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Economía colaborativa, el modelo start-up que adoptarán los gobiernos en los próximos años

La sociedad luce cada año más integrada por un fenómeno particular: a la gente no le molesta compartir gastos. Desde la cuenta de Netflix hasta el viaje en taxi, la economía colaborativa está tomando las riendas de la administración municipal de a pocos, según el WEF.

Millennials

La economía colaborativa puede transformar la organización de las ciudades, según el WEF.

La economía colaborativa puede transformar la organización de las ciudades, según el WEF.

AFP

¿Cuándo decidimos compartir un gasto? La respuesta es bastante obvia: cuando no hay dinero suficiente para adquirir el bien o servicio. Ahora, se han preguntado si podemos trasladar este principio a todo un modelo económico.

Lo curioso es que ya está sucediendo y en los aspectos más cotidianos de la vida, como pedir un taxi o escuchar música.

Cuando la Internet saltó a la palestra hace menos de veinte años, la idiosincrasia popular relativa al consumo compartido encontró un punto de quiebre. Poco a poco, y año a año, compartir (incluso con desconocidos) no suena tan malo.

El último informe del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) señaló que "la interacción masiva propagada por las redes sociales, sumado a la consciencia ambiental y la recesión de la economía global llevó a los usuarios a 'hacer más con menos'".

En resumen, la gente hoy está abierta al alquiler, préstamo, intercambio o trueque de bienes o servicios.

Economía colaborativa

¿Cómo traducimos esta necesidad en la economía citadina? Uno no puede alquilar, prestar o intercambiar lo que no tiene, y tampoco piensa hacerlo con lo que necesita. Es decir, se trata de aprovechar el excedente de sus activos, o la capacidad desaprovechada de los mismos.

Comencemos. Hay bienes que son capitalizables per se. La razón es que estos activos tienen una capacidad sobrante o inerte por inherencia. Por ejemplo, un auto. El vehículo solo necesita de una persona para andar, pero tiene cuatro asientos. Estos tres lugares restantes pueden ser comercializados bajo una modalidad de alquiler: taxi.

Pero no basta con treparse al auto y buscar pasajeros en la avenida. "Una economía verdadera busca involucrar la gestión de recursos por los actores individuales para optimizar la productividad", asegura el WEF.

Esto se traduce a la conectividad que ofrece la Internet. Desde el punto de vista de la economía colaborativa , la ventaja que ofrecen las aplicaciones de taxi como Uber, Cabify, Beat o cualquier otra, es que establecen una relación de confianza entre ambos usuarios (conductor y pasajero), ya que se encuentra validada por un tercer actor involucrado (la empresa).

La verificación de esta confianza es clave en cualquier interacción económica, ya que establece relaciones comerciales que deberán mantenerse por un tiempo (alquiler, préstamo, etc).

Modelos de negocio

La cotidianeidad de estos servicios, para quienes integran el smartphone y la tecnología a su vida regular, puede sorprender a más de uno.

Además del citado ejemplo del taxi, existen numerosas opciones. El hospedaje es un ejemplo: Las personas tienen un activo muerto o inerte (la casa vacía cuando salen de viaje) y deciden aprovecharlo bajo alquiler a un precio accesible y con la confianza de Airbnb, por ejemplo.

Los hoteles de backpackers son otro ejemplo, en donde se maximiza el espacio útil para reducir los precios del cuarto.

Otro clásico es el de Netflix o Spotify, en donde los usuarios pueden adquirir membresías grupales o dividir el gasto y conseguir el mismo servicio por un precio menor.

Incluso las plataformas de e-learning utilizan este mecanismo. Las empresas que ofrecen cursos dictados por un maestro específico cobran mucho menos de lo que costaría una clase particular con el mismo. ¿La razón? Se divide el ticket entre los cientos o miles de alumnos que atienden a la clase.

Alcance regional

Las plataformas que operan bajo la economía colaborativa sumaron un valor de mercado de US$ 4.3 billones en 2016, según el WEF. Sí, 4.3 millones de millones de dólares. Además de emplear a 1.3 millones de personas.

En América Latina, Perú se ubica en el cuarto lugar en número de iniciativas bajo este marco, con el 11% de compañías de la región, según el informe de economía colaborativa del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Brasil lidera el ranking con 32%, seguido por Argentina y México, con 13% cada una.

El número es grande, pero el ejercicio es reciente. En Latinoamérica la gran mayoría de estas iniciativas fueron creadas después de 2011, y el 27% aún elige la economía del alquiler como opción principal.

Ciudades conectadas

Si bien el sector privado ha tomado la iniciativa en la aplicación de este modelo, organizar una ciudad bajo la misma premisa puede resultar en una optimización de los recursos estatales, según el WEF.

Un ministerio o un municipio cuenta con equipos propios para realizar sus labores. Es decir, maquinaria, vehículos, etc. Estos pueden ser compartidos con otras entidades, o incluso rentados. De esta forma se facilita la eficiencia por un lado, y se alimenta el presupuesto por el otro.

Pero la tarea no es solo dentro del órgano administrativo del gobierno, el principal objetivo se ubica en la función del ciudadano.

Una alternativa es el aprovechamiento del espacio público no utilizado. "Se incluyen metros, parques, escuelas estatales, hospitales, librerías y centros recreativos", describe el informe.

"Esta capacidad inerte puede ser utilizada para agricultura urbana, tiendas, parqueo o hubs empresariales", señala. Por ejemplo, se puede disponer de ciertas áreas comunes para que los ciudadanos las alquilen o reserven y desarrollar alguna actividad cultural.

Incluso se puede utilizar la plataforma municipal como un facilitador de empleo, ya sea utilizando el talento local para acelerar las tareas del ayuntamiento, o acercando a los profesionales con la gente que lo necesite. Por ejemplo, un programa que acerque turistas con personas que puedan ayudarlos como traductores.

Naturalmente, este modelo económico cuenta con varios retos y dificultades que se deberán superar para garantizar su correcto desarrollo. Mientras tanto, el mundo sigue girando y parece haber elegido colaborar.

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