De los trapos al motor: ruta del lujo local

Especial 25 años de Gestión. Con la mejora económica, las marcas de lujo aterrizan ahora en Perú a la caza de una clase media que se permite un artículo de lujo como una recompensa periódica a su esfuerzo.

De los trapos al motor: ruta del lujo local

Por: Redacción Gestión

"Al principio, existían ateliers o tiendas muy especializadas y concentradas en un público muy reducido, pudiente. Con la mejora económica, las marcas de lujo aterrizan en Perú a la caza de una clase media que se permite un artículo de lujo, no como una constante, pero sí como una recompensa periódica a su esfuerzo".

Consultado sobre la evolución del mercado de lujo en los últimos 25 años, el experto en marketing Rolando Arellano ensaya esta primera reflexión. Y agrega que la gran diferencia entre la década del 90 y la primera década del nuevo milenio está en el concepto y el acceso al lujo.

Gestión publicó este año un análisis sobre ese tema y sobre cómo los conceptos de lujo cambian de mercado a mercado: Zara puede ser lujo para el sector C, concluía la nota.

El lujo se ha ido abriendo paso desde que sus primeros actores ocupaban un espacio reservado a unos pocos, pues hace 25 años, aunque existía una clase acomodada, la clase media había sido casi aniquilada por la retahíla de errores estatales.

"Acá la gente o tenía plata o no tenía nada, no había punto medio", recuerda Eduardo Castañón Clark, chef ejecutivo de La Rosa Náutica, uno de los restaurantes premium más añejos de la Lima de entonces.

Hitos Pero desde los tímidos noventa de La Rosa Náutica han pasado varios millones de facturación e inversión en un rubro que tiene sus hitos ineludibles.

En noviembre del 2010, por ejemplo, el Jockey Plaza inauguraba su Boulevard de lujo después de desembolsar US$ 50 millones y lograr que marcas como Salvatore Ferragamo abrieran tienda.

Menos de dos años después, con la facturación de su lado, llegaba la segunda etapa y se sumaban marcas como Carolina Herrera y Armani, aunque en versiones más accesibles que su línea premium. Para la tercera etapa no esperaron tanto. Hoy se han sumado marcas low cost a ese lujo primigenio y el centro comercial facturó en el 2014 US$ 800 millones, 18 años después de su apertura.

También en el 2011, Lima despertaba con el cielo invadido por un edificio altanero, el más alto de entonces: el hotel Westin se imponía con sus 74,000 metros cuadrados y US$ 130 millones de inversión.

En el 2012, se sumaba otro competidor: el Hilton aterrizaba en tierras miraflorinas por un costo de US$ 70 millones.

Otro sector clave que ha cambiado su rostro es el automotor. Si antes las marcas de lujo tenían como máximas fichas a nombres como Mercedes Benz o BMW, en el 2014 se sumaron nombres como Porsche que, como publicó este año Gestión, para el 2015 tiene la meta de superar la marca de 200,000 unidades vendidas.

Asimismo, Terry Hill, director general de Jaguar Land Rover América Latina, declaró para este diario que a finales del 2015 llegan con su portafolio entero.

Y por mar la cosa no es distinta: hoy el peruano de clase alta está listo para pagar por un yate por encima de los US$ 2 millones.

Carlos del Solar es otro actor antiguo en los negocios de lujo. El empresario que representa marcas como Ermenegildo Zegna, Etro y Moschino, viene apostando por los trapos premium desde 1999. "Pero creo que todo reventó cuando abrimos con Ermenegildo Zegna en el 2006". Para el empresario, entonces empezó la sofisticación del consumidor.

"Empezaron a ver mucho más con Internet y estaban más dispuestos a pagar por una prenda de diseño, de materiales de lujo". Lo aspiracional los motivaba.

Cifras y datos

1. Al sur. El Boulevard de Asia abrió sus puertas en el 2003. Este año, Diego Prado, su gerente comercial anunció que esperan sumar 10 locales más en el 2016. Más allá, en Paracas proyectos inmobiliarios de lujo han dado rienda suelta a la oferta en los últimos años.

2. Mercado. En el 2013 el mercado del lujo movió US$ 30 millones. Un año después alcanzó los US$ 36 millones.

3. Seis. Este año, llegó a Lima el empresario inmobiliario Jorge Pérez. Él dijo, sin ambages, que acá no hay lujo hotelero e informó a este diario su intención de construir un hotel de seis estrellas en una zona de San Isidro, Miraflores o Barranco.