Singapur (Reuters).- Dos años después de que dos accidentes aéreos dejaron a su marca desgastada, sigue siendo una compañía en el limbo.

La pérdida de dos Boeing 777 con apenas meses de diferencia en el 2014 desataron un necesitado rescate financiero del estado para la aerolínea. La compañía redujo un tercio de su personal, dejó en tierra sus Boeing 777-200 y canceló sus rutas de larga distancia menos rentables.

Como resultado de esos esfuerzos, y los bajos precios del petróleo, el grupo dijo que alcanzará su meta para tener utilidades en el 2018, el mismo año que su jefe, el alemán Christoph Mueller, termine su contrato de tres años.

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Pero algunos analistas y ejecutivos cuestionan la apuesta sobre un modelo de negocios regional reducido que dicen podría dejarla peleando por competir con rivales regionales.

Los analistas dicen que Mueller y su equipo no están prestando suficiente atención a la estrategia a largo plazo de la aerolínea, frente a la intensa competencia de rivales del sudeste asiático como Singapore Airlines, Garuda Indonesia y Air Asia, particularmente si la compañía sigue desechando pilotos, ingenieros y gerentes de nivel medio.

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"Además de perder empleos, recortar el tamaño de su flota y renegociar contratos con proveedores, parecería que nadie imagina cómo se vería la aerolínea en un plazo de 10 años", dijo Shukor Yusof, fundador de la consultora Endau Analytics, con base en Malasia.

Malaysia Airlines luchaba contra una base de altos costos y bajos rendimientos incluso desde antes de 2014, pero sus problemas se profundizaron después de marzo de ese año, cuando el vuelo MH370 desapareció mientras viajaba de Kuala Lumpur a Pekín con 239 personas a bordo.

En julio de 2014, el vuelo MH17 fue derribado por un misil tierra-aire sobre Ucrania, provocando la muerte de las 298 que iban a bordo.