Arte y diseño de vida

Carlos Vigil luchó por su objetivo: ser diseñador de modas. Dibujó modelos a escondidas y se alió con la noche para empezar su empresa.

Cada vez que hay una celebración de gala en Lima, más de una de las asistentes luce un vestido diseñado por Carlos Vigil, nacido en Chiclayo hace 50 años.

A lo largo de 25 años de arduo trabajo, Carlos se ha posicionado en los sectores A y B. “Vine a Lima a los 22 años de edad a probar suerte en la miseria absoluta”.

Ahora, Carlos es dueño de una propiedad de casi 1000 m2 y tiene su propio atelier “Carlos Vigil”, una empresa familiar que ha construido de la mano con sus tres hijas que han cursado estudios de arquitectura, diseño e ingeniería industrial.

“El arte me gustaba desde muy niño, pero eso era mal visto por las familias norteñas, más aún, considerando que mi padre era militar”.

Con telas adquiridas en EE.UU., Italia y otros países de Europa, Carlos elabora vestidos de novia que cuestan entre US$1,500 y US$1,800. “Soy autodidacta”. Cuenta que su creatividad aflora viendo los desfiles de moda que se realizan en Europa. “Aprendo mirando. Así construyo mi propio estilo”.

Cuando arribó a Lima, Carlos se puso a trabajar como laboratorista clínico, pero solo para dar gusto a su padre. La noche fue su mejor aliada para dar rienda suelta a su imaginación. Compraba polos de algodón, los que bordaba con pedrería.

Las doctoras del hospital fueron sus clientas. Con tres meses de trabajo compró su primera máquina de coser. Supo obtener ganancias cuando en la década de los ochenta la situación económica agobiaba a todos. Carlos se siente orgulloso de poder darse el gusto de vacacionar en el país que se le antoje cuando antes esto era solo un sueño.

“Las personas que tienen un sueño deben perseguirlo hasta el final. Si luchas y vas tras él, el universo se alinea y te da lo que tú quieres”, nos dice.

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GESTIÓN – 28/03/11

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