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Empresas sociales: iniciarlas es difícil, pero consolidadas son más rentables que las tradicionales

Principales problemas que afrontan los emprendimientos sociales en el Perú son la falta de fuentes de financiamiento y la brecha de conocimientos técnicos, señala Nesst.

Empresas sociales

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Hoseg es un emprendimiento social que abriga a los niños de las zonas altoandinas. (Foto: GEC)

(Foto: GEC)

El camino para iniciar una empresa social en el Perú es difícil de transitar, debido a la falta de fuentes de financiamiento y de asesoría técnica para los emprendedores. Sin embargo, una vez que llegan a consolidarse en el mercado, gozan de una ventaja competitiva, sostiene Javier Gondo Mori, gerente de portafolio para la región Andina de Nesst, una organización internacional dedicada a impulsar los emprendimientos sociales.

“Al inicio, necesariamente la empresa social va a ser menos rentable que una empresa tradicional, porque está invirtiendo capital para fortalecer partes de la cadena, para asegurarse de que se está produciendo el impacto social deseado. Sin embargo, con esta tendencia mundial a ser más conscientes del medioambiente y de la sociedad, realmente se les va a dar más prioridad a este tipo de productos o servicios. Eso lo va a hacer más rentable que otras iniciativas”, explica Gondo.

En el Perú, los emprendimientos sociales carecen de fuentes de financiamiento, debido a que su demanda crediticia no suelen llamar la atención de las entidades bancarias, señala Ingrid Claudet, gerenta general de la Fundación Wiese, que acaba de presentar junto a Nesst su Fondo Emprendedor, que seleccionará e impulsará cuatro proyectos de emprendimientos sociales en el país.

"Los emprendimientos sociales prácticamente no cuentan con fuentes de financiamiento diseñadas para sus necesidades. Normalmente son ellos mismos los que con sus ahorros personales inician sus emprendimientos o a veces con fondos que se prestan de alguna persona vinculada, porque las instituciones financieras no están acostumbradas a atender requerimientos de financiamiento de baja escala y con alto riesgo, sino todo lo contrario”, señala Claudet.

Por su parte, el representante de Nesst indica que en el Perú el impulso a las empresas sociales suele ser visto como “una ayuda social” o donación, lo que temporalmente puede aliviar las necesidades de la empresa, pero no contribuye a volverla autosostenible.

Otro problema que afrontan los emprendedores, indica Gondo, es la falta de capacitación en habilidades administrativas, ingenieriles, operacionales, etc. “El emprendedor suele tener mucha motivación, pero necesita apoyo y acompañamiento para desarrollar ciertas herramientas y habilidades gerenciales”, sostiene.

El funcionamiento del Fondo Emprendedor creado por la Fundación Wiese, y cuyo primer portafolio será operado por Nesst, consistirá en brindar a los emprendedores financiamiento con tasas más bajas que las entidades financieras (entre 4% y 6%) y plazos flexibles de reembolso, junto con asesoría por un periodo máximo de dos años. Transcurrido este tiempo se espera que la empresa social sea autosostenible.

Hasta el 15 de febrero próximo podrán inscribirse los interesados pueden presentar sus propuestas al Fondo Emprendedor, que serán evaluadas tomando en cuenta el modelo de negocio, la viabilidad y el impacto social. Siete de los proyectos pasarán a una siguiente etapa de del proceso, de entre los cuales se seleccionarán cuatro emprendimientos que recibirán asesoría y financiamiento, por un monto conjunto máximo de S/ 2’300,000.

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