Una pregunta importante: ¿es real el crecimiento en tecnología?

¿Deben las startups ser valoradas como sus competidoras de la vieja guardia (lo que significa barato) o más como las empresas de internet que están en el negocio de bytes en lugar de mercancías del mundo real?

(Bloomberg).- Hoy voy a entrar en el debate en torno a cómo valorar a las empresas “no lo bastante tecnológicas”.

Hablamos de compañías como la startup de colchones Casper, la vendedora de maquinillas de afeitar con entrega a domicilio Dollar Shave Club o Blue Apron, la empresa que vende cajas de ingredientes para preparar comidas.

¿Deben estas ser valoradas como sus competidoras de la vieja guardia (lo que significa barato) o más como las empresas de internet que están en el negocio de bytes en lugar de mercancías del mundo real?

Esa es probablemente la pregunta equivocada. Una mejor es si el crecimiento impresionante de las ventas de estas empresas que no llegan a ser tecnológicas es sostenible o un espejismo. El crecimiento es la característica mágica que infla la valuación de cualquier compañía cotizante hoy.

Pero no todos los crecimientos son iguales. Y desafortunadamente es mucho más difícil decir si el crecimiento es sostenible que si un minorista de colchones cumple con la prueba olfativa como para ser una empresa tecnológica.

Tomemos a Blue Apron. La compañía cotizó su oferta pública inicial a última hora del miércoles a US$ 10 por acción, lo cual le da un valor de cerca de US$ 2,000 millones. Esa es más o menos la misma valoración que Blue Apron tenía hace dos años cuando era relativamente raquítica.

En cuanto a su ratio del valor de las acciones a los ingresos, Blue Apron está en algún lugar entre una cadena de supermercados y una empresa de comercio electrónico, y muy rezagada respecto de gigantes de internet y de software en la nube como Facebook o Salesforce.

Los inversionistas decidieron que el crecimiento explosivo de Blue Apron -- sus ingresos, excluyendo reembolsos y descuentos, en los últimos 12 meses fue de US$ 868 millones, casi el doble del año anterior– no bastaba para justificar el precio de las acciones que la compañía quería. Los banqueros de Blue Apron tuvieron que rebajar bruscamente las acciones de la OPI en el último minuto.

Un crecimiento desenfrenado no es suficiente porque uno se pregunta si puede durar. En los últimos 12 meses, la empresa gastó en marketing 21 centavos por cada dólar de ingresos netos. Eso es mucho.

Debe gastar mucho dinero porque una parte significativa de las personas que se inscriben en Blue Apron renuncian cada mes. Si dejara de gastar tanto en publicidad por email, anuncios de podcast y pruebas gratuitas para atraer a nuevos clientes, ¿aún tendría esa impresionante tasa de crecimiento? Lo dudo.

La cuestión del crecimiento sostenible se planteará una y otra vez porque hay un grupo de empresas privadas ricamente valoradas y respaldadas por el capital riesgo que esperan para extender sus alas en el mercado público.

Si Uber, la más rica de todas las startups, dejara de ofrecer incentivos a clientes y conductores, ¿estaría creciendo tan rápidamente? Eso es más discutible, pero la empresa vale más de US$ 60,000 millones, por lo que mejor sería algún crecimiento real. El ejemplo que nos lleva a ser precavidos es Groupon, que creció como una mala hierba, pero mientras gastaba toneladas en comercialización.

Esta es la pregunta que debemos hacerles ahora a todas las empresas de tecnología. Deben demostrar que su tasa de crecimiento se mantendrá. Y si no pueden hacerlo, esas compañías “no lo bastante tecnológicas” pertenecen a la tasación de las tiendas de comestibles.

Por Shira Ovide

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