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La compra de empresas occidentales se pondrá difícil para China

El número de adquisiciones chinas truncadas está alcanzando niveles no vistos desde 2009, cuando el mundo se sumía en la crisis financiera global y la compra de empresas extranjeras de materias primas y activos relacionados por parte de empresas chinas estaban viento en popa.

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(Bloomberg) No importa quién sea el próximo ocupante de la Casa Blanca, queda claro que a las empresas chinas se les hará más difícil hacer adquisiciones en Estados Unidos y en el resto de Occidente.

Las empresas chinas han acelerado sus compras en el extranjero en medio de un enfriamiento económico en su país, pero se están topando con un mayor rechazo de las autoridades de sus países meta.

Legisladores estadounidenses han expresado mucha preocupación sobre las adquisiciones chinas en Hollywood e instaron al Departamento del Tesoro a rechazar la compra de Aleris, una empresa de aluminio con sede en Cleveland, por parte de China Zhongwang Holdings Lt. por US$ 1,100 millones. Esto último ocurrió una semana después de que Alemania, que antes abría los brazos al capital extranjero, retirara su apoyo a la compra del fabricante de semiconductores Aixtron SE por parte de una división de Fujian Grand Chip Investment Fund por US$743 millones.

Aun cuando las empresas chinas se están sofisticando en la elaboración de acuerdos, parece que no les queda mucho más para elegir aparte de Suiza y mercados mediterráneos como Italia y Portugal.

El número de adquisiciones chinas truncadas está alcanzando niveles no vistos desde 2009, cuando el mundo se sumía en la crisis financiera global y la compra de empresas extranjeras de materias primas y activos relacionados por parte de empresas chinas estaban viento en popa.

EE.UU. siempre ha sido un mercado difícil para China, lo que quedó en evidencia cuando reguladores frenaron la oferta de casi US$19.000 millones presentada por Cnooc por Unocal hace más de una década. Pero eso no ha disuadido a esas empresas de seguir intentando, incluso cuando la lista de acuerdos fallidos este año aumenta. Por ejemplo, la oferta de US$14.000 millones que hizo Anbang Insurance Group Co. por Starwood Hotels & Resorts Worldwide Inc. y quedó trunca este año en gran parte debido a la oposición en Washington, es la segunda mayor adquisición china frustrada de un activo estadounidense.

Como sugiere ese caso, la oposición se está extendiendo más allá de las compras de activos militares, energéticos y de infraestructura. Las opciones en el sector tecnológico también son cada vez menos alcanzables, encabezadas por el intento infructuoso de Tsinghua Unigroup de adquirir Micron por US$23.000 millones, un acuerdo que habría sido en aquel momento la adquisición extranjera más grande por parte de una empresa china. La compañía también desistió de un acuerdo para invertir US$3.780 millones en el fabricante de unidades de disco Western Digital Corp. Otras ofertas abandonadas incluyen una por una división de iluminación que Royal Philips NV puso a la venta y otra por la empresa de Silicon Valley Fairchild Semiconductor International Inc.

El rechazo de EE.UU. se ha extendido incluso al llamado poder blando, como los medios de comunicación. El magnate Wang Jianlin, que ha puesto la mira en Carmike Cinemas y concluyó su adquisición del productor de los Globos de Oro, Dick Clark Productions, enfrenta acusaciones políticas de ser un vehículo para la adquisición china de trofeos culturales estadounidenses.

La oposición tampoco está limitada a EE.UU. Hasta la oferta por Aixtron, Alemania, aunque cada vez más sensible a las compras chinas, parecía dispuesta a hacer negocios con China, pese a las quejas por la venta del fabricante de robots Kuka AG. Esa apertura será cada vez más inusual.

Australia, por mucho tiempo una fuente de materias primas y activos energéticos baratos, y altamente dependiente de China, se unió al coro este año, bloqueando una oferta presentada el mes pasado por parte de compradores chinos por Ausgrid, la mayor red de electricidad del país, en momentos en que la oposición pública a la venta de todo tipo de activos, desde campos agrícolas hasta bienes raíces en Sídney, se acelera.

Incluso Gran Bretaña, uno de los destinos más populares de la inversión china, se está enfriando al capital chino después de su decisión de separarse de la Unión Europea. Después de un corto retraso, en septiembre, el Reino Unido aprobó el controvertido proyecto de energía nuclear Hinkley Point de 18.000 millones de libras (US$22.400 millones) financiado con capital chino, pero agregó nuevas condiciones a la inversión extranjera en infraestructura británica.

Esto deja sóo tres grandes mercados relativamente abiertos: Suiza, patria del gigante agrícola Syngenta AG, que China National Chemical Corp. busca comprar por US$46.000 millones en su procura de tecnología agrícola; Italia, donde el gigante chino de químicos adquirió el fabricante de neumáticos Pirelli el año pasado; y Portugal, cuya principal aseguradora está ahora en manos chinas.

Pero reducir las geografías occidentales que podrían estar abiertas a negocios significa que el acceso al tipo de conocimiento tecnológico o las marcas globales que los chinos codician se está volviendo cada vez más difícil. Aunque economías en apuros como Grecia o mercados emergentes como Paquistán abren sus puertos y sus empresas de energía más pequeñas a dinero chino, los blancos occidentales realmente grandes podrían estar fuera de juego.

Los interesados chinos tendrán que o concentrarse en un menor número de blancos en otras partes del mundo o enfocarse en compras de participaciones minoritarias si quieren seguir comprando fuera de sus fronteras. Aunque es poco probable que se evapore del todo, el auge de las fusiones y adquisiciones de China definitivamente ha empezado a desinflarse.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de Bloomberg LP y sus propietarios

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