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'Workaholic' o la imposibilidad de desconectar del trabajo

“El estrés ciega los ojos del alma” y dificulta el disfrute de las cosas pequeñas, cotidianas; de las relaciones humanas en nuestro tiempo libre, explica un catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.

Estrés laboral

¿Qué puede causarnos fatiga mental?

Las consecuencias psicológicas y las somáticas son las que, generalmente, sufren las personas adictas al trabajo.

Reuters

“Me di cuenta de mi adicción en el 2008, cuando acabé mi máster y después de haber cursado el doctorado durante cinco años en las mejores universidades y consiguiendo las mejores becas. Mi obsesión y compulsión por obtener los mejores trabajos me llevaron a la actividad y a la preocupación constante por el trabajo y el dinero. Me di cuenta de que me enfadaba fácilmente con cualquier persona y con las relaciones humanas en general, que no me servían para mis objetivos profesionales”.

Así es como nos relata Jorge el sufrimiento que le provocaba su adicción al trabajo. Lleva casi ocho años asistiendo al grupo estadounidense Workaholics Anonymous, un programa sin ánimo de lucro en el que “nos ayudamos mutuamente en base a la experiencia colectiva de los adictos al trabajo”. Este grupo también tiene sesionesonline gratuitas presenciales, telefónicas y por Skype.

“Comencé a aislarme de mi familia; a sentir un cansancio crónico que me mantenía en un constante mal humor y me provocaba estados de ira cuando las cosas no salían como quería y que ocultaban, en realidad, mi miedo al fracaso, a perder el prestigio y el reconocimiento de los demás. Mi baja autoestima se ocultaba bajo las máscaras de la propiedad, el dinero y el prestigio”.

Al igual que Jorge, la coordinadora del grupo Workaholics Anonymous aún se está recuperando de la misma adicción. Tiene 39 años, y lleva cuatro asistiendo a las sesiones de este colectivo. JC -así prefiere que la citemos- cuenta a The Objective que esta problemática la arrastró a la “soledad, a la pérdida de amigos y al egoísmo en las relaciones sentimentales”. A todos estos efectos más psicológicos, JC suma un dolor abdominal crónico y problemas cardiacos relacionados con el estrés.

Las consecuencias psicológicas y las somáticas son las que, generalmente, sufren las personas adictas al trabajo. El catedrático emérito de Psicología y Psiquiatría Médica de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Alonso Fernández, las traduce en la depresión y la enfermedad cardiovascular que pueden llegar incluso a causar la muerte. “El estrés ciega los ojos del alma” y dificulta el disfrute de las cosas pequeñas, cotidianas; de las relaciones humanas en nuestro tiempo libre, explica Franciso Alonso.

Los denominados workaholic “tienen imposibilidad de dedicar tiempo satisfactorio a las relaciones humanas, a las relaciones de familia, a las diversiones”. Este psiquiatra y autor, entre otros libros, de Las nuevas adicciones afirma que “cada vez hay más adictos al trabajo” que han encontrado su complemento perfecto en las nuevas formas de comunicación (WhatsApp, acceso al email corporativo a cualquier hora, facebook, etc.).

Los expertos coinciden en que tiene que haber una personalidad vulnerable a este tipo de adicción pero Francisco Alonso pone el foco también en los factores ambientales. El trabajo es “como la segunda cuna” que de alguna manera te hace, te forma y te influye en tu desarrollo a todos los niveles. “El ambiente de trabajo puede estimular la adicción o puede moderarla. Las empresas que más cultivan la adicción al trabajo son las empresas que se preocupan exclusivamente de los rendimientos, y en las que hay muy poca relación entre los trabajadores”. Es ahí cuando entra en juego el estrés que no deja apagar el cerebro.

Por su parte, el psicólogo clínico y psicoterapeuta Fernando Mansilla asegura que las nuevas tecnologías y formas de comunicación son solo “un elemento precipitante” y es la propia personalidad de cada uno la que tiene más peso a la hora de desarrollar esta adicción. “Para que haya un elemento precipitante tiene que haber una personalidad subyacente que sea vulnerable a este problema. Una persona que no puede desconectar del trabajo tiene una dependencia emocional al trabajo”.

