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“Mi sueño de toda la vida fue ser guitarrista de rock”

Con su peculiar carisma, el vicepresidente de Mapfre, Mario Payá, cree que la suerte sí es importante.

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Español de nacimiento, amante de la lectura y músico frustrado, el vicepresidente de Mapfre considera que los riesgos que se tomen no deben ser innecesarios.

¿Se veía trabajando en este rubro?Cuando estudié, jamás pensé en trabajar en una compañía de seguros.

¿Cuál era su sueño?Me gustaba escribir, pero mi mayor sueño era ser guitarrista en una banda de rock. Lo intenté como baterista. Tenía mucho oído, pero mala coordinación.

Si quería ser guitarrista, ¿por qué estudiar batería?Es que pensé que aprender guitarra era imposible y me fui a la batería y también me resultó imposible (risas). Otro pasatiempo que tengo es la escritura. En un tiempo, redacté sobre temas de conflicto en una editorial. Conocí una perspectiva del mundo totalmente distinta y estuve en una empresa de gestión de desarrollos sociales.

¿Se considera exitoso?Considero que he tenido suerte y las claves son, en mi opinión, la disposición a asumir el reto, el trabajo, la dedicación, la honestidad y, contra lo que se cree, la capacidad de reírse de uno mismo.

¿Se ríe mucho?Lo intento, aunque a veces no me sale. Mi abuelo decía que debíamos dejar una buena estela. Independientemente de trabajar para una empresa y defender su nombre, también tienes que defender el tuyo. Para muchos, la honestidad y la transparencia no es la llave para el éxito inmediato , pero doy fe de que en el largo plazo funciona, aunque también es cuestión de suerte.

¿Cree mucho en la suerte?Sí, incluso hasta se nace con suerte. Por ejemplo, no es lo mismo nacer hijo de un millonario que en un pueblo joven, sin agua, luz y piso de arena. Generalmente, la gente que dice que la suerte no existe es la que ha heredado todo de papá y mamá.

¿Se considera un suertudo?Sí, básicamente he tenido suerte en la vida, con los amigos que he crecido, en la familia donde nací.

¿Qué hace en sus ratos libres?En mis ratos libres paso tiempo con mi hija. También intento leer y hacer todo el deporte posible. Una vez practiqué descenso de cañones, y eso consiste en meterte por cauces de torrentes de río en verano, cuando no hay mucha agua.

¿Eso qué le enseñó?La estupidez del riesgo innecesario. Cuando te ves en la situación y dices: en qué lío he metido a mis amigos, reflexionas. El riesgo innecesario siempre me ha parecido profundamente tonto.

¿Cómo se aplica este aprendizaje en los negocios?El mundo de la empresa es como el deporte; te piden velocidad y resultados. Los riesgos que se tomen deben ser controlados y pensados. Eres responsable respecto a los accionistas, pues quien aspire a hacer negocios saltándose las leyes o pisoteando los derechos, probablemente ganará dinero, pero no está haciendo empresa.

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