No cometas estos errores comunes en tus finanzas

Especial TU DINERO. A todos nos cuesta trabajo algún aspecto de la vida. A mí, por ejemplo, me encanta comer, y, aunque suelo cuidar mi alimentación, debo confesar que hay momentos en los que prefiero darme mis gustos (y luego me arrepiento). ¿Qué hago entonces? Me doy cuenta y regreso por el buen camino.

A todos nos cuesta trabajo algún aspecto de la vida. A mí, por ejemplo, me encanta comer, y, aunque suelo cuidar mi alimentación, debo confesar que hay momentos en los que prefiero darme mis gustos (y luego me arrepiento). ¿Qué hago entonces? Me doy cuenta y regreso por el buen camino.

Pero antes no hacía eso. Por el contrario, si alguna vez las cosas no salían como me las proponía (rompía mi dieta, sucumbía a la tentación), me sentía muy frustrado. Ese sentimiento es muy peligroso y difícil de controlar. La frustración -me di cuenta- me hacía sentir incapaz de lograr nada y eso me hacía permanecer en el camino equivocado. “Ya rompí mi dieta”, me decía.

Eso mismo le pasa a muchas personas con sus finanzas personales. Las cosas no salen bien, sienten que no son capaces de seguir un presupuesto, y entonces lo abandonan: siguen gastando sin control e incluso todavía con menos cuidado. Ese perfeccionismo, que todos tenemos, en mayor o menor medida, nos hace abandonar las cosas cuando aparece la frustración.

Me costó mucho trabajo aprenderlo, y de hecho lo sigo haciendo, pero ya llevo más de un año sin abandonar mi plan de alimentación. Es cierto: en ocasiones como de más, pero son muy pocas, y, cuando eso sucede, ya no me frustro. Me doy una palmada en la espalda y sigo adelante, al día siguiente, con mi plan.

En cuestión financiera es un poco lo mismo. Un plan debe ser flexible, porque en la vida siempre aparecen situaciones inesperadas. Los recibos de la luz o del gas de repente llegan por un monto mayor al presupuestado. Lo único que podemos hacer es asumirlo y tomar decisiones proactivas (ajustar alguna otra categoría para que en el global terminemos bien el mes, sin endeudarnos).

Como mencioné: ningún plan financiero va a salir perfecto o exactamente conforme a lo planeado, pero sí hay algunos errores comunes que podemos evitar:

Tratar de navegar por la vida sin un plan de gastos
Algunos le llaman presupuesto, pero esta palabra tiene connotaciones negativas (suena a restricción, como una dieta), así que yo prefiero decirle plan de gastos. Es simplemente decirle a nuestro dinero qué es lo que tiene que hacer por nosotros. En otras palabras: nosotros damos las órdenes, tenemos control sobre él.

¿Por qué es importante? Simplemente porque, independientemente de nuestro nivel de ingreso, el dinero siempre es escaso. No podemos hacer todo al mismo tiempo. Ello implica necesariamente tomar decisiones y priorizar (cubrir primero lo que es más importante).

Un plan de gastos, entonces, es una herramienta para hacerlo. No sólo nos ayuda a saber cómo y en qué gastamos nuestro dinero: nos permite actuar, tomar decisiones y corregir el rumbo cuando las cosas salgan mal.

Usar la tarjeta de crédito para endeudarse
Muchas personas tienen que utilizar la tarjeta de crédito para terminar el mes o comprar cosas porque el dinero que ganan -dicen- no les alcanza. Eso implica necesariamente adquirir una deuda (como no les alcanza, no pagan el total sino el mínimo o un poco más). El problema es que no podemos hacer esto cada mes porque entonces la deuda sólo irá aumentando hasta volverse impagable.

Tenemos que pensar: si no me alcanza hoy si adquiero una deuda, me va a alcanzar todavía menos mañana. Porque parte de lo que ganaré mañana lo tendré que destinar a pagar parte de esa deuda (es decir, tendré todavía menos dinero para otras cosas).

Por otro lado las tarjetas de crédito son sin duda la manera más cara de endeudarnos. Muchos plásticos cobran tasas de interés arriba de 40% anual, incluso mucho más. Usarlas como medio de financiamiento implica, literalmente, ponernos la soga al cuello.

Las tarjetas de crédito deben ser usadas sólo como medio de pago, es decir, si podemos pagar el saldo completo -todo lo que nos gastamos- antes de la fecha límite de pago. De esta manera habremos gozado de un financiamiento gratuito y demás beneficios que éstas pueden ofrecer, como seguros o programas de recompensas, dependiendo del tipo de producto que hayamos contratado.

En la siguiente colaboración hablaré de otros errores muy comunes que todos podemos evitar.

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