El otro cine peruano bajo la lupa

Aunque la producción creció en dos décadas, en algunas regiones la llegada de multisalas generó un efecto contrario. Netflix se suma como canal de distribución.

cine. (Foto:USI).

Por: Karen Rojas Andia

Escena 1.“Wiñaypacha” (Puno), la primera cinta en idioma aymara, y “La Casa Rosada” (Ayacucho) llegaron este verano a cartelera, estuvieron siete semanas, reunieron más de 25,000 espectadores y se situaron entre los largometrajes nacionales más vistos del primer semestre.

Escena 2. El hito: ambas marcaron una excepción a la regla en un mercado en donde la proyección de cintas regionales suele limitarse a circuitos alternativos.

Escena 3. A pesar del crecimiento del cine peruano (hoy se estrenan más cintas nacionales por año: al menos una veintena desde el 2013) y la consecuente captación de nuevas audiencias, ¿es alentador en panorama para las cintas regionales?

Aunque el cine hecho en regiones se concreta en general con escasos recursos, en el periodo comprendido entre 1996 y 2016 ha superado 200 producciones: 147 películas (75”) y otras 217 (45”). Con lo cual los largometrajes producidos en provincias superan en cantidad a los de la capital que sumaron 136 y que llegaron a su vez a multisalas.

“Hay una curva ascendente de producción en provincias”, sentencia Emilio Bustamante, investigador de la U. de Lima. El director iquiteño de cine Paco Bardales complementa que el crecimiento del cine en regiones se ha dado tanto en cantidad como en calidad. “Hay también variedad: en la Amazonía hubo un boom de cintas de terror pero ahora se replican los melodramas”.

En efecto, según Pierre Emile Vandoorne, de la Dirección de Audiovisuales y Nuevos Medios del Ministerio de Cultura, se registra un notable dinamismo en postulaciones de proyectos impulsados desde regiones a concursos organizados por esa entidad: mientras las postulaciones de Lima crecieron 164%, las provenientes de provincias lo hicieron en 433% entre 2011 y 2017.

“Sí vemos un incremento y una diversificación: documentales, largometrajes de ficción, cintas en lenguas originarias, cortometrajes, solicitud de apoyos para posproducción, también proyectos de gestión cultural y formación”, enumera.

Más allá de la producción, ¿cómo se comporta la distribución? Para Paco Bardales, ya hay un público que consume las películas que se producen en su localidad dentro de sus sistemas propios de distribución.

Esto queda sustentado en el estudio “Las miradas múltiples: cine regional peruano”: el circuito de exhibición aún es restringido limitándose a auditorios, losas o salas municipales, siendo la exhibición itinerante la modalidad a la que más se recurre, ya que la proyección en multicines en casi inalcanzable. No obstante, según el coautor de la investigación Emilio Bustamante, en varias de las provincias donde han arribado multicines se ha registrado una merma de espectadores para las películas locales y, por tanto, una caída de la producción. “Aunque hubo menor producción en Puno o Ayacucho, ocurrió lo contrario en Junín y Cajamarca”.

Indica también que de 1996 al 2016, de las 200 cintas hechas en regionales, solo 17 llegaron a multisalas, aunque no necesariamente a nivel nacional.

Bardales señala, sin embargo, que hoy el sistema de distribución se ha flexibilizado y extendido: “si en algún momento cintas como “Cementerio General” necesitaban tener estándares de películas limeñas para llegar al nivel nacional, ahora también hay producciones más independientes; además se han abierto más ventanas para distribución”.

Entre estas destacan los circuitos de festivales ( “Wiñaypacha”) e incluso plataformas de entretenimiento como Netflix (“Desaparecer”).
Bustamante aclara que no todos los directores de cine regional aspiran a que sus producciones se exhiban en multisalas a nivel nacional. “Hay quienes buscan que sus cintas sean vistas a nivel comercial solo en su localidad (…). Asimismo, son varios los que quieren mantenerse como amateurs”, remata.

Bustamante señala que el financiamiento para cintas regionales generalmente es propio. Asimismo, los montos varían drásticamente: “Wiñaypacha” costó cerca de S/ 420,000. De su lado, Vandoorne hace referencia al proyecto de ley de cine que contempla que el 30% de los fondos concursables se destine a regiones. “Esta reserva mínima generará que la actividad cinematográfica se dinamice e impulse en distintas regiones”, señala.