El efecto negativo en las decisiones por la falsa percepción de superioridad

Especial TU DINERO. La posibilidad de diálogo o de negociación se ve comprometida cuando una de las personas considera tener una superioridad moral.

En los estudios de las últimas décadas sobre la conducta y las decisiones, diferentes trabajos muestran que las personas tenemos, en la mayoría de los casos, una falsa percepción de nuestros propias capacidades y condiciones. A la mayoría de las personas que se les pregunte cómo se califican respecto del promedio del resto, en casi cualquier condición, conocimiento o capacidad, considerarán que se encuentran por arriba del promedio.

No cuando se habla de la percepción de moralidad, ello es reflejo en una falsa percepción que lleva a la mayoría a considerarse con características de justicia, virtuosismo o moralidad superiores al promedio del resto de las personas.

De acuerdo con diversos estudios, a este fenómeno se le conoce como sesgo de “autoayuda”, el cual nos lleva simultáneamente a subestimar las capacidades y características del promedio de las personas y a sobreestimar las propias.

En el estudio The Illusion of Moral Superiority, de Tappin y McKay, recientemente publicado en Social Psychological and Personality Science, se señala que, dado que las personas en principio tendemos a tener más información sobre la propia conducta y menos sobre la conducta de los demás, ello propicia una condición donde nuestra evaluación de los otros tiende a descontar elementos potencialmente negativos que, en conjunto, afectan negativamente nuestra calificación sobre el resto de las personas respecto de la propia.

Las implicaciones de este fenómeno son diversas. Particularmente para nuestras decisiones, la percepción de que tomamos decisiones a partir de valores morales superiores al resto o que tenemos mejor información o capacidad para tomarlas, nos lleva con frecuencia a tomar decisiones equivocadas y a que, en temas económicos y financieros, estas perjudiquen nuestro propio patrimonio y el de nuestra familia.

Pero adicionalmente, el estudio muestra como esta falsa sensación de superioridad moral respecto del resto, puede llevar a que las personas nos sintamos en la libertad de tomarnos ciertas licencias, por decirlo de alguna forma, sobre conductas deshonestas. La lógica es muy simple, dado que me concibo como superior moralmente al resto, puedo permitirme algunos actos eventuales de inmoralidad o deshonestidad.

Con frecuencia, las decisiones que tomamos están fundadas en este principio conductual. Ello lleva a que no nos sintamos obligados a cuestionar la validez de nuestras decisiones, ni a allegarnos información complementaria o contrastar nuestra propia visión de forma autocrítica, para asegurar que la decisión que tomamos además de adecuada en términos morales, es efectivamente en nuestro mejor interés.

Esta percepción de superioridad moral, que no necesariamente se refiere a una moralidad “pura”, sino al hecho de que consideramos que tenemos más elementos de razón que el promedio del resto de las personas, puede llevar en extremos a condiciones de conflicto.

La posibilidad de diálogo o de negociación se ve comprometida cuando una de las personas considera tener una superioridad moral o de conocimientos sobre la contraparte. Y el peor escenario, de acuerdo los estudios, es cuando ambos tienen esa percepción; lo que imposibilita el diálogo y escala el conflicto.

Parte de este fenómeno, lo percibimos hoy en la nueva presidencia de Estados Unidos cuando, sin racionamiento o análisis crítico específico, se parte de la premisa de que al presidente le asiste una razón moral superior de defensa de su país, entorpeciendo cualquier diálogo o negociación.

Reconocer estos fenómenos que afectan nuestras decisiones y conductas es fundamental si queremos acercarnos a procesos que nos permitan entender las limitaciones de nuestras propias capacidades y obtener nueva información real basada en hechos y a asumir racionalmente la realidad que enfrentamos, hasta tomar las decisiones que moral y financieramente nos convengan.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en Economía Conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter:

Diario El Economista de México
Red Iberoamericana de Prensa Economica

ÚLTIMA HORA ver todas

BLOGS ver todos

Palabra de GestiónJulio Lira Segura

Retos empresariales frente a la corrupción

Atalaya EconómicaManuel Romero Caro

Qué poca vergüenza!

El cine es un espejoRaúl Ortiz Mory

Richard Starzak: "La clave del proceso de ani...

JuegomaniáticosJuan Pablo Robles

Un profesor metalero y un videojuego que educ...

WALL STREET VER TODOS

Será noticia

JOSÉ ANTONIO MONTENEGRO