Una vida de emprendimiento
Desde niño, al “Che” Gálvez le llamaron la atención los negocios, tanto así que ahora cuenta con varias empresas.
OSCAR GONZÁLEZ
(CAJAMARCA) “La revolución se hace trabajando” y “La plata se hace sin plata, la plata no se lleva”. Estos son dos pensamientos que han guiado a Horacio Gálvez Alva en todos los negocios que desde muy temprana edad ha realizado.
En Cajamarca, a este personaje muy peculiar se le conoce con el sobrenombre de el “Che” Gálvez, quien ha montado una diversidad de negocios en esta ciudad y en otros lugares del país.
Tiene dos grifos, una empresa de transportes de carga, es propietario del centro turístico La Collpa y también produce quesos y otros lácteos. “Yo empecé de la nada, desde el suelo. He logrado todo lo que tengo sin ayuda y con mucho esfuerzo”, enfatiza, muy orgulloso, Gálvez.
“Desde pequeño, me gustaron los negocios. A los seis años, en un local de unos evangelistas, en Chiclayo, pasaba películas con un aparato que construí con focos, y cobraba un real por función. En Pacasmayo, vendía loterías y periódicos y en Lima trabajé en un carrusel -recuerda-. Siempre he querido tener mi platita”.
Don Horacio nació en un pueblito de Cajamarca llamado Chilete. Dice que de allí proviene el apelativo del “Che”, aunque no oculta su admiración por el “Che” Guevara.
NEGOCIOS
Desde muy joven, estuvo vinculado al negocio del transporte y ahora tiene una flota de más de 20 camiones. En 1963, compró su primer camión para brindar servicio de transporte de carga a la minera Asarco, en el yacimiento de Michiquillay, en Cajamarca.
Con uno de sus hermanos, también se dedicó a la distribución de kerosene en Lima, que fue un gran negocio en esa época. “Pero yo siempre soñé con tener un grifo”.
Y no paró hasta construirlo en Cajamarca, y con los años abrió otro en Trujillo, con el nombre: Grifos “El Che”.
“Trato siempre de que mis grifos sean para la gente más necesitada. Yo vendo los combustibles un sol más barato que en los otros grifos”.
Mostrando una foto en la que aparece junto a Roque Benavides (gerente general de Buenaventura), comenta: “En la década de los 90, cuando recién comenzaba a operar Yanacocha, yo les fiaba gasolina. Después la empresa me pagó”.
Gálvez es bonachón y le gusta ayudar a la gente pobre. Dice que desde mucho antes de que las mineras de Cajamarca den regalos a los niños por Navidad, él ya recorría todos los años los pueblos más alejados obsequiando juguetes, y lo sigue haciendo.
Expresando su fuer te identidad cajamarquina, explica: “Compré el Complejo Turístico La Collpa para que los comuneros no lo vendan a los extranjeros. Hemos construido un mirador que tiene 400 gradas y de donde se ve toda la campiña. Pero nos falta promocionar más el turismo, estamos en pañales”.
Aunque no le gusta hablar de sus ganancias, dice que no se puede quejar y todo lo que ha ganado lo ha invertido. “No entiendo a la gente que guarda su plata en los bancos”.
El “Che” Gálvez, a sus 83 años (que los cumple hoy), sigue pensando en nuevos emprendimientos: quiere remodelar sus grifos, mejorar la fabricación de sus quesos y abrir un museo para exhibir sus más de mil piezas de colección. “Pero lo más valioso que tengo es mi familia. La plata no se lleva, se tiene que quedar”, nos recuerda.
GESTIÓN – 30/04/10