Editorial: Tropezando con el mismo barro

Editorial de Gestión. “El problema real es que ningún nivel de gobierno logra ser eficiente a la hora de gastar”.

Foto: Andina.
Foto: Andina.

HUAICOS Y PREVENCIÓN. Desde que tienen uso de razón los peruanos saben que la geografía del país genera que todos los años diversas zonas se vean afectadas por desastres naturales. No se puede evitar que estos sucesos ocurran y pocas veces se puede prever el grado de intensidad que estos desastres tendrán —el año pasado la intensidad de El Niño fue menor a la esperada—. Sin embargo, la obligación de los gobiernos locales, regionales y del Gobierno nacional es llevar adelante todas las acciones necesarias para mitigar, en la medida de lo posible, los daños que se generan.

Años atrás las excusas eran el centralismo y la falta de presupuesto. Hoy existen gobiernos regionales y locales que supuestamente conocen mejor las necesidades de sus zonas y un presupuesto destinado para prevención de desastres, pero no todos los usan de manera adecuada, en el caso específico de Lima, el alcalde ha destinado el 87% de este presupuesto, en el malecón de la Costa Verde. La grave situación que afronta el país casi en la totalidad de departamentos de la costa y algunas zonas de la sierra y selva deja en evidencia que las autoridades trabajan de manera desarticulada y sin tener planes concretos de acción para el corto y mediano plazo. Nadie puede esperar que las obras de reconstrucción empiecen inmediatamente, pero sí deberían existir refugios temporales, vías alternativas frente al cierre de caminos y otras medidas similares.

Esta vez no se trata de dinero, los municipios y gobiernos regionales ya cuentan con recursos y el ministro de Economía ha asegurado que incluso existe una línea de crédito por si las necesidades son mayores a las estimadas, el problema real es que ningún nivel de gobierno logra ser eficiente a la hora de gastar.

Pero no todo es responsabilidad de las autoridades. Las imágenes del desastre muestran que hay ciudadanos que no dudan en construir en lugares de alto riesgo sin obedecer las ordenanzas municipales. Si toda crisis es una oportunidad, esta vez las autoridades deberán actuar con firmeza y establecer planes de desarrollo urbano que impidan construcciones en zonas peligrosas, incluso si ello implica desalojar a los pobladores existentes.

La forma cómo se enfrente esta emergencia servirá de antecedente para saber si podrán enfrentar el friaje que afectará al país a mediados de año— como siempre sucede— o nuevamente se tropezará con la misma piedra.

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