Congo encara dura tarea para superar tráfico de minerales

Los rebeldes se financian con minerales que terminan en computadoras, celulares y joyas alrededor del mundo.

Marie guarda su dinero en su sombrero, Samy en sus calcetines.

Como vendedores de oro y piedras preciosas a otros países, los contrabandistas son actores de poca monta en un negocio ilegal que mueve decenas de millones de dólares ocultos en la selva de la República Democrática del Congo.

Los nuevos esfuerzos por sofocar a los rebeldes del Congo que se financian con la extracción de minerales en el este del país – la mayor parte de lo cual termina en computadoras portátiles, celulares y joyas alrededor del mundo – son criticados por apuntar a lo imposible y arriesgar el sustento de un millón de personas que viven de la minería en la zona.

“El sufrimiento nos hizo aprender a hacer este trabajo, no podía encontrar nada más para hacer”, dijo Marie, una madre de cinco hijos, acuclillada en una choza de barro cerca de un pueblo minero, mientras vacía una bolsa de plástico de piedras rojas y verdes, entre ellas esmeraldas y turmalinas por un valor de 3,500 dólares.

Nuevas leyes de Estados Unidos exigen a las compañías que extraen minerales del Congo y sus nueve vecinos certificar que el estaño, el tungsteno, el coltán y el oro provienen de zonas libres de conflicto, lo que llevó a algunos expertos de la industria a decir que ello podría generar un embargo de facto.

Grupos de presión en Estados Unidos y el Reino Unido sostienen que acabar con los minerales generados en conflictos en el Congo ayudará a poner fin a los combates, que han desplazado a más de 1.45 millones de personas en el este del país, pese a los grandes roles que juegan la tierra, la etnicidad y la necesidad de una reforma militar.

Detractores dicen que en cualquier caso los rebeldes y soldados corruptos intercambiarán cualquier mercadería que puedan encontrar, ya sea coltán, leña, marihuana, carbón e incluso queso, elevando las posibilidades de lo que el experto en el Congo, Nicholas Garrett, denomina “hoyo conflictivo”.

RUTAS DE CONTRABANDO

Las rutas de Marie y Samy pasan por 35 kilómetros de un zigzagueante sendero de rocas entre plátanos y colinas verdes, lo que indica cuán difícil es encontrar material sobre el cual los grupos armados imponen impuestos en efectivo y aranceles en especias.

Funcionarios en un proyecto minero artesanal, Numbi, vigilado mayormente por ex miembros del grupo militante PARECO, ahora integrados al Ejército, dicen que cada noche filas de hombres dejan el lugar con bolsas de 50 kilos de contrabando y cobran 4 dólares como portadores por el espantoso trayecto.

Aseguran que los cinco mayores compradores del centro de South Kivu son todos clandestinos y compran minerales como casiterita (mineral de estaño), coltán, oro, turmalina y manganeso de siete minas cercanas, producidos por más de 400 mineros que ganan 30 dólares al mes.

“Tenemos que ocultar lo que vendemos en el mercado negro porque si los congoleños nos ven con todo eso estaremos en problemas”, dijo Samy, cuyo nombre no es verdadero, quien contrabandea piedras al otro lado de la frontera para venderlas a clientes chinos, indios y senegaleses en Ruanda y Kenia.

Las rutas de contrabando no son muy conocidas, comercializadas mediante complejas redes y transportadas a través de zonas tan peligrosas que las tropas de paz de Naciones Unidas no pueden acceder a ellas. Los expertos dicen que el material pasa por 20 manos y una decena de países antes de llegar a su destino.

“Establecer mecanismos de supervisión será inmensamente desafiante”, decía un estudio de Servicios de Consultoría en Recursos (RCS, por sus siglas en inglés) con sede en Londres, indicando además que el 2009 los rebeldes hutu FDLR de Ruanda estaban financiados en un 75 por ciento con el comercio de minerales.

No obstante, varios esquemas están poniendo presión sobre el Congo y las compañías que ganan dinero con el comercio, a fin de que confirmen que sus adquisiciones provengan de zonas libres de conflicto, desde un esquema alemán de huellas dactilares geológicas a la rúbrica del origen de cada bolsa.

IMPOSIBLE DE RASTREAR”

ITRI, un grupo de presión que debe mostrar de dónde extraen sus adquisiciones sus miembros, comenzó un proyecto piloto para etiquetar todos los minerales en una gran mina de casiterita a 50 kilómetros de Numbi, también en el sur de Kivu, donde los rebeldes hutu FDLR de Ruanda están en actividad.

“Queremos saber cuánto se extrae y cuánto de ello termina en los puntos de expendio oficiales”, dijo Jean Marc Ntwali, un consultor que trabaja para ITRI en el lugar, quien dijo que cada bolsa de 50 kilos es etiquetada, junto con nueve formularios que documentan sus trayectos.

Las estadísticas de la división minas del norte de Kivu muestran el elevado precio de esos minerales: 4.569 toneladas de casiterita por 44 millones de dólares y 98 toneladas de coltán, por un valor de 1,5 millones de dólares, fueron exportadas oficialmente los primeros seis meses de 2010.

En agosto, ITRI espera empezar a etiquetar los productos en la mina Bisie en el norte Kivu, donde miles de trabajadores artesanales producen más de 70 por ciento de la casiterita de la provincia, transportada en bolsas a través de senderos selváticos durante dos días.

El rastreo de voluminosas bolsas es bastante difícil, y ni hablar del oro, fácilmente transportable de forma oculta.

Un panel de expertos de la ONU tiene previsto recomendar a los clientes mineros del Congo que tomen mayor responsabilidad sobre la cadena de venta, en función de pautas bajo desarrollo de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, pero eso podría no ser suficiente.

“Actualmente es imposible rastrear todas las exportaciones de oro de forma efectiva. El Estado es débil y los servicios estatales mal remunerados a menudo están implicados en el contrabando de oro a lo largo de las fronteras porosas”, dijo a Reuters Nicholas Garrett, director de RCS.

REUTERS 08-08-10