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Huawei es un tigre acorralado que se araña a sí mismo

Huawei ha hecho de todo en los últimos meses por probar que es un buen ciudadano internacional y que se puede confiar en que sus equipos de red no se convertirán en un conducto para el espionaje chino.

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A favor de Huawei está la falta de evidencia clara de EE.UU. que demuestre que el equipo de la compañía se usa para espionaje.

¿Quién demandaría a Canadá? En serio ¿quién lo haría?

Les diré quién: Meng Wanzhou. La directora financiera de Huawei Technologies Co., e hija del fundador de la misma, se siente perjudicada por las autoridades canadienses tras su arresto y detención en el país. "Falso encarcelamiento" figura entre las acusaciones presentadas en el caso civil que se registró en marzo 1.

Huawei ha hecho de todo en los últimos meses por probar que es un buen ciudadano internacional y que se puede confiar en que sus equipos de red no se convertirán en un conducto para el espionaje chino. El fundador, Ren Zhengfei, empezó a hablar con los medios por solicitud directa de la empresa ya que se encuentra en medio de una crisis de relaciones públicas.

Adicional a darse mañas por atraer a periodistas actuales y veteranos hacia su equipo de relaciones públicas, Huawei ha empezado a invitar a periodistas a su campus Shenzhen, como si un tour guiado probara quién sabe qué. El resultado fue simplemente un montón de artículos en los que la compañía se justifica contra las acusaciones de espionaje.

En el Congreso Mundial de Móviles en Barcelona la semana pasada, el presidente rotativo Guo Ping, hizo alusión a Edward Snowden para burlarse de los programas de espionaje de EE.UU.

Parece que esta nueva campaña está dando resultados. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, dio luz verde a Huawei para que vendiera sus equipos de red móvil de siguiente generación. El organismo supervisor de ciberseguridad del Reino Unido considera que puede manejar cualquier riesgo relacionado con el despliegue de los productos de la compañía en los sistemas 5G.

Sin embargo, también se ha visto como un proceso algo torpe. Se informó que Huawei estaba ofreciendo pagar por tiquetes, hotel y alimentación a periodistas como Josh Rogin, columnista del Washington Post.

Para ser claros, estos ofrecimientos con todos los gastos pagos son muy comunes en la industria tecnológica pero la mayor parte de los medios las rechazan por razones éticas, lo que hace que la carta que enviaron a Rogin (la cual compartió en Twitter) genere algo de confusión.

A favor de Huawei está la falta de evidencia clara de EE.UU. que demuestre que el equipo de la compañía se usa para espionaje. En el 2017, un jurado declaró a la compañía responsable en un caso civil por robo de diseños para el robot "Tappy" de T-Mobile US Inc., pero ese no es el tipo de espionaje que las autoridades de EE.UU. tienen en mente.

El arresto en enero de un ejecutivo de la compañía junto a un exagente de seguridad polaco acusado de espionaje para China no luce bien para Huawei, pero no constituye ninguna evidencia.

Y luego tenemos al propio Ren. A sus 74 años, su credibilidad se evaporó cuando dijo a los medios internacionales, entre ellos CBS y un grupo aparte que incluía a Bloomberg News, que su compañía se negaba a obedecer las leyes chinas si esto requería que participara en espionaje. Aquí tenemos al fundador de una compañía china con 180,000 empleados declarando que infringiría la ley china antes que infringir la ley de cualquier otro país.

Ésta es la razón por la que demandar a Huawei representa un paso hacia atrás en su campaña de relaciones públicas. Revela igualmente que Huawei es un tigre que ataca cuando su ronroneo no suaviza a los escépticos.

El punto no es que el caso legal de Meng tenga mérito o no. Huawei debe preguntarse qué gana, si es que gana. Es derecho de cada uno buscar que se haga justicia, pero Huawei corre el riesgo de pasar por agresivo en lugar de la imagen del socio tranquilo y confiable que quiere difundir.

Además, es muy irónico apelar a la ley canadiense cuando esta opción no existe en China; por supuesto, los críticos no se han quedado callados frente a este escenario.

Huawei iba por buen camino cuando intentaba convencer a la gente de que no era su enemigo. No obstante, con la demanda a Canadá muestra que su mayor enemigo es ella misma.

Por Tim Culpan

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