La capital sudamericana que no hay que dejar de conocer

No preste atención a lo que le han dicho de la falta de atracciones de la ciudad. Olvídese de las protestas que solían impedir el acceso al centro colonial. Y deje de lado todas sus dudas sobre la comida. Esta la ciudad que debería visitar.

Foto: Bloomberg / Felipe Luna
Foto: Bloomberg / Felipe Luna

(Bloomberg).- Aun en el contexto de un continente enorme y subvalorado, La Paz, la capital administrativa más alta del mundo, es uno de los lugares menos conocidos de Bolivia. La mayoría de los viajeros apenas recalan en la ciudad para hacer una parada en la ruta hacia los preciados lagos minerales, los volcanes humeantes y el desierto lunar de sal en Uyuni. Pero todo eso está a punto de cambiar.

No preste atención a lo que le han dicho de la falta de atracciones de la ciudad. Olvídese de las protestas que solían impedir el acceso al centro colonial. Y deje de lado todas sus dudas sobre la comida.

Gracias a un período de paz y estabilidad política sin precedentes (cortesía del primer presidente indígena del país, Evo Morales), de mejora en la infraestructura y de una revolución culinaria auténtica encabezada por el cofundador de Noma, de Copenhague, La Paz está lista para su momento de gloria.

Visítela ahora y encontrará una ciudad con un increíble entorno a más de 12,000 pies (3,600 metros) sobre el nivel del mar, que posee una amalgama fascinante de estilos arquitectónicos y toneladas de encanto excéntrico, desde bulliciosos mercados hasta vecindarios alejados enclavados sobre formaciones de estalagmitas. En este momento en particular, la capital boliviana es un antídoto deslumbrante y vertiginoso contra la monotonía domesticada del estilo internacional.

Los hoteles solían ser casas de huéspedes muy sencillas o enormes cadenas estadounidenses, pero todo eso cambió con la apertura de Atix Hotel, el primer hotel boutique, construido y decorado con materiales autóctonos, en Calacoto, el barrio sureño de moda que también es el corazón de la floreciente escena gastronómica.

En el centro histórico, una zona tradicionalmente asociada a mochileros y burócratas, se inaugurará un segundo hotel boutique, Altu Qala, que será el primero (y por el momento, el único) que ofrecerá alojamiento moderno y elegante en La Paz colonial, a pasos de la tranquila Plaza Murillo.

Buena parte del atractivo de la nueva oferta gastronómica proviene de la rica Zona Sur, donde Claus Meyer, cofundador de Noma, abrió hace cuatro años Gustu, su primer restaurante fuera de Escandinavia, que ha tenido un éxito resonante.

El movimiento boliviano “Kilómetro 0” de corte netamente local – un consorcio poco estructurado de chefs de “comida lenta”, destiladores y baristas inspirados por la abundancia nacional sin explotar – debe sus orígenes a Gustu, pero uno de sus principales puestos de avanzada hoy es Ali Pacha, el único restaurante de comida fina en el centro histórico. Allí, un menú fijo creativo se aparta de las tendencias pródigas en carne de la cocina tradicional boliviana para enfocarse en las frutas, verduras y hierbas que históricamente desempeñaron un papel secundario en las cocinas locales.

Propiedad Pública, un espacio romántico, lleva impreso el concepto de Kilómetro 0, al utilizar exclusivamente ingredientes bolivianos para preparar excelentes platos de comida italiana.

A las afueras de El Alto, la inmensa ciudad satélite que se despliega sobre las alturas adyacentes a La Paz central, 1825 produce uno de los vodkas más exquisitos del hemisferio occidental, utilizando agua de glaciares andinos y trigo local.

El café también vive un momento artesanal. Como ocurrió en Colombia, donde la demanda internacional consume casi todos los granos de alta calidad, es casi imposible encontrar buen café boliviano en Bolivia. Norma Chávez y Fabio Arandia están cambiando esta situación en Typica, donde se sirve el mejor café de la ciudad en uno de los lugares indudablemente más bonitos de La Paz.

Si bien la nueva reputación culinaria de la capital se forja en la Zona Sur, es en su centro histórico donde usted encontrará el grueso de los sitios más fascinantes.

Aunque carece del legado arquitectónico de Lima o Buenos Aires, la belleza de La Paz reside en sus texturas caóticas y contrastantes. La mejor manera de explorar la ciudad – después de un día de adaptación a la altitud – es a pie.

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