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La 'economía gig' es el proletariado moderno

Informes de la OIT y el JPMorgan Chase Institute describen la difícil situación de diferentes tipos de trabajadores de la economía gig que luchan por ganar incluso el salario mínimo de sus países trabajando duro para gigantes plataformas tecnológicas.

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Hay dos tipos de trabajo de la economía gig: basado en la web, que se puede hacer desde cualquier lugar, y basado en la localización, que se realiza en el mundo físico. (Foto: Bloomberg)

Karl Marx definió al proletariado como trabajadores "que no disponen de ningún medio de producción" que fueron cada vez más empobrecidos por el auge de las máquinas. En esa forma clásica, la clase favorita de Marx realmente no existe en el mundo rico de hoy, excepto en la llamada “economía gig”, también conocida como economía colaborativa.

Informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el JPMorgan Chase Institute describen la difícil situación de diferentes tipos de trabajadores de la economía gig que luchan por ganar incluso el salario mínimo de sus países trabajando duro para gigantes plataformas tecnológicas.

Hay dos tipos de trabajo de la economía gig: basado en la web, que se puede hacer desde cualquier lugar, y basado en la localización, que se realiza en el mundo físico, pero se distribuye a través de aplicaciones estilo mercado. El informe de la OIT aborda el trabajo basado en la web más bajo, que se encuentra en plataformas laborales digitales como Amazon Mechanical Turk y sus competidores más pequeños.

La OIT encuestó a 3,500 trabajadores en 75 países y encontró que el año pasado el trabajador promedio en cinco de esas plataformas ganó US$ 4.43 por hora, o solo US$ 3.31 por hora si se tiene en cuenta todo el tiempo no remunerado, aproximadamente 20 minutos por hora, que se usa buscando pedidos, investigando clientes, tomando pruebas de calificaciones y escribiendo reseñas. Incluso eso es relativamente generoso.

Otro estudio publicado el año pasado calculó que los "turkers", como se conoce a los trabajadores en la plataforma de Amazon, ganaron un salario medio por hora de US$ 2.

Casi dos tercios de los "turkers" de Estados Unidos, según el estudio de la OIT, ganaron menos que el salario mínimo federal de US$ 7.25 por hora, y solo el 7% de los alemanes en la plataforma Clickworker ganaron el salario mínimo legal de 8.84 euros (US$ 10.40) por hora.

Esto quizás sería marginalmente tolerable si los "crowdworkers", o trabajadores en plataformas digitales, solo se conectaran para complementar los ingresos de otros empleos. Pero el 32% de los encuestados por la OIT obtuvieron su ingreso primario de las plataformas.

Estas personas mayormente instruidas pasan muchas horas completando cuestionarios para investigadores académicos, transcribiendo audios, incluso moderando contenido para redes sociales, lo que significa mirar videos violentos o leer publicaciones llenas de odio todo el día.

Este no es el mejor trabajo, y algunos de ellos incluso pueden tener un impacto psicológico prolongado, pero los "crowdworkers" viven en un mundo sin las protecciones básicas del trabajador garantizadas incluso a quienes realizan los trabajos menos especializados del mundo real.

No solo ganan menos del salario mínimo, sino que tampoco están protegidos contra el no pago. Nadie les debe una explicación cuando se rechaza su trabajo o cuando reprueban una prueba o reciben una calificación desfavorable.

Puede parecer absurdo exigir días por enfermedad y vacaciones pagadas para los "crowdworkers". Sin embargo, la OIT argumenta que al menos algunos de ellos deberían ser considerados empleados, no contratistas independientes, porque se los penaliza si rechazan empleos y enfrentan precios no negociables y estándares de calidad.

Se han aplicado criterios similares en tribunales de varios países, a menudo con éxito, a empresas de la economía gig basadas en la localización tales como Uber y Lyft.

El informe de JPMorgan se refiere a estas plataformas basadas en la localización, que tienen una mayor visibilidad que las basadas en la web y han avanzado en la senda del empobrecimiento de los trabajadores descrita por Marx. Los “trabajadores de clic” se quejan de que el aumento de la competencia por los pedidos mejor pagados los obliga a buscar en más plataformas, y aún no hay datos sobre la disminución de los ingresos por la actividad.

El estudio de JPMorgan de servicios basado en la localización, usando datos sobre pagos de plataformas a cuentas corrientes de Chase, muestra que, en promedio, los trabajadores gig ganaron menos el año pasado que en el 2015, ya sea que fueran conductores de Uber, limpiaran oficinas o alquilaran sus casas en Airbnb. La disminución fue particularmente significativa para los conductores.

"Independientemente de si la caída en los ingresos fue causada por una disminución en los salarios o las horas o ambos, indica que es cada vez menos probable que la conducción reemplace un trabajo a tiempo completo en los últimos cinco años, a medida que más conductores ingresaron al mercado", señaló el informe.

Junto con la falta de protecciones para los trabajadores, esto hace que los trabajos de la economía gig basados en la localización sean tan infernales como los de los "turkers" y otros trabajadores de clic.

Es posible, por supuesto, que las plataformas de la economía gig nunca hayan sido diseñadas para proporcionar el trabajo a tiempo completo que paga el alquiler y alimenta a los niños. Si solo funcionan para ingresos ocasionales complementarios, es una excusa para un enfoque de tómalo o déjalo del trabajo. ¿O es eso? ¿Debería tolerar una sociedad moderna trabajos que no incluyen derechos de los trabajadores y carecen de la posibilidad de supervivencia digna para quienes que no pueden encontrar otro empleo?

E incluso si se permiten ese tipo de trabajos, ¿los deberían ofrecer grandes compañías tecnológicas que entregan retornos descomunales a los accionistas incluso si no obtienen ganancias?

El mercado, en su forma pura y no adulterada de la era de Marx, no puede proporcionar respuestas satisfactorias. El informe de JPMorgan dice que la parte de la economía gig cubierta por sus datos es "aproximadamente comparable al tamaño de todo el sector de la información" de la economía de EE.UU. en términos de números de trabajadores. Sin embargo, todas estas personas se han encontrado exentas de las normas humanas que se desarrollaron durante siglos de interacción, tanto pacífica como violenta, entre el trabajo y el capital. Esa es una anomalía para que traten de corregir los legisladores y los reguladores. Incluso si esto tiene como resultado menos trabajo disponible, lo que no es un hecho ya que las tareas seguirán existiendo, los trabajadores gig también deberían vivir en 2018, no 1848, el año en que Marx y Friedrich Engels publicaron el Manifiesto Comunista.

Por Leonid Bershidsky

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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