Mansilla afirma a The Objective que no es tan sencillo ser un adicto al trabajo propiamente dicho. Este psicólogo describe ciertas cualidades imprescindibles en una persona adicta o vulnerable de serlo:

1. Perfeccionistas y con baja autoestima.

2. La mayoría de los adictos al trabajo son personas con un puesto de responsabilidad y con posibilidades de ascenso, es decir, que están inmersos en una problemática donde tienen cierto grado de competencia con los compañeros.

3. Personas narcisistas que cuando consiguen puestos con poder se deshumanizan.

Los adictos al trabajo suelen trabajar más de 12 horas diarias y “están más pendientes del trabajo que de su familia”, nos cuenta Fernando Mansilla. “Quizá el adicto al trabajo sea el último en darse cuenta de que lo es, pero su familia y sus amigos sí lo sabrán”.

¿Se debería regular por ley este problema?
En numerosas ocasiones, y cada vez más, tanto los adictos al trabajo como las personas que no lo son, reciben comunicaciones fuera del horario laboral por parte de los responsables o jefes de las empresas, algo que genera dos tipos de estrés en los trabajadores, según el psicólogo clínico, Fernando Mansilla.

“Sufren por un lado por el trabajo, porque las demandas pueden ser a cualquier hora y no se tiene control sobre ellas; eso es estrés laboral. Pero además se sufre estrés familiar porque cada vez que llaman al trabajador, este se tiene que marchar y puede darse un problema con su familia. Vive amenazado por dos tipos de estrés”.

La reacción de una persona adicta al trabajo ante estas interferencias en periodos de descanso es diferente a la del resto de trabajadores, o eso es lo que afirma la especialista en psiquiatría Rosa Sender, autora del libro El trabajo como adicción.

“El sujeto que no tiene una adicción al trabajo maldice al jefe que le pone correos o mensajes fuera de horario laboral. Estamos viendo cómo se intenta reglamentar este asunto en algunos países, lo que da idea del grado de interferencia que ha alcanzado. Sin duda los sujetos adictos al trabajo han sido los promotores del conflicto”. Según Sender, las personas con este problema aprovechan las nuevas formas de comunicación para estar “todo el día conectadas con rapidez a sus asuntos y evitar lo que entienden como esperas inútiles”.

Y sí, hay países que están regulando la llamada desconexión digital como es el caso de Francia, donde a principios de este 2017 entró en vigor una ley que no exige apagar el teléfono ni prohíbe el envío de correos electrónicos, pero sí insta a buscar soluciones negociadas entre los agentes sociales y las empresas. Quizá lo más novedoso de todo esto sea que se haya puesto sobre la mesa un problema que se ha incrementado en los últimos años y que cada vez afecta a un mayor número de trabajadores.

En España tienen vigencia normativas y tratados internacionales que protegen el derecho al descanso y la salud de los trabajadores, asegura Ana Gómez Hernández, vicepresidenta de la Asociación Nacional de Laboralistas (Asnala). “Los trabajadores por cuenta ajena están muy protegidos. El tiempo que dedican al trabajo tiene una limitación y tiene unos descansos que están muy regulados. Todo aquello que sobrepase del tiempo de trabajo ordinario entra en materia de horas extraordinarias y hay regulación abundante que limita todo ese tipo de cosas”.

Sin embargo, la regulación es una cosa y la realidad es otra. Según un estudio publicado por Randstad, el 39% de los trabajadores en España no desconecta durante sus vacaciones, pero actúa así por voluntad propia; sin embargo, un 56% afirma que tampoco desconecta y alega que no lo hace porque su responsable espera que esté pendiente del teléfono o del correo electrónico.

Ante todo esto, la vicepresidenta de Asnala afirma que las normativas vigentes en España y en otros países de Europa “se han quedado bastante atrás, y la revolución digital, la influencia de las nuevas tecnologías en las relaciones de trabajo no tienen plasmación en nuestro ordenamiento”. Además, asegura que la normativa francesa es una buena noticia ya que “ha puesto nombre a la desconexión, y muy acertadamente porque es una demanda de la sociedad”.

Por Verónica F. Reguillo

Fuente: Foro Económico Mundial / The Objective

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