Módulos Temas Día

Mirando los Negocios al Revés Jorge L. Boza Jorge L. Boza

EL SEÑOR ASPERGER Y YO. CREATIVIDAD, PELOTAS Y CASTILLOS.

Dedicado a la Princesa del Castillo dónde quiera que ella se encuentre y quién quiera que ella sea. Porque un día sé que la encontraré y entonces, iré por ella hasta la torre más alta, la liberaré del fiero dragón y me la llevaré conmigo para hacerla feliz por siempre. 

Admito, como dueño de la pelota, que llevársela cada vez que el equipo rival estaba metiéndonos una soberana paliza y la cosa comenzaba a ponerse color de hormiga, distaba mucho de ser una solución ajustada con los cánones deportivos. Pero cuando se trataba de salvar el honor de uno (y de los otros 5 jugadores del equipo que también se beneficiaban con la medida de fuerza) todo valía.

Pero, ni el ser el jugador de fútbol más hábil del parque, ni el tener el coraje suficiente como para llevarme el balón en momentos previos a una goleada, me garantizaron jamás la amistad de los niños del vecindario. Muchos pasajes de mi propia infancia los recuerdo casi en completa soledad. Tuve siempre mejores vínculos con libros y mascotas que con gente de mi edad. Escondido detrás de un viejo sillón y acompañado por decenas de tratados y obras literarias, la pasé distraído tardes enteras de invierno mientras las esculturas de bronce que adornaban la sala de mi casa me hacían muda compañía.

Mi afición por la búsqueda de patrones en la naturaleza y por escuchar una misma canción unas cuarenta veces seguidas antes de cambiarla se volvieron parte inherente de mi personalidad. Pero los problemas no terminaron con mi niñez. De adulto también tuve dificultades para desenvolverme en un mundo que no comprendía. La mínima capacidad de empatizar con las personas tuvo como justa retribución la poca empatía que yo generaba hacia ellas. Cada vez que alguien se acercaba demasiado y me hacía sentir vulnerable yo amenazaba con llevarme mi pelota. Como resultado perdí de mi lado a las pocas personas que fueron muy importantes en mi vida.

A una corta edad me habían diagnosticado con hiperactividad aguda, cosa que me sirvió para justificar ante mis padres las cien mil diabluras y 850 vidrios rotos que hice en mis años de niñez. Pero esta condición no explicaba otras decenas de situaciones que me acompañaron desde pequeño hasta ya ser un hombre. La mayor parte de mi vida carecía de toda lógica.

Hace solo unas semanas y en un rutinario chequeo me diagnosticaron el Síndrome de Asperger. Añadido a mi hiperactividad, la mezcla de ambos equivale a cargar en la espalda un cóctel de nitroglicerina con dinamita.

Recién entonces, mi mundo comenzó a tener sentido sí eso es posible en uno donde la mayor parte del tiempo las cosas simplemente no lo tienen. El mío no es como el de ustedes, hay muy pocas personas en él. No se conversa habitualmente pero si observamos con extraordinario detalle cualquier objeto, estímulo o patrón que encontremos en el entorno.

La ausencia de amigos y de contacto con otras personas tiene como consecuencia una muy escasa exposición a modelos sociales que nosotros pudiéramos usar para seguir e imitar. Entonces, a falta de estos patrones de conducta tenemos que crear los nuestros. En cierto sentido, esta limitación ayudó a mantener mi creatividad a los niveles de un niño de 5 años cuya mente aún no ha sido estandarizada por la escuela.

CASTILLO

El dibujo muestra cómo opera la que yo llamo “creatividad social” en la mayoría de las personas. Si usted le pregunta a un adulto que es lo que ve en la figura es posible que le dé una muy detallada descripción de la misma. Si, en cambio, usted le hace la misma pregunta a un niño de 5 años, éste le responderá diciendo lo bien que se ve la princesa dentro del castillo o tal vez describa al valiente príncipe luchando contra el fiero dragón en uno de los patios del castillo. Al copiar patrones del grupo usted desarrolla su creatividad bajo límites muy parecidos a los que han desarrollado sus demás integrantes. Como resultado sus ideas se parecen a las de los demás miembros del grupo. Esto no sucede aún con los niños pequeños que suelen estar más enfocados en sí mismos que en los demás y por lo tanto el impacto del grupo en sus mentes e imaginación es mínimo.

Mi mente también ve dragones y princesas dentro del castillo. Eso posiblemente me haya ayudado a crear ideas de negocios que otras personas no ven. Mi mente no sufre de comportamiento de manada. Soy un Asperger. Al no tener facilidades para socializar yo no copio patrones ajenos sino más bien creo los míos. Como resultado, produzco en cantidades anormales pensamientos e ideas inéditas y diferentes.

Silicon Valley es de lejos el lugar del mundo con más gente con Asperger por milla cuadrada. Lo tuvo Steve Jobs y Albert Einstein, y lo tienen Bill Gates y Elon Musk. Algunos afirman que tener el Síndrome de Asperger puede ser una increíble ventaja en el valle de Santa Clara, en California. No lo sé. No dudo que tenga ventajas pero al no ser entendido por las personas que no lo tienen nuestro diario vivir puede ser muy complicado. Lo cierto es que el Asperger me ha dado cosas buenas pero también cosas malas. Yo he tenido grandes pérdidas en el afán de ser entendido en vez de entender, de ser comprendido en vez de comprender y en ser querido en vez de querer.

Definitivamente, lo que estoy aprendiendo de mi vida con el Asperger espero que me sirva para no volver a llevarme nunca más la pelota a casa, así yo vaya a perder por goleada.

 

 

Leer comentarios ( )