¿Son las 11:00 de la mañana y ya te sientes como si hubieras corrido un maratón? Lo preocupante es que solo te paraste por un café y esa ha sido tu mayor actividad física del día… Lo tuyo es , bueno también lo mío y lo de todos.

Muchas veces nuestra fatiga está más relacionada con nuestra mente que con nuestro cuerpo. Te lo digo yo que soy mamá de tiempo completo y también trabajo de forma independiente. Estudios han demostrado que el cuerpo puede soportar jornadas exhaustivas y aún así mantenerse con energía, pero si se trata de la mente la historia es muy diferente.

Una vez que somos presas de la fatiga mental, corremos el riesgo de perder claridad, motivación, llegar a nuestro límite y tirar la toalla. Es por eso que es tan importante prestar atención a las señales de cansancio que nos manda la mente.

Falta de objetividad y creatividad, irritabilidad, sensibilidad excesiva, ansiedad, tristeza profunda, pesimismo: son solo algunos de los posibles síntomas, pero el fondo va mucho más allá. Empecemos por entender ¿qué puede causarnos ?

Las causas narradas en la Fotogalería de arriba pueden provocarnos una “diarrea de pensamientos”, a través de los cuales estamos merodeando constantemente por todo aquello que hasta el momento no hemos hecho bien, instalados en el papel de víctima por lo que otros nos han hecho, quejándonos de todo y de todos, además de alimentar una visión fatalista del futuro. Se crea un círculo vicioso del que difícilmente podremos salir si mantenemos ese mismo patrón de pensamientos.

¿Cómo cambiar el chip?

1. Sé consciente de que tú no eres tus pensamientos, sino la persona que es capaz de observarlos, siendo así date cuenta de éstos pero no continúes rumiándolos.

2. Regresa a tu aquí y a tu ahora. Suelta las ataduras del pasado y la ansiedad por el futuro. Analiza cuáles de esos pensamientos son irracionales y cuáles sólo existen en tu imaginación. Piensa que nadie tiene la vida comprada y ese futuro que tanto te agobia es incierto. Planea, actúa y prevé, pero nunca olvides que lo único que está en tus manos es el momento presente.

3. Conéctate con tu corporalidad: respirar, meditar, practicar mindfulness o alguna actividad física que te permita adentrarte en las sensaciones de tu cuerpo, tan profundamente que te vuelves uno con lo que estás haciendo y dejas de pensar compulsivamente.

4. Elige tus pensamientos: aunque a veces pareciera que tienen vida propia la realidad es que nosotros somos los únicos capaces y responsables de manejar nuestros pensamientos, nosotros decidimos evocar las experiencias que nos generan dolor o ansiedad y así también decidimos alimentarlas para darles más fuerza o dejarlos pasar para debilitarlos y cambiarlos por otros más funcionales.

5. Ten un proyecto en tu aquí y en tu ahora, objetivos breves a corto plazo que te vayan dando un sentido de logro y te motiven a ir avanzando día con día, paso a paso. Los proyectos demasiado complejos e inmensurables son fuente de ansiedad y frustración, te puedes sentir agotado en la lucha por conseguir lo inalcanzable.

Por Marcela Hernández

Fuente: Foro Económico Mundial / Alto Nivel