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¿La Cuarta Revolución Industrial está cambiando la forma en la que cultivamos, compramos y comemos?

"Lo que está en juego es la profundidad de la transformación agrícola y la maximización de sus dividendos para millones de pequeños productores de alimentos", sostiene un ejecutivo del Banco Mundial.

Pollos en supermercado

(Foto Reuters).

(Foto Reuters).

Un artículo publicado por el World Economic Forum asegura que la Cuarta Revolución Industrial no es diferente a las anteriores. En 2017, por ejemplo, una granja robótica en el Reino Unido hizo su primera cosecha totalmente a máquina.

En enero, un informe del Foro Económico Mundial desarrollado en colaboración con McKinsey & Company identificó 12 sectores de tecnología emergentes que tienen el potencial de tener éxito en varias dimensiones del sistema alimentario.

Según el portal, las innovaciones en Big Data,Internet de las cosas, etc. transformarán un sector que a menudo se caracteriza en demasiadas partes del mundo por la pobreza y el desperdicio. Pero el potencial de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial para promover el desarrollo sostenible en las zonas rurales no puede darse por sentado.

Aunque la producción mundial de alimentos se cuadruplicó entre 1960 y 2010, en gran parte gracias a la tecnología y la expansión del comercio, esto no dio lugar a mejores resultados para los productores de alimentos, los consumidores o el medio ambiente. Los agricultores se encuentran cada vez más en un equilibrio de alto volumen/bajo precio, donde las ganancias que podrían sacarlos de la pobreza se ven parcialmente erosionadas por los precios más bajos asociados con el aumento de la oferta.

Por otro lado, alrededor del 80% de las personas pobres extremas del mundo vive en áreas rurales y el 65% de los adultos pobres que trabajan se ganan la vida con la agricultura, según un análisis del Banco Mundial de 2016. Paradójicamente, las mismas personas que se pasan la vida produciendo alimentos son las que menos seguridad de obtener alimentos tienen en el mundo. A nivel mundial, el hambre aún afecta a 815 millones de personas.

Asimismo, según Juergen Voegele, directo senior de Práctica Global de Agricultura y Alimentos del Banco Mundial , la producción de alimentos se ha mantenido con éxito con el crecimiento de la población, sin embargo, las enfermedades relacionadas con la dieta se han convertido en una de las principales causas de muerte prematura. 

Para Voegele, la verdadera pregunta, entonces, no es si las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial nos ayudarán a producir más alimentos. Es si acaso tienen el potencial de cambiar el modelo actual a un sistema más inteligente que pudiera mejorar las condiciones de los productores, consumidores y el planeta.

"El potencial de cambio se hace evidente una vez que se considera la complejidad del sistema alimentario", asegura. Es decir, dicho sistema se relaciona con los 570 millones de establecimientos rurales que producen nuestros alimentos y las 7600 millones de personas que los consumen. Además de aproximadamente 100,000 empresas que suministran insumos para la actividad agrícola, como semillas, fertilizantes, productos financieros y seguros, etc. El ejecutivo del Banco mundial indica que, por ello, no es de extrañar que las empresas basadas en datos como Amazon y Alibaba se estén metiendo en el negocio de la comida.

"Está empezando a quedar claro por qué Amazon compró Whole Foods", informó CNBC en junio, un año después de la adquisición de Whole Foods por parte de Amazon. "Por un lado, tiene en sus manos una gran cantidad de datos de compras, que serán útiles a medida que Amazon expanda sus tiendas de comestibles en línea y sus ofertas de marcas privadas".

La tecnología digital es un cambio de panorama para el sistema agroalimentario, ya que reduce drásticamente el costo de vincular a los compradores y vendedores en los mercados. A su vez, una mayor eficiencia en los mercados de flujos de fondos y productos derivados podría generar precios más altos para los agricultores y una mayor competencia entre los intermediarios.

Voegele señala que "un nuevo equilibrio volumen/precio de los alimentos también mejoraría el planeta, reduciendo el consumo de agua y el uso de la tierra, la emisión de gases de efecto invernadero y otras formas de contaminación que se generan para producir una asombrosa cantidad de alimentos que nunca se consumen". 

En los últimos años, foros como Seeds & Chips en Milán y el EAT Forum en Estocolmo se han convertido en focos de creatividad, donde los empresarios que están reconsiderando los alimentos se mezclan con defensores, políticos e investigadores. 

Si bien los tiempos son emocionantes para los empresarios de tecnología agrícola, es demasiado pronto para declarar la victoria por un desarrollo incluyente y sostenible. Las tecnologías disruptivas podrían ayudar a distribuir alimentos, riqueza y datos, reducir el hambre y el desperdicio, y empoderar a los agricultores para que produzcan alimentos más valiosos, resilientes al clima y nutritivos para sus clientes. O podrían estimular una consolidación del sector alimentario, permitiendo que unas pocas empresas dominen el mercado, limitando las opciones de alimentos y expandiendo las malas prácticas en lugar de corregirlas.

"Algunas de las opciones de política que pueden dirigir el sistema alimentario hacia mejores resultados han sido claras durante años. Los esquemas de certificación ecológicos, la información nutricional útil para el usuario, las reglas de adquisición local y los incentivos para la conservación tienen un papel que jugar en la batalla por sistemas alimentarios más nutritivos y sostenibles", señala el especialista.

No obstante, lo que es menos obvio-agrega- es el marco de políticas que los gobiernos deberían adoptar en relación con los datos de la producción agrícola y los consumidores, y cómo respaldar una economía alimentaria sana, diversa, competitiva y verdaderamente sostenible en el futuro.

"El cambio va más allá de la tecnología. Las innovaciones políticas se necesitan con urgencia. Lo que está en juego es la profundidad de la transformación agrícola y la maximización de sus dividendos para millones de pequeños productores de alimentos, así como para los empresarios de alimentos y los consumidores de todo el mundo", concluye Voegele.

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