Consumismo afecta sus finanzas... junto con otras variables

Especial TU DINERO Si usted culpa a la mercadotecnia de sus deudas o inestabilidad económica, cuidado: hay más variables de fondo.

Quizá haya escuchado a alguien justificando sus compras compulsivas con frases que hacen referencia a la tentadora publicidad de los establecimientos, sobre todo en fechas como el Buen Fin o la época decembrina, pero ¿qué tanto influye realmente lo que se califica como consumismo en el comportamiento financiero de las personas?

De acuerdo con Erika Soto, gerente de Estudios Técnicos y Análisis de Principal Financial Group, un entorno en el que se incentiva el consumo mediante la publicidad sólo es parte de una serie de factores que, en conjunto, hacen que una persona sea más propensa a gastar fuera de su presupuesto.

La publicidad en días festivos, de asueto, así como otras fechas especiales como cumpleaños y aniversarios puede propiciar varios gastos fuga (que al año pueden acumular hasta 40,000 pesos, según estimaciones de la especialista) que pueden verse acentuados de la mano con la tecnología, ya que ésta —mediante la publicidad en línea— empodera el consumo.

“El uso de la tecnología crece y, sobre todo, las compras en línea. La tecnología empodera al consumismo por los anuncios personalizados y las facilidades para comprar”, agregó Soto, aunque matizó que también se crean facilidades para comparar precios de varios productos, puesto que 58% de los usuarios compara en compras físicas, mientras que 73% de los usuarios on line lo hace.

No obstante, la especialista identificó otros cuatro factores relacionados con el consumismo que propician en las personas malas prácticas financieras.

La influencia detrás del consumo

Otro factor que pone en riesgo las finanzas de las personas es la costumbre e influencia de grupo que personas cercanas, como la familia o amigos, tienen en los potenciales compradores, ya que imponen distintas tendencias de consumo.

“Desde que nacemos nuestros padres nos compran todo (…) Los niños a partir de tres años ya están marcando sus tendencias de consumo con lo que ven en la casa; ven qué come papá, mamá, qué les regalan de ropa, las marcas, etcétera”, dijo Soto.

De manera similar, las recomendaciones de amigos y familiares, así como de otras figuras como la del médico en cuanto a productos y prácticas, también tienen efectos en las decisiones de las personas de todas las edades.

Aunado a esto están las estrategias comerciales de bancos y establecimientos, cuyas facilidades y recompensas son benéficas pero, en ocasiones, difíciles de controlar para la gente, y por consiguiente, resultan dañinas.

Algunos ejemplos de esto son los descuentos sobre objetivos de venta o de compra (como promociones de 3×2), el riesgo de salirse del presupuesto que propicia el pago con tarjetas, las recompensas en puntos y los meses sin intereses que promueven el uso de los plásticos como medio de pago, aunque no siempre de manera responsable.

“Siempre es bueno tener una tarjeta para hacer historial crediticio, comprar hipoteca o casa, pero los puntos se maximizan cuando es totalero, es decir, paga al corte y no tiene que pagarle nada de interés a su banco (…) En meses sin intereses persiste el ‘compre ahora y pague después’, pero hay que tener cuidado de no usarlo para la despensa, por ejemplo. Es increíble que ofrezcan meses para la comida, termina endeudado en cosas necesarias; esto sólo es útil para adquirir bienes duraderos, con una vida útil de tres, cuatro o cinco años”, refirió la especialista.

Humanos, al fin y al cabo

Además de los factores externos, Soto citó algunos estudios del campo de la economía conductual que han concluido que los seres humanos no estamos diseñados para tomar decisiones financieras tal como da por hecho la economía tradicional.

“Algunos estudios dicen que 80% de las decisiones financieras son tomadas conforme nuestro comportamiento y 20% con conocimiento; esto se ve reflejado en que usualmente no comparamos, sino que pedimos consejos al amigo o familiar para que validen la marca o producto que compramos”.

Un ejemplo de ello es la poca atención que las personas suelen tener para revisar a detalle las características de un producto durante su adquisición, lo que aunado a una publicidad efectiva, da como resultado una compra, muchas veces sin planearse.

Asimismo está la predisposición al presente de las personas por encima de las necesidades futuras, es decir, se disfruta más lo que hoy nos da un beneficio, lo que impacta directamente en cuestiones que requieren de una planeación a largo plazo —es decir, un beneficio a futuro— como el ahorro para el retiro.

¿Qué se puede hacer?

Ante este panorama, la especialista de Principal Financial Group recomendó, tanto para las personas como para instituciones, algunas medidas para ayudar a la gente a evitar caer en el consumo excesivo.

Entre las alternativas que Soto sugiere destaca el ahorro automático, es decir, domiciliar con alguna entidad financiera un ahorro periódico (semanal, quincenal o mensual) que se extraiga de su cuenta de nómina, para ahorrar sin darse cuenta, ya que hacerlo de manera voluntaria es algo que pocos hacen en instrumentos formales.

También recomendó que en caso de que perciba un ingreso extra o un aumento de sueldo, escalone su ahorro, es decir, opte por ahorrar más en vez de un gasto mayor.

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