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La epidemia digital y el ocaso del negocio de vender libros

La lectura en pantallas ha tomado por asalto a la industria editorial y, años después del golpe que les asestó Amazon, comienzan a reaccionar. Las historias pueden contarse de muchas maneras. Puede que el papel ya no sea una de ellas.

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La FIL atrajo medio millón de visitantes el año pasado. (Foto: USI)

El éxito de la FIL contrasta con el desapego que muestra el mundo hacia el papel. (Foto: USI)

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En los noventas apareció un nuevo actor en la industria editorial. El bichito de los libros picó a sus grandes protagonistas, y decidieron ignorarlo. Dos décadas después, este negocio le pertenece a Amazon.

El gigante del retail mundial comenzó vendiendo libros, con un modelo de negocio peculiar: sin estanterías y a domicilio. Luego se inventaron un 'Kindle' y apostaron por las nuevas tecnologías para perpetuar sus historias.

Resulta que el status quo de editores y críticos e impresoras fue golpeado, primero por una logística revolucionaria, y luego por un fenómeno aun más grande: la Internet.

"Estamos viviendo el ocaso del viejo modelo de negocio de las editoriales", reveló a Gestión.pe José Celaya, socio-fundador de Dosdoce.com y expositor en la FIL Lima 2018.

Sin embargo, así como la venta de papeles puede estar llegando a su fin, otro modelo emerge, naturalmente.

Pergaminos

Hace 500 años, antes de la invención de la imprenta, el pergamino era el elemento preferido para plasmar textos. Pero incluso antes de ello, en Grecia, las antiguas historias se transmitían oralmente.

La literatura es el arte de contar historias, e independientemente del vehículo, su fin se mantiene.

La imprenta rompió esquemas, y esta nueva tecnología permitió una ventaja particular: las historias podían ser largas. "Si todavía estuviéramos en la época del pergamino, Ken Follet no escribiría con la misma extensión", añadió.

Las historias, entonces, solo encuentran su propia manera de reinventarse.

"En esta nueva era digital, los creadores del siglo XXI nos van a contar historias que tendrán texto, audio y vídeo, lo que se llama transmedia", explicó.

¿Qué sucederá con los libros antiguos? Según Aurelio Major, director de la filial mexicana de Tusquets Editores, los libros de grandes ventas se han reducido en 45% en los últimos años. A consecuencia de la crisis, sí, pero también provocada por el auge de la piratería y la lectura en Internet.

Lectura millennial

Es un mito que los millennials no leen, afirma Major. "Nunca se ha leído tanto en la historia como ahora. Leemos constantemente, pero textos muy cortos, todos en el teléfono, tableta u ordenador", añade.

En Europa existe una suerte de Netflix, pero de audiolibros. Su nombre es Storytel y el 35% de sus suscriptores de pago tienen menos de 30 años, revela, por su parte, Celaya.

El auge de unas plataformas en desmedro de otras muestra un fenómeno natural. Es cierto que los jóvenes leen, pero el papel ya no es su amigo. Incluso en Perú, más del 50% del país no lee en papel, observa.

La exigencia y las pocas ganas de las editoriales de sumarse a esta caravana hizo que nuevos agentes le ganen terreno. Entre ellas, la piratería.

El problema es sencillo: las personas se han vuelto renuentes a pagar por contenido y si pueden conseguir lo mismo gratis y a domicilio, por qué no apostar por libros piratas.

"Las editoriales deben comenzar a apostar por las versiones digitales, e-books y audiolibros. La combinación de estos tres formatos hará que mañana estas editoriales sigan existiendo. Las que no, terminarán por desaparecer", subrayó Celaya.

Booktubers

Un efecto inmediato del Internet es la democratización del derecho a ser publicado.

Hoy en día cualquier persona puede escribir su libro, diseñar la carátula, y colgarlo como pdf en sus redes sociales. Antes el proceso era ligeramente más complejo.

"La literatura está menos mediada. Antes la cadena solía pasar por más intermediarios, y uno de los últimos era el crítico literario", recuerda Major.

El trabajo y las limitantes del crítico literario han desaparecido y la criba que efectuaba al filtrar autores y textos se torna menos relevante.

Para Celaya, si bien se ha perdido aquel filtro de calidad, la consecuencia puede encontrar un cariz positivo.

"Todos esos críticos eran la autoridad que cribaba qué entraba y no en el sistema. Era muy poco democrático, y todos sabemos lo viciado que estaba este sistema", reflexiona.

Una segunda consecuencia: si cualquiera puede publicar, cualquiera puede criticar.

"Algunos de los mediadores más importantes están en YouTube . Pero la mayoría no conoce todos los libros, no ha leído mucho, su capacidad expresiva es más o menos limitada, y, por lo tanto, solo llegan a un determinado público", apunta Major.

No obstante, su capacidad de influencia es palpable y no sorprendería que dicten la agenda de la industria literaria, como antaño los viejos críticos, y puede que con los mismos vicios.

"Las personas que están en YouTube perciben un sueldo. Es un negocio. Cuantas más personas circulen por su canal, ganan más dinero", concluye.

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