"Pejenomics" o la economía según López Obrador: una incógnita para los mexicanos

López Obrador, favorito para las elecciones de julio, atribuye a "la descomunal deshonestidad del periodo neoliberal" el bajo crecimiento de México, la caída del poder adquisitivo y el establecimiento de una "economía de élites".

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(AFP)  Andrés Manuel López Obrador enciende multitudes en campaña prometiendo que de ser presidente de México acabará con el saqueo y la corrupción "infame" del modelo neoliberal, pero luego asegura a empresarios que respetará la inversión y mantendrá pulcras las finanzas: ¿A quiénes dice la verdad?

"En México domina una mafia en el poder. Es un grupo que se ha beneficiado al amparo del poder público, que se han hecho inmensamente ricos a costa del sufrimiento de los mexicanos", dijo el candidato izquierdista a la cadena local Televisa, días atrás.

López Obrador, favorito para las elecciones de julio, atribuye a "la descomunal deshonestidad del periodo neoliberal" el bajo crecimiento de México, la caída del poder adquisitivo y el establecimiento de una "economía de élites".

Esto, junto a su propuesta de un plan inspirado en el "desarrollo estabilizador", periodo entre 1950 y 1970 de gran crecimiento pero dirigismo económico en México, han hecho que sus detractores teman una ruta de populismo y crisis estilo Venezuela.

El presente de la segunda economía latinoamericana, y decimoquinta mundial, está lejos del ideal.

Su crecimiento promedio en lo que va del siglo ha sido apenas mayor a 2% anual, anémico comparado con el 9% de China, paradigma de la apertura comercial por la que México apostó también en 1994 con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Desde entonces ha consolidado un vibrante sector manufacturero orientado a exportar principalmente a Estados Unidos, pero este progreso ha sido insuficiente para 53,4 millones de mexicanos que viven en pobreza, 44% de la población. Por lo que varios considera pertinente cuestionar este modelo y sus resultados.

"Plantear este cambio de rumbo, o sea, no hacer las mismas cosas que hemos estado haciendo los últimos 30 años, es el principal acierto", dice César Salazar, investigador económico de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Para López Obrador, conocido por el apodo de "El Peje", es la corrupción la que bloquea el acceso de millones de mexicanos a la prosperidad.

Su diagnóstico es simple: erradicando este mal ahorrará más de 500.000 millones de pesos anuales (26.600 millones de dólares) con los que, asegura, solventará grandes inversiones públicas.

"Pejenomics" 

Para Marco Oviedo, economista del banco británico Barclays, financiarse con fondos rescatados de la corrupción es irreal, incluso juntando todo lo desviado en casos escandalosos durante el actual gobierno de Enrique Peña Nieto.

"Si acumulas todo lo que está registrado de desvíos, de desfalcos, no dan los 500.000" millones, apunta Oviedo, cuyo cálculo equivale a 0,5% del PIB (unos 90.000 millones de pesos).

Otra propuesta de reducir la burocracia tampoco bastaría. Oviedo estima que eliminando incluso ministerios completos se ahorraría "a lo más" 20.000 millones de pesos anuales.

Pero el mayor obstáculo para sus planes, resumidos recientemente en un documento titulado "Pejenomics", es su desconfianza en la élite empresarial.

Sus anuncios de revisar, por sospecha de corrupción, más de 100 contratos petroleros multimillonarios firmados con privados, tras una histórica apertura del sector energético en 2014, y de cancelar la construcción de un nuevo aeropuerto para la capital, valorado en 13.000 millones de dólares, irritan a inversionistas locales y extranjeros.

Carlos Urzúa, prestigioso economista propuesto como su ministro de Hacienda, responde que los contratos "se van a respetar y se van a cumplir".

El experto, que se ha reunido con inversionistas en México, Nueva York y Londres, promete una estabilidad macroeconómica ejemplar, con libre flotación cambiaria, autonomía del banco central, inflación controlada y finanzas austeras.

"Las cuentas no dan"

Una prioridad es aumentar la inversión pública, que con Peña Nieto cayó a mínimos históricos, a 3% del PIB, para financiar proyectos como un programa laboral para millones de jóvenes socialmente vulnerables y grandes obras de infraestructura.

Pero solventarlo hace imprescindible asociarse con los privados, blanco de sendos dardos de López Obrador al calor de la campaña.

El enfrentamiento escaló recientemente cuando el poderoso Consejo Mexicano de Negocios rechazó que el candidato calificara a algunos de sus miembros de "traficantes de influencias" que "se benefician de la corrupción".

Otra propuesta de frenar la apertura petrolera mermaría adicionalmente el arribo de inversiones, advierten expertos.

"Las cuentas no dan", resume Oviedo sobre el balance entre sus propuestas y cómo financiarlas.

Salazar comparte esta misma inquietud pero descarta ver al país convertido en Venezuela pues a diferencia del sudamericano, dependiente del petróleo, México es una economía diversificada y abierta.

Raymundo Tenorio, académico del Tecnológico de Monterrey, teme que sus planes generen "un desorden financiero" que vulnere el crédito del país.

Aunque busca emular un modelo socialdemócrata europeo, los resultados serían más parecidos a la Argentina de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015), promotores de un Estado benefactor a costa de la elevada inflación y la debilidad crediticia, considera Tenorio: "si este señor llega a ser presidente, yo ruego que no cumpla lo que promete", concluye.