2009/07/01
El inevitable cambio en el transporte
La pésima imagen que tiene el transporte público terrestre no hace más que empeorar cada vez que sus representantes convocan paros en protesta por lo que ellos ven que "no está bien". En el caso de ayer, que generó las molestias usuales, en especial en las poblaciones que viven lejos de sus centros de trabajo o estudios, lo que no está bien para los transportistas es que la nueva reglamentación dictada por el Gobierno "sea muy estricta".
El transporte público funciona mayormente a través de canales informales, la falta de respeto por los pasajeros es su principal característica y el incumplimiento de las normas legales, reglamentaciones y obligaciones es parte de su modo de trabajar. Se percibe que este último paro tenía menos de protesta y más de reticencia de los transportistas por asumir que las cosas están cambiando. Es probable que tampoco les haya parecido bien la creación de la Superintendencia del Transporte Terrestre de Personas y Mercancías (Sutran), pues al fin habrá una institución que los regule.
Esperemos que la iniciativa de crear Sutran sea replicada en su etapa de implementación y que no suceda lo que con otros organismos fantasmas, como PerúCompras, sino que se la dote de personal técnico y recursos materiales que le permitan cumplir su papel eficientemente. Otros asuntos, como la imposición de multas por infracciones de tránsito, también merecen ser vistos de cerca.
Asimismo es necesario que se evalúe si la Policía Nacional cuenta con los recursos suficientes y tomar las acciones correctivas, de ser necesario, pues encargar parte de esa labor al Serenazgo no sería prudente (un policía se gradúa luego de varios años, un sereno no).
En el tema del transporte, el Gobierno puede tener al mejor aliado posible: la opinión pública. Debería aprovechar esta oportunidad y continuar modernizando la normativa del sector, corrigiendo, en la mesa instalada para dialogar con los transportistas, los puntos que generen dudas, pero sin retroceder en los aspectos positivos, porque hacerlo daría una imagen de debilidad, que como ya hemos visto, es aprovechada por aquellos quienes les interesan la agitación y el desorden.
El transporte público funciona mayormente a través de canales informales, la falta de respeto por los pasajeros es su principal característica y el incumplimiento de las normas legales, reglamentaciones y obligaciones es parte de su modo de trabajar. Se percibe que este último paro tenía menos de protesta y más de reticencia de los transportistas por asumir que las cosas están cambiando. Es probable que tampoco les haya parecido bien la creación de la Superintendencia del Transporte Terrestre de Personas y Mercancías (Sutran), pues al fin habrá una institución que los regule.
Esperemos que la iniciativa de crear Sutran sea replicada en su etapa de implementación y que no suceda lo que con otros organismos fantasmas, como PerúCompras, sino que se la dote de personal técnico y recursos materiales que le permitan cumplir su papel eficientemente. Otros asuntos, como la imposición de multas por infracciones de tránsito, también merecen ser vistos de cerca.
Asimismo es necesario que se evalúe si la Policía Nacional cuenta con los recursos suficientes y tomar las acciones correctivas, de ser necesario, pues encargar parte de esa labor al Serenazgo no sería prudente (un policía se gradúa luego de varios años, un sereno no).
En el tema del transporte, el Gobierno puede tener al mejor aliado posible: la opinión pública. Debería aprovechar esta oportunidad y continuar modernizando la normativa del sector, corrigiendo, en la mesa instalada para dialogar con los transportistas, los puntos que generen dudas, pero sin retroceder en los aspectos positivos, porque hacerlo daría una imagen de debilidad, que como ya hemos visto, es aprovechada por aquellos quienes les interesan la agitación y el desorden.