“Si un diplomático no sabe lo que está diciendo, entonces su credibilidad sufre”

Nicholas McCaffrey, embajador de Australia en el Perú, considera que el equilibrio entre lo personal y lo profesional se imparte dando el ejemplo. Gusta de la lectura, así como de practicar tenis y footing.

Proyección. Tras concluir su misión como embajador en el Perú, en diciembre, el diplomático regresará a Canberra (Australia).

Por: Redacción Gestión

Trabajó con ocho embajadores antes de asumir el liderazgo de la embajada de Australia en Perú . Y, si bien considera que la vida de un diplomático puede ser un poco difícil, Nicholas McCaffrey se siente orgulloso de poder asumir dicha responsabilidad.

¿Qué significa para usted representar a su país?
Es fácil, porque acá, en el Perú , Australia tiene una imagen positiva. Esto está ligado a nuestra marca internacional.

¿Cómo describiría su experiencia en el Perú hasta la fecha?
Ha sido fabulosa durante estos casi cuatro años. En cuanto a mi trabajo como embajador, es una experiencia muy gratificante gracias al equipo que tenemos.

¿Cuál fue la clave para el trabajo en equipo?
El reto para todo líder es motivar a su personal. Si tienes gente motivada crearás un buen ambiente, donde el equilibrio sea importante. Esta es la clave del éxito.

¿Cómo fomenta el equilibrio entre sus colaboradores?
Dando un horario flexible de trabajo para que puedan hacer las actividades que les gusten. El otro día leí que la mayoría de los líderes que han tenido éxito profesional hacen deporte, así que me quedé con ese pensamiento. Eso es parte de buscar el equilibrio.

¿Y usted también posee ese balance?
Sí, claro. Por ejemplo, los sábados y domingos practico tenis en el malecón de Miraflores. También hago footing. Con esto busco mostrar un mensaje claro a mis colaboradores dando el ejemplo.

¿Logra desconectarse del trabajo al salir de la oficina?
Sí. Yo salgo de acá, entro en mi casa y hago clic. Tengo tres niños y una esposa. Tenemos también dos conejos. Cuando uno de los animalitos se escapa, yo tengo que ir tras él (risas). Sin embargo, siempre una parte del cerebro está activa, en alerta.

¿De qué forma?
Ser embajador implica llevar mi teléfono a todos lados, porque este puede sonar en cualquier momento, y un buen profesional tiene que estar atento a cualquier situación.

¿Considera que es un jefe accesible?
Tenemos un organigrama bastante horizontal. Somos una embajada pequeña. En total, 25 personas, entre ellos seis diplomáticos. Es imposible hacer un buen trabajo, si como líder no estoy en comunicación constante con cada uno de ellos.

¿Cuáles considera que son los rasgos que lo definen como líder?
Ser una persona que siempre trata de hablar con cortesía. También intento estar bien preparado, porque si un diplomático no sabe lo que está diciendo su credibilidad sufre. Además, soy accesible y la gente puede venir a hablar conmigo.

¿Qué actividades le gusta hacer durante sus horas libres?
Estar con mi familia. Los sábados soy taxista para ellos. En la mañana, tengo que llevar a mis hijos a sus clases de tenis y a mi hija a sus clases de circo. Me concentro en ellos, en el ejercicio y en la lectura. Me gusta mucho leer en la noche.

¿Qué libro lee actualmente?
Estoy leyendo un libro que se llama “La invención de la naturaleza: El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt”, que fue escrito por Andrea Wulf. Es increíble.

En diciembre termina su misión en el Perú. ¿Qué experiencias le deja el país?
Será difícil para mí y mi familia irnos. Hemos generado vínculos amicales y laborales. Yo dejo a un gran equipo aquí. Pero lo que definitivamente no extrañaré será el tráfico de la ciudad.

¿Cuáles son sus planes a mediano plazo?
Regresar al Ministerio de Canberra, en Australia, y después de tres o cuatro años buscaré un puesto fuera del país nuevamente. Ya veremos.