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La encrucijada económica: Llegaron los superhéroes

José R. Stok (*)

La prensa económica recoge diariamente comentarios muy variados sobre la situación y las perspectivas económicas para el país. Así, junto con cifras de dos dígitos de crecimiento en el primer semestre, llegan alertas de riesgos y temores. Tal parece que nuestro destino sea no alcanzar el bienestar económico. Sin embargo, es evidente que estamos en un proceso de franco crecimiento, y en mi opinión, estable y sólido. Observamos cómo las empresas se entusiasman, invierten y hacen planes para mayores ventas; los consumidores, con más dinero en el bolsillo, salen de compras… Y así, se genera riqueza que mal o bien se distribuye, que mal o bien gotea por muchos sitios. El reciente anuncio de un centro comercial en Villa María del Triunfo es una muestra más de mejora socioeconómica.

Sin embargo, hay que manejar con cuidado las cifras: la misma estadística se puede utilizar para mostrar realidades diversas: crecer mucho puede ser poco, si antes ya se creció mucho; crecer poco puede ser mucho si se venía de muy abajo… ¡Las cifras viudas no sirven para tomar decisiones!

Frente a esta euforia del mercado, surgen, al mismo tiempo, voces agoreras que parecen ver fantasmas más allá: ¡quieren enfriar la economía! Nos llama la atención, por ejemplo, el set de miedos del presidente del Banco Central. Teme que haya un rebote del dólar hacia arriba… Claro, con los empujones que le dan para arriba, no es extraño que se vengue. Teme también que el trigo que importamos vaya a subir de precio y se genere inflación: curioso, ese trigo que se podría comprar con dólares baratos si no se empeñaran en mantenerlo artificialmente alto, con compras millonarias! Teme también que los empresarios busquen dinero en el exterior… Lógico, ya que aquí está más caro por los incrementos realizados en las tasas. Queda claro que no se puede interferir impunemente en la economía. Y mucho menos con medidas de tipo exclusivamente monetarias. Interferir en los intereses o en el tipo de cambio de manera artificial generará siempre reacciones. Cuando se cierran algunas puertas, los agentes buscarán un ventanuco por el que entrar. No es fácil ganarle al ingenio individual. Lamentablemente, hay demasiadas idas y venidas: se baja la tasa de referencia, se vuelve a subir, luego se volverá a bajar, y siempre se va atrás de la ola, lo que no ayuda; se mencionan imprudentemente cotizaciones posibles para fin de año, lo que puede inducir a acciones de inversión o desinversión: ¿a quién reclamar después? No nos olvidemos que hemos apostado por una economía de mercado... y el añadido social de mercado no da derecho a hacer tantos parches, que terminan con efectos perversos.

Tengo la oportunidad de conversar con empresarios y directivos de empresas grandes, medianas y pequeñas, y ninguno está dispuesto a dejar sus proyectos porque le hablen de temores de inflación. No tengamos miedo al crecimiento. No se puede negar esta realidad a tantos ciudadanos que ven ahora la posibilidad de mejorar en su calidad de vida. Con qué gusto he vuelto a leer la "Receta para acabar con el perro del hortelano", escrita por el presidente García en noviembre del 2007: qué pena que no se hayan puesto en práctica más que algunas ideas.

Realmente, no podemos poner freno a esta magnífica oportunidad. Las generaciones futuras podrán decir que hemos sido timoratos: tuvimos mucho dinero y el miedo nos paralizó, tuvimos posibilidad de crecimiento y nuestros temores lo frenaron. Ahora es el momento, la oportunidad y contamos con los medios para completar y mejorar la infraestructura que requiere el país. Es esta una inversión que repercute directamente en calidad de vida y bienestar económico, en integrar y acercar pueblos, en cultura y progreso social.

Hay que aprovechar la capacidad de hacer de nuestros empresarios, las oportunidades que nos brinda la Providencia. Es verdad que hay consumidores incautos, desaprensivos, gastadores, y prestamistas que los alientan; pero estamos en una economía de ganancias… y pérdidas! No se puede pretender que no haya pérdidas y perdedores. Ya se levantarán con la lección aprendida. Solo queda hacer más y mejores esfuerzos en educación, y en fomentar con creatividad el ahorro, que es una virtud.

Si no es ahora, ¿cuándo? Si no lo hacemos nosotros, ¿quién? La historia puede tener un juicio duro: tenían necesidades, tuvieron dinero, pero no se animaron… ¿Llegaron de verdad los superhéroes?

(*): Profesor del PAD - Universidad de Piura.