Una carretera con peaje serpentea el oeste de Madrid, ofreciendo una alternativa rápida a una autopista atascada que se encuentra a su lado. Aclamada hace una década como una cura para la congestión, el operador de la carretera es probable que ahora sea nacionalizado, como ya han sido los que dirigen otras tres carreteras que registran pérdidas. Se espera que esa medida costaría a los contribuyentes unos 2,000 millones de euros (US$ 2,700 millones), monto que se suma a una creciente deuda nacional.

Las autopistas fueron diseñadas como una respuesta a la expansión vertiginosa del Madrid, pero el estallido de una las paralizaron el 2008.

Los españoles, que luchan con la caída de ingresos de los hogares y los préstamos, se han vuelto tacaños. El tráfico en las cuatro carreteras con peaje casi se ha reducido a la mitad. Eso solo demuestra que, incluso mientras se recupera, España todavía está sufriendo los coletazos de una doble recesión que contrajo el PBI en 6.4% en total.

Actualmente es aclamada en Bruselas, como un hijo pródigo de la periferia de la zona euro. La economía volvió a crecer en el tercer trimestre del 2013, ya que el aumento de las exportaciones compensó la debilidad del consumo y el gasto público.

El mercado de valores de Madrid está en auge, los inversionistas extranjeros están de vuelta, la cuenta corriente registra un superávit, los rendimientos de los bonos han llegado a mínimos de ocho años y se están creando nuevos puestos de trabajo. Esto se suma a un gran progreso en un país que una vez amenazó con quebrar el euro.

¿Qué es lo que salvó a España? La promesa que hizo en julio del 2012 , presidente del . El ser un verdadero prestamista de última instancia, lo que eliminó las dudas inmediatas sobre la supervivencia del euro.

Pero las reformas de centro-derecha del Gobierno de Mariano Rajoy también han ayudado a a lograr una "devaluación interna" mediante la reducción de costos. Al estar en la eurozona, la alternativa de la devaluación de la moneda no está disponible.

La medición de la devaluación interna es difícil, pero los costos laborales unitarios se redujeron en España durante cuatro años hasta que un pequeño repunte se produjo a finales de 2013. La caída de los costos ha ayudado a impulsar las exportaciones.

Las reformas laborales permiten que los empleadores ofrezcan recortes salariales en lugar de despidos, disminuyendo aún más los costos que comenzaron a caer el 2010.

Aun así, Akos Valentinyi, del centro de estudios de CESifo, con sede en Alemania, dice que España necesita una profunda reforma del mercado laboral si trata de recuperar los 3 millones de empleos perdidos.

España también tiene algunas de las tasas más altas de impuestos de Europa, pero el ingreso fiscal general es insignificante.

Un informe encargado por Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda español, propone cambios en el impuesto a la renta y las contribuciones a la seguridad social, y hasta en los impuestos al consumo, mientras cierra brechas en el sistema de impuestos corporativo.

El sistema actual son agujeros montados como en un queso Gruyère, dice el co-autor del informe, Fernando Fernández.

Un déficit presupuestario del 6.6% del PBI significa que algunos recortes impositivos deben ir acompañadas de aumentos de impuestos en otros sectores. Y Montoro se niega a aumentar el impuesto sobre las ventas.

Al tiempo que regresan los empleos, podría comenzar un círculo virtuoso de mejora de la confianza, del gasto del consumidor y un crecimiento económico más elevado.

Los analistas están elevando sus proyecciones, con algunos estimando un crecimiento del PBI de 1.3 % este año. A pesar de ello, el desempleo, que se sitúa en casi un 26%, tomará una década en reducirse de manera importante. El año pasado el déficit presupuestario apenas cayó, ya que el gasto público se incrementó. La deuda pública ha alcanzado el 94% del PBI.

Rafael Doménech del banco BBVA, dice que España debe aspirar a algo más que ser lo mejor de lo peor y, en cambio, debe medirse con las economías más exitosas de Europa. Sobre esta base, España lo está haciendo mal. La investigación, la tecnología y los conocimientos están todas atrasadas.

La gran cantidad de pequeñas empresas en España harían también más complicado el ganar productividad.

Los trabajadores más jóvenes, necesarios para la supervivencia del bienestar del Estado, han emigrado o están desempleados.

Por otra parte, las instituciones españolas son débiles y a menudo esclerótica en sus acciones. Los españoles podrán soñar con un país libre de corrupción con una mínima interferencia política. Pero las ambiciones de corto plazo son más modestas: un trabajo estable es lo mejor que muchos pueden esperar.

Tomado de la Revista The Economist