Un eterno amor por la tierra de Cañete y su buen pisco

Pisco Cascajal es el ‘cuarto hijo’ de don Absalón Saravia. Nació el 2004 en un fundo de 25 hectáreas de extensión.

Don Absalón Saravia (75) ha estado 30 minutos caminando bajo el fuerte sol del mediodía que en Cañete (Lima) quema con furia, pero no vemos ni una gota de sudor en su rostro.

Tal vez es la costumbre. Todos los días, desde el año 2004, tiene esa rutina. Sus cientos de parras de uva, de árboles de palta y de manzanas esperan su visita. Acaricia sus frutos y le alcanza uno a Fabián Saravia (2), su nieto que no deja de correr por algunos metros de las 25 hectáreas del fundo Cascajal que domina su abuelo.

Un eterno amor por la tierra de Cañete y su buen pisco hizo que no se diera ese merecido descanso que se dan quienes dedicaron sus años mozos al trabajo.

Don Absalón es un ingeniero de minas que guardó en el cajón de los recuerdos sus diplomas y su experiencia para florecer su amor escondido por el cultivo de las uvas. Conociendo la tierra La uva uvina es la ‘ama y señora’ del fundo Cascajal.

“En 1980 empecé a conocer los secretos del pisco, pero nunca pensé dedicarme a este negocio”.

Si don Absalón visitaba el fundo, que con esfuerzo y cariño gestó su padre don Cleomedes Saravia, fue por pasar algunas horas al lado de este.

Siete años después de estas idas y venidas fallece don Cleomedes. Hoy, don Absalón no sería el dueño del fundo Cascajal, si su progenitor no hubiese ganado esa dura batalla que libró para encauzar el río, que en ocasiones amenaza con desbordarse.

En 1930 se iniciaron los trabajos de encauzamiento del río que hoy circunda los viñedos de don Absalón. Fue así que se propalaron las primeras plantaciones de uva en una zona plagada de cascajos (fragmentos de piedras y arcilla).

La historia de Pisco Cascajal “toma cuerpo” cuando don Absalón a los 65 años de edad se dice: “los muertos son los únicos que descansan”.

Ya diez años antes de su jubilación andaba pensando a qué dedicarse. “Mis amigos me decían ya hemos trabajado bastante y me plantearon juntarnos todos los días para conversar con una cervecita al lado. ¡Pero no! Eso no era para mí”.

A don Absalón le gusta estar en actividad, y por eso hoy se enorgullece que aquel pisco que su padre hacía en casa solo para los seres queridos, se haya hecho acreedora de dos medallas de oro y una de plata.

CRECIENTE PRODUCCIÓN

La fabricación del pisco Cascajal es de manera semiartesanal. “Allí está su valor agregado”. Pero don Absalón y sus tres hijos Yuri, Gustavo y Pabel, comprometidos con el negocio, saben que requieren de máquinas modernas para incrementar la producción.

Este año se han trazado producir 8,000 litros de pisco, que equivalen a 16,000 botellas. “No nos podemos quejar, pues en el 2009 sacamos a la venta unas 8,000 mil botellas de 500 mil que se venden a S/. 49 cada una”.

Con S/.20 mil, don Absalón hizo esta empresa que nació en el valle del río Cañete, donde el sol y la fertilidad de la tierra, celebran el esfuerzo de quien la trabaja. Pero don Absalón no está quieto. En los próximos meses piensa ingresar al rubro turístico. “Queremos construir en el fundo un hospedaje para los turistas. La idea es hacerlos conocer esta hermosa tierra de Cañete”.

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GESTIÓN – 08/03/10

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