Sodalicio, casi tres décadas de abusos a menores en Perú en nombre de la fe

Para Pedro Salinas lo que busca el Sodalicio es limpiarse rápido para mantener su poder y espacio, pero que en esencia siguen actuando igual. “El nuevo número 1, Alessandro Moroni, tiene ocho casos documentados de violencia física”, hechos que dará a conocer en un próximo libro.

Luis Fernando Figari.
Luis Fernando Figari.

(AFP) Luis Fernando Figari preparó a Santiago, como en una especie de rito, para después abusar sexualmente de él y luego llevarlo a misa. Figari fundó en Perú el Sodalicio de Vida Cristiana, movimiento respaldado por El Vaticano que acaba de admitir abusos a 19 menores.

Figari, hoy de 69 años, fundó el Sodalicio en Perú en 1971. Reclutaba a adolescentes de colegios privados de clase alta y los llevaba a vivir en comunidad como “soldados de Cristo”. El movimiento se expandió a Colombia, Chile, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Costa Rica, Ecuador e Italia.

Reconocida por Juan Pablo II en 1997 como una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio, esta agrupación liderada por laicos y que regenta varios colegios católicos en el país, admite que al menos cuatro de sus líderes, entre ellos el propio Figari, cometieron diversos tipos de abuso con 19 menores de edad y 17 mayores entre 1975 y el 2002. Casi tres décadas.

Las denuncias de muchas de sus víctimas, hoy adultos y algunos de ellos padres de familia, se dieron a conocer en el 2016 cuando se publicó el libro “Mitad Monjes, Mitad Soldados”, de los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz. Los casos suman 30.

El nuevo superior de la organización, Alessandro Moroni, reveló los nombres de cuatro presuntos abusadores: “Luis Fernando Figari, Germán Doig (fallecido), Virgilio Levaggi y Jefrey Daniels”. El martes, el Sodalicio difundió un informe sobre los abusos, encargado a una organización especializada.

Moroni reconoció que el tiempo transcurrido hace difícil poder sustentar los hechos con una evidencia probatoria irrefutable. Sin embargo, enviará todos los documentos al Ministerio Público para que determine las responsabilidades.

A inicios de año, la Fiscalía de Perú archivó las denuncias contra Figari, acusado de secuestrar y abusar de jóvenes de su agrupación, asegurando que “por el tiempo transcurrido desde la creación de dicho movimiento -más de 40 años- los delitos ya habrían prescrito, de haberse cometido”.

La ministra de la Mujer, Ana María Romero, exhortó este martes a la fiscalía a reabrir el caso.

Secta poderosa
“Nosotros dimos a conocer una organización de características sectarias que tenían un sistema de abuso de poder. El maltrato psicológico y físico era cotidiano. Había un sistema de captación de miembros desde la edad escolar. Y con técnicas de manipulación psicológica, se hacía que estos chicos, cuando llegaban a los 18 años, lo único que querían ser, era del Sodalicio”, explicó Salinas a la AFP.

“Ya adentro, te pasan la aplanadora: la obediencia es la columna vertebral y la acompañan con citas bíblicas, te hacían creer que Luis Fernando Figari era un intermediario con Dios y tu formador espiritual, de allí al abuso sexual había un paso”, agregó.

Salinas considera que lo que ha revelado el superior del Sodalicio es insuficiente, pues aún falta conocer los nombres de los encubridores, de funcionarios de la organización que, sabiendo los abusos, callaron.

“En los años 80, había un trípode que sostenía a Figari, que era: Germán Doig, Virgilio Levaggi y el sacerdote Jaime Baertl”, este último, fuera de todo informe y quien manejaba los negocios de la organización, recuerda Salinas.

Figari tiene prohibido volver al Perú y fue confinado a una casa de retiro espiritual en Roma, según una decisión de El Vaticano de la semana pasada, que no lo expulsó de la organización por considerarlo como “mediador de un carisma de origen divino”.

Seguir con vida
Salinas recuerda que al inicio de sus pesquisas fue informado que tres de los implicados estaban buscando abogados para demandarlo, pero que luego desistieron.

Recuerda que escribir el libro fue muy duro. Al recabar el testimonio de Santiago -nombre ficticio- la víctima se quebró muchas veces.

Santiago confesó que Figari le pidió sentarse en calzoncillos sobre las piernas para medir su equilibrio. En otra ocasión fue obligado a tocarle los genitales a un compañero, desnudos. Y finalmente fue sodomizado por Figari, quien luego le pidió que lo acompañara a misa.

Para el autor del libro, lo que busca el Sodalicio es limpiarse rápido para mantener su poder y espacio, pero que en esencia siguen actuando igual.

“El nuevo número 1, Alessandro Moroni, tiene ocho casos documentados de violencia física”, hechos que Salinas dará a conocer en un próximo libro.

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