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Intel encarna el gran momento #MeToo en empresas

El gigante de chips de computadores Intel Corp. anunció el jueves la renuncia de su máximo ejecutivo debido a lo que describió como una "relación consensual pasada" con una empleada de la compañía.

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Intel en su declaración dijo que su ex CEO Brian Krzanich violó la política de "no confraternización" de la compañía.

La era de tolerancia cero para la conducta en el lugar de trabajo tiene su historia con moraleja más notable hasta el momento.

El gigante de chips de computadores Intel Corp. anunció el jueves la renuncia de su máximo ejecutivo debido a lo que describió como una "relación consensual pasada" con una empleada de la compañía. Intel en su declaración dijo que Brian Krzanich, un ejecutivo veterano que ha sido CEO desde el 2013, violó la política de "no confraternización" de la compañía.

Krzanich no es el primer máximo ejecutivo que se ve obligado a renunciar por lo que se describe como una relación consensual con un empleado, ni tampoco los CEO simplemente comenzaron a perder sus empleos por su conducta en el lugar de trabajo en la era #MeToo.

Pero es muy probable que Intel sea la compañía más grande hasta el momento que confronta a un CEO por violar el código de conducta de la compañía en este período de mayor escrutinio sobre el comportamiento que había sido abiertamente excusado o silenciado en el pasado.

Una relación consensuada no hace que Krzanich se parezca en nada a Harvey Weinstein o al magnate de los casinos Steve Wynn, pero igualmente no es apropiado que el jefe tenga relaciones íntimas con los subordinados.

La experiencia de Intel es una advertencia para los ejecutivos y las juntas directivas de que existe un estándar más alto ahora, y sus empleados y el mundo exterior no aceptarán la conducta habitual.

Intel y Krzanich personalmente habían sido líderes en presionar para aumentar el número de mujeres y minorías subrepresentadas en la industria de la tecnología. Dado el papel de Krzanich como destacado defensor de las mujeres en el lugar de trabajo, era tanto más necesario que su comportamiento personal fuera irreprochable.

Los accionistas de Intel no se alarmaron de inmediato por la renuncia del CEO. Las acciones subieron cerca de un 2% inicialmente después de la noticia de la salida de Krzanich para luego retroceder.

La reacción inicial positiva de la acción puede deberse a la declaración de Intel, junto con la declaración de renuncia, de que espera resultados financieros más sólidos que los indicados en abril.

Intel dijo entonces que esperaba ingresos para el segundo trimestre de US$ 16,300 millones, más o menos US$ 500 millones, y ganancias de 85 centavos por acción, más o menos 5 centavos. El jueves, Intel señaló que espera ingresos de aproximadamente US$ 16,900 millones y ganancias ajustadas de 99 centavos por acción para el segundo trimestre.

Pero los accionistas no deberían ser tan optimistas sobre la divulgación de la renuncia de Krzanich. Primero, hemos aprendido de estos cuentos de comportamiento en el lugar de trabajo que puede haber más en la historia de lo que la compañía ha revelado hasta ahora.

Y en segundo lugar, este es un pésimo momento para que Intel tenga un vacío de liderazgo. (El director financiero de Intel asumirá como CEO interino mientras el directorio busca un sucesor permanente).

Intel enfrenta más desafíos que nunca en torno a su negocio de la gallina de los huevos de oro de venta de chips para los poderosos computadores en los centros de datos.

La compañía también está tratando de planear su futuro, ya sea que se enfoque en chips para automóviles sin conductor, en la próxima generación de estándares de internet móvil conocida como 5G, o en otras áreas de la informática.

El camino de Intel no está claro, y necesita contratar rápidamente a un CEO de primera línea y asegurarse de que él o ella se ponga manos a la obra. No ayuda el hecho de que Intel no haya podido retener a varios ejecutivos de la compañía que habrían sido sólidos CEO.

Renée James, expresidente de Intel bajo Krzanich, viene inmediatamente a la mente, al igual que Stacy Smith, quien estuvo en Intel durante 30 años hasta que dejó la firma a principios de año.

Intel no tuvo más remedio que expulsar a su CEO una vez que la empresa tuvo que hacer frente a su comportamiento. Pero Intel podría haber hecho un mejor trabajo al planear un futuro sin su líder derrocado.

Por Shira Ovide

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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