Abucheo a altos funcionarios de Trump abre debate sobre respeto a privacidad

El caso de los más de 2,000 niños inmigrantes separados de sus padres en la frontera con México ha motivado que varios responsables cercanos a Donald Trump hayan sido blanco de mofa y escarnio en su vida privada.

Trump insiste en su política de aranceles elevados. (Foto: AFP)

Por: Agencia EFE

Los directores de los restaurantes mexicanos en los que miembros del Gabinete del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han sido abucheados recientemente guardan silencio, pero sus trabajadores se debaten entre el derecho a protestar y la protección de la vida personal de los integrantes del Gobierno.

La tensión entre las organizaciones de derechos civiles y la Administración Trump se acrecentó la última semana a raíz de los más de 2,000 niños inmigrantes separados de sus padres en la frontera con México, situación que ha motivado que varios responsables cercanos al mandatario hayan sido blanco de mofa y escarnio en su vida privada.

Este ha sido el caso de la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, una de las caras visibles de la retórica antiinmigrante del Gobierno de Trump.

"Ha comido aquí varias veces (Nielsen). No sabíamos quién era, pero suponíamos que era alguien del Gobierno por los guardaespaldas que siempre la siguen a todos lados", dice un trabajador del restaurante MXCD Cocina Mexicana de Washington, que pide permanecer en el anonimato.

El establecimiento fue escenario de una de las protestas contra Nielsen, que fue abucheada durante más de diez minutos por una decena de activistas que entraron al lugar haciéndose pasar por clientes con ganas de aprovechar la "happy hour" ("hora feliz"), uno de los rituales de los washingtonianos después de trabajar.

El empleado, de origen hispano, se pregunta dónde está el límite del acoso verbal a miembros del Ejecutivo estadounidense.

"Obviamente no estoy de acuerdo con sus políticas y entiendo a los activistas, pero la señora (Nielsen) viene aquí para comer tranquila y nosotros la atendemos de la mejor manera posible. Todo el mundo es bienvenido a nuestro restorán", señala, mientras sonríe amablemente a unos clientes que salen del local.

Después de la polémica levantada tras la publicación de un vídeo dentro del MXDC que se hizo viral, en el que se escuchaban gritos de "¡vergüenza!" y "¡culpable!" hacia Nielsen, el personal de este restaurante expresó en un comunicado que está "totalmente en contra de la separación de las familias y cree en la libertad de expresión".

Sin embargo, los trabajadores recordaron también que el MXDC "sirve gentilmente a todos los huéspedes que cruzan las puertas" del local, situado a dos manzanas de la Casa Blanca, residencia del atípico mandatario.

El episodio contra Nielsen pasó poco antes de que Stephen Miller, uno de los asesores de Trump, que forma parte de la línea dura en temas de inmigración, fuese tildado de "fascista" mientras cenaba en otro restaurante mexicano de la capital estadounidense, el Espita Mezcalería.

"Sin comentarios" es la respuesta de los dos primeros empleados con los que intenta hablar Efe, que se disculpan por no ser de más ayuda mientras limpian las mesas de la terraza exterior de este establecimiento, conocido por su amplia gama de mezcales y tequilas servidos hasta la madrugada.

Otro trabajador que parece de más rango, sin embargo, comenta que las leyes de restauración son "claras" sobre no discriminar a nadie con base en sus creencias políticas o religiosas, motivo por el que Miller volvería a ser bienvenido en el restaurante inspirado en sabores y técnicas de la cocina del sur de México.

A pesar de la asertividad de sus palabras, el clima que se respira en la mezcalería mexicana desde lo acontecido con Miller denota que casos como este pueden hacer tambalear un negocio.

Por un lado, los sectores liberales critican que restaurantes mexicanos reciban con los brazos abiertos a personas que públicamente han ofendido a su pueblo, mientras que, por el otro, los más conservadores lamentan que dejen entrar a aquellos que quieren alterar la vida privada de los políticos.

Ante estos casos, la estrategia de los restaurantes es clara: Cerrar filas y comentar lo menos posible sobre lo sucedido.

Los trabajadores, no obstante, se debaten entre el derecho a protesta de los activistas y el respeto a la vida privada de los altos cargos de la Administración Trump.