Hildebrando y una amistad sin precio
Este empresario creó Cahuana S.A.C. con S/.200. Hoy su esfuerzo le viene dando satisfacciones.
Hildebrando Cahuana (44) no esconde su orgullo de contar hoy con un local propio en Compuplaza (Centro de Lima), donde cada m2 puede costar US$7 mil. En ocho años terminará de pagar los 32 m2 que compró.
Con S/.200 prestados y la buena fe de un amigo, que le cedió un espacio de 40cmx60cm en ese mismo centro de comercio tecnológico, Hildebrando inicia en el 2005 su historia de éxito.
Cuando llegamos a su tienda N°316, lo encontramos revisando los últimos modelos de computadoras portátiles que le han llegado. “Mis clientes esperan novedades”.
Al mes vende entre 50 a 70 de esas máquinas que oscilan entre US$800 y US$1,500. Cuando empezó, en la vitrina que colocó en el pequeño espacio que le cedieron, su primera venta fue una laptop de US$500, que una amiga le dio a consignación.
“Gracias al apoyo de mis amigos es que pude empezar en esto. Me dieron la mano cuando más lo necesité. No tenía nada en los bolsillos, solo el objetivo de que debía salir adelante”.
Debido a su habilidad para vender, su amiga le cede otra portátil, pero ahora valorizada en US$1,300. Hildebrando estaba contento. Las ganancias serían buenas. Pero le roban. No supo qué hacer. Se desesperó y lloró. Pero debía seguir.
Tenía dos pequeños en casa que le daban fuerzas para seguir adelante. Por ellos y por sus innatas ganas de aprender, fue que devoró revistas sobre computadoras portátiles antes de iniciar su negocio.
A Hildebrando siempre le llamó la atención la tecnología. “Me hubiese gustado estudiar una carrera de ingeniería”. Pero en su casa los soles se contaban. Hoy cuenta con una Maestría en gestión y dirección de pequeñas y medianas empresas.
A los 8 años de edad empezó vendiendo chupetes cuando junto a su hermano llegó a Lima desde su natal Apurímac. “No había negocio al que no me metiera. Fui mecánico, reparé calculadoras, vendí medicinas naturistas. Hice de todo, pero supe que debía hacer un alto porque quería que mis hijos tuvieran una buena educación. Tenía que concentrar mis energías en un rubro, en el que ahora estoy”.
“En la venta de productos tecnológicos, el cliente siempre busca novedades y buen precios. La confianza es algo que te toca construir con el tiempo”.
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GESTIÓN – 27/04/10