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Es mal momento para dejar de fabricar autos pequeños

En algún momento del último año, las principales compañías automotrices reconocieron y anunciaron que los vehículos eléctricos eran el futuro, y dijeron que iban a invertir en este sentido.

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Los precios de la gasolina están aumentando. (Foto: Getty Images)

El estado de la industria automotriz en el 2018 parece tener una serie de paradojas. Con el fin de vender automóviles ahora para poder invertir en los vehículos ecológicos y eléctricos de última generación, los fabricantes de automóviles están dejando de producir sedanes más pequeños y más ecológicos.

Y en un momento en que los precios del petróleo y las tasas de interés están en alza –creando presiones de asequibilidad para los compradores–, los fabricantes están redoblando las apuestas por los vehículos utilitarios deportivos (SUV, por sus siglas en inglés) y las camionetas, que son más costosos y consumen más gasolina.

Desde la perspectiva de los fabricantes de automóviles, ambas yuxtaposiciones son completamente racionales, pero los inversionistas deberían prepararse para una transición en los próximos años.

En algún momento del último año, las principales compañías automotrices reconocieron y anunciaron que los vehículos eléctricos eran el futuro, y dijeron que iban a invertir en este sentido. Ford anunció en enero que invertiría US$ 11,000 millones en el desarrollo de vehículos eléctricos para sacar 40 modelos eléctricos al mercado para el año 2022. El máximo ejecutivo de la firma, Bill Ford, dijo que "eso significa que ahora estamos todos en esto".

Pero una gran nueva inversión en vehículos eléctricos significa que alguna otra parte del negocio no va a recibir recursos, ya sea que se trate de recompras y dividendos para los accionistas o de una inversión en otra línea operativa. Mientras que una empresa advenediza como Tesla puede confiar en que leales devotos financiarán sus operaciones con emisiones de capital y ofertas de deuda, los inversionistas de Ford y General Motors son más pragmáticos y están motivados por los resultados.

Es por eso que las grandes compañías de automóviles pretenden reducir su compromiso de diseñar vehículos más pequeños y más eficientes en términos de combustible, incluso cuando las compañías prometen ser más ecológicas, con alternativas a los automóviles a gasolina. Son simplemente negocios: los vehículos pequeños para mercados masivos no son la fuente de utilidades que son los vehículos más grandes.

Si se van a invertir miles de millones de dólares en una línea comercial que no genera muchos retornos, mejor invertir ese dinero en una tecnología que promete ser el futuro en lugar de hacerlo en un vehículo con un bajo margen de ganancias que podría no ser viable en cinco años de todos modos.

La estrategia de asignación de capital tiene cierta lógica, pero el momento es cuestionable. Si bien los vehículos grandes son más rentables que los más pequeños, y si bien con el tiempo, los consumidores han mostrado una mayor propensión a querer comprar SUV y camionetas en lugar de sedanes, la asequibilidad y los precios del combustible también influyen en la ecuación, y en este momento las tendencias están cambiando a favor de autos más pequeños por primera vez en años.

Por un lado, los precios de la gasolina están aumentando. Desde que tocaron fondo en US$ 1.70 por galón a principios del 2016, el precio promedio que pagan los consumidores por un galón de gasolina regular sin plomo ha aumentado en más de un dólar, con lo que los precios se acercan a un máximo de tres años.

Proyectar los precios del petróleo y la gasolina generalmente es una pérdida de tiempo, pero las economías de ciclo tardío tienden a coincidir con el aumento de los precios de las materias primas, y dado que los costos de los insumos están en alza, no es impensable que los precios puedan superar los US$ 3 por galón durante el verano boreal. Cuanto más suban los precios, mejor se verán los autos más pequeños.

Y comprar cualquier vehículo también se está volviendo cada vez más caro. El creciente costo de las materias primas como el acero, debido en parte a los temores arancelarios, se traspasa a los consumidores. Y el aumento en las tasas de interés hace que cada vez menos vehículos sean asequibles.

Los préstamos para automóviles están más vinculados a tasas de interés a menor plazo que los préstamos hipotecarios, por lo que los aumentos en las tasas de interés de la Reserva Federal se sienten inmediatamente en el sector automotor. Si los pagos mensuales de los vehículos aumentan un 20%, podría llevar a que alguien que intentaba comprar un SUV, debido al alza compre un sedán.

Los fabricantes de automóviles no tienen mucha opción en realidad. Se deben realizar inversiones en líneas de productos y tecnología de vehículos eléctricos. Ese dinero tiene que venir de algún lado. Tiene más sentido reducir la producción de sedanes menos rentables que la de SUV más rentables.

Los precios de la gasolina y las tasas de interés están fuera del control de los productores de autos, y si las ventas de SUV se desploman debido a esos factores y a algún tipo de desaceleración económica entre ahora y cuando los vehículos eléctricos comiencen a amortizarse, ese es simplemente el precio de estar en un negocio cíclico que necesita mucho capital. Será un viaje lleno de obstáculos para los inversionistas.

Por Conor Sen

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