Tesla, último ejemplo del desamor de las empresas por los mercados bursátiles

El perfil de las empresas presentes en Wall Street cambió de golpe. Son más grandes, con una capitalización en promedio diez veces más importante en el 2005 que en 1975.

FOTO 4 | 4. Tesla

Por: Agencia AFP

Al evaluar retirarse de la bolsa, Tesla ilustra el creciente desinterés de las empresas estadounidenses por Wall Street , el símbolo de las finanzas que ya no parece ser una etapa inevitable para las compañías que desean crecer.

El número de empresas que cotizan en bolsa en Estados Unidos se cortó por la mitad desde su pico en 1997, constata René Stulz, profesor de economía en la universidad de Ohio, en un estudio. Es 25% menor de lo que era en 1976.

Además, tomando en cuenta el crecimiento demográfico, "se pasó de 23 empresas cotizadas por un millón de habitantes en 1976 a once empresas en el 2016", resalta en un texto publicado en junio por el organismo especializado en investigación económica NBER.

Y eso a pesar de estrellas de la Bolsa de Nueva York como Apple, que acaba de pasar el techo de los US$ 1,000 millones de capitalización.

El número de empresas en Bolsa se está recomponiendo desde el 2016, pero falta confirmar esta tendencia. Muchas desaparecieron luego de ser adquiridas por otros grupos. Otras se retiran cuando no respetan las reglas o cuando prefieren, como Tesla, desarrollarse fuera de la mirada escrutadora de los inversionistas, que exigen resultados rápidos, y de las autoridades, que exigen transparencia.

Al mismo tiempo, son menos las sociedades deseosas de recaudar dinero en los mercados bursátiles, sobre todo las más pequeñas.

¿Resultado? En 1975, el 61.5% de las empresas en bolsa tenían menos de US$ 100 millones en activos (tomando en cuenta la inflación). En el 2005, eran solo 22.6%.

El perfil de las empresas presentes en Wall Street cambió de golpe. Son más grandes, con una capitalización en promedio diez veces más importante en el 2005 que en 1975. También son más antiguas: en promedio tienen 20 años, contra 12 años en 1997.

Para René Stulz, esta evolución está en gran parte ligada al hecho que las nuevas empresas dependen mucho de activos inmateriales como patentes y marcas registradas.

Pero las normas contables actuales no valoran a esos activos tanto como a las inversiones tradicionales y es más complicado para una joven empresa convencer a los inversionistas de su potencial sobre la única base de su balance contable.

Muchas prefieren ser compradas o acudir a fondos de inversiones más acostumbrados a su sector o preparados a asumir riesgos. Por lo tanto, más que limitar la información presentada al público, esas empresas están limitando el riesgo de que les roben sus ideas.

Otra consecuencia para los inversionistas: las ganancias están cada vez más concentradas en un pequeño grupo de gigantes.