a un revés político tan pronto, pero eso es lo bonito de invertir en las “economías de frontera”: por algo se ofrecía un interés de 8% (y ahora con más razón). Si el 27 de octubre se repite el resultado de las primarias, sería una señal del regreso a un gobierno socialista similar al que dio como resultado el último incumplimiento del país en el 2014.

Entonces, ¿qué es mejor, acumular los bonos superseguros a largo plazo de Austria o arriesgarse con una oferta como la argentina? La respuesta, tristemente, es ninguna de las anteriores. Las circunstancias son todo en los mercados financieros. Sí, lo que parecía atractivamente barato como los bonos centenarios de Argentina demostró ser barato por una razón. Pero el seductor costo del equivalente austriaco no debería dar ninguna sensación de comodidad. El riesgo tiene muchas formas.

Por Marcus Ashworth

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