El cacao y el café a la conquista del mayor valle cocalero de Perú

La coca del VRAEM, acrónimo del valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro, va casi toda al narcotráfico, admiten las autoridades peruanas.

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AFP.- Tras décadas de ser dominado por el narcotráfico y los remanentes de la guerrilla Sendero Luminoso, Perú intenta de a poco reemplazar los cultivos en su mayor valle cocalero con el cacao y el café, productos que empiezan a ser atractivos para sus agricultores.

La coca del VRAEM, acrónimo del valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro, va casi toda al narcotráfico, admiten las autoridades peruanas.

La hoja, considerada sagrada por los ancestros, es hoy sobreproducida para la elaboración de cocaína. Ante esa nueva realidad, colonos y agricultores sustituyen estos cultivos por otros que puedan vender legalmente.

Una de las localidades que apuesta por los cambios en el VRAEM es Quempiri, comunidad del distrito de Rio Tambo, en Satipo, centro del Perú. Allí se llega por lancha, desde Puerto Prado, navegando cinco horas por el río Ene hasta el puerto de Yoyato. Luego, una hora más por tierra.

"Buscamos promover la ruta del cacao nativo orgánico, que articula varios distritos. Tenemos un paisaje envidiable. La cuenca del valle Primavera es el epicentro de la producción de cacao en la selva central y en el VRAEM", detalla el alcalde de Río Tambo, Iván Cisneros.

Según la autoridad, el cacao especial se va a Inglaterra vía una cooperativa conformada por asháninkas, etnia de la Amazonía, y a precios ventajosos: S/ 9.5 el kilo (US$ 3) cuando en el mercado habitual vale la mitad. "Esto se va también a Holanda, Suiza, con gente muy exigente en la calidad", comenta.

El precio de la hoja de coca en el VRAEM, en cambio, ha sufrido un drástico bajón en medio de una intensificación de la represión al narcotráfico.

De US$ 50 la arroba (11.5 kg) que valía en el 2015 cayó a US$ 25 en el 2016. Esto coloca el kilo en torno a US$ 2.1. Aunque el precio puede variar al alza en zonas de menor control, porque la demanda internacional se mantiene.

Perú es el segundo mayor productor de hoja de coca, después de Colombia, pero también está entre los mayores exportadores mundiales de café y cacao.

"La hoja de coca no es un negocio legal, es un mercado negro. El narcotráfico ha sido el sustento del terrorismo. Hemos optado por erradicarla", dice a la AFP el agricultor Manuel Aguilar, de 50 años.

Manuel preside la Cooperativa Agroecológica del Río Ene, que exporta cacao a Suiza. La producción organizada se remonta a una década, impulsada por la estatal Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida Sin Drogas (Devida).

¿Por qué cambiar?En el VRAEM se cobijan los remanentes de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, considerada terrorista en el país. Según la presidenta ejecutiva de Devida, Carmen Masías, actúan como sicarios de narcotraficantes.

El gobierno planea entrar al VRAEM para disminuir a la mitad los cultivos de coca en el país en cinco años. Actualmente Perú posee al menos 55,000 hectáreas, y de ellas un 90% va al narcotráfico, según Devida.

"La población de estos lugares (que sustituye los cultivos) ve la posibilidad de vivir en un clima de paz y desarrollo. En donde no hay presencia del Estado y donde existe cultivo de coca y narcotráfico son zonas de violencia, con todos los problemas sociales que acarrea el narcotráfico", dice a la AFP el director de Promoción y Monitoreo de Devida, José Chuquipul.

Entre el 2012 y 2016 Devida logró instalar 2,071 hectáreas de cacao en Satipo, con una producción total de 800 toneladas al año.

"Nuestros abuelos tenían coca para chacchar (masticado ancestral para evitar la fatiga). Pero luego vinieron los problemas, drogas, narcotráfico ahora trabajamos el cacao, tranquila y legalmente", cuenta a la AFP el agricultor asháninka Tomás Bardales.

En Río Tambo también se ofrece café, como el de Javier Sedano. "Somos productores de cafés especiales. Exportamos a Estados Unidos, Alemania, China y próximamente a España", comenta a la AFP.

Entre el 2012 y 2016, Devida ha apoyado en la instalación de 870 hectáreas de café.

El sueño es convertir la zona en turística. Por ahora los alojamientos son pequeños cuartos de madera. De noche, cuando hay tormenta, parece que sobre los techos de zinc se derramase un inacabable frasco de canicas. Llueve.

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