Bomba farmacéutica de Donald Trump deja en shock a líderes del sector

El ánimo era de conmoción e incredulidad mientras miles de inversionistas del sector del cuidado de la salud, banqueros y ejecutivos se reunían en el atestado Westin St. Francis Hotel.

(Bloomberg) En el vestíbulo de un lujoso hotel de San Francisco, los inversionistas se amontonaban alrededor de la pantalla de un computador mirando cómo se desplomaban docenas de acciones de empresas farmacéuticas mientras el presidente electo Donald Trump atacaba duramente a las compañías del sector, declarando que “se están saliendo con la suya”. Respecto del Obamacare, dijo, “lo revocaré y reemplazaré”.

El ánimo era de conmoción e incredulidad mientras miles de inversionistas del sector del cuidado de la salud, banqueros y ejecutivos se reunían en el atestado Westin St. Francis Hotel.

Muchos habían pagado miles de dólares para asistir a la mayor reunión anual de inversión de la industria, la Conferencia sobre el Cuidado de la Salud de J.P. Morgan. Y habían pasado los últimos días especulando sobre qué políticas impulsaría Trump en materia de cuidado de la salud. Entonces se lanzó la bomba.

“Es horrible”, dijo David MacCallum de Outer Islands Capital, un pequeño fondo de cobertura de Nueva York, por teléfono a su esposa mientras veía cómo caían las acciones.

El miércoles, Trump prometió obligar a las compañías farmacéuticas y de biotecnología a licitar los negocios con el gobierno y reiteró su exigencia de eliminar el Obamacare. “Somos el mayor comprador de fármacos del mundo y, sin embargo, no licitamos adecuadamente”. Prometió que el gobierno lograría “ahorrar miles de millones de dólares”.

Veta populista
El ataque de Trump a la industria es solo el último giro en una filosofía populista en la que ha ido tras empresas que proveen servicios y bienes de alto valor al gobierno, como los fabricantes del sector de defensa, o grandes empleadores, como las compañía automotrices.

Las acciones del sector farmacéutico subieron tras la elección de Trump, porque los inversores apostaron a que sería más amigable con la industria que su rival, la candidata demócrata Hillary Clinton.

“Bueno, esa fiesta se terminó rápido”, dijo John Schroer, titular del sector de cuidado de la salud de Allianz Global Investors, mientras el Nasdaq Biotechnology Index caía 3%, el Standard & Poor’s 500 Pharmaceuticals, Biotechnology & Life Sciences perdía 1.7%.

Trump entregó pocos detalles concretos sobre sus planes para el sector de cuidado de la salud de Estados Unidos y, como es habitual en él, bien podría cambiar de opinión.

De todos modos, ha comenzado a delinear amplias prioridades para una industria que está más estrechamente vinculada al gobierno que cualquier otro sector, excluyendo el de defensa. El gobierno es consumidor de sus fármacos y servicios, regulador de sus productos y organizador de sus mercados.

Subsidiar al mundo
Al mismo tiempo, Trump ha identificado una preocupación legítima para los consumidores. Los contribuyentes y pacientes estadounidenses esencialmente subsidian a la industria farmacéutica. Pagan mayores precios por los medicamentos que en cualquier otra parte del mundo.

No obstante, hay un enorme pago por el sistema y no solo para los resultados de las empresas. Esos subsidios también han hecho de Estados Unidos una cuna para la innovación biofarmacéutica.

“Como país, creo que aún no llegamos al punto en que no queremos que parte de estas innovaciones no estén disponibles para la gente”, dijo Craig Garthwaite, profesor asociado y codirector del programa de gestión de empresas de la salud de la Northwestern’s Kellogg School of Management.

Si bien Trump tiene el poder para mover a los mercados con un solo comentario, su poder para mover al Congreso es más incierto.

Hacer que el gobierno intervenga y negocie precios con el sector privado ha sido por mucho tiempo un anatema para los republicanos proempresa -incluido el elegido de Trump para secretario de Salud, el representante Tom Price- y es casi seguro que la industria farmacéutica armará una enorme campaña de defensa y lobby en contra de una política así.

En cuanto al Obamacare, un grupo de senadores republicanos moderados ha señalado que no les interesa revocar la ley hasta que se haya escrito una política de reemplazo, lo que podría tardar meses o años.

En tanto, la incertidumbre que Trump arrojó sobre el sector ha llevado a que se detengan ciertos planes estratégicos.

